No ha llegado aun el tiempo

Para comprender el artículo es necesario leer Hageo 1:2-9; 2:4-7.

La verdad central en este estudio es que las distracciones  del diario vivir no deben impedir nuestro servicio al señor.

El objetivo del artículo es reconocer la necesidad de que el creyente este dedicado de continuo a Dios para ser  bendecido permanentemente. Evaluar los niveles personales de dedicación a Dios.

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Un lema sobre el escritorio de un líder cristiano advierte lo siguiente: “Cuidado con la improductividad de una vida ocupada". A menudo el afán de suplir las necesidades indispensables de la vida desplaza nuestra obligación espiritual. Jesús le advirtió a Martha que su afán con “Muchas Cosas" le habían hecho descuidar la “cosa ... Necesaria".

Nosotros, al igual que Martha y el remanente Judío en la lección de hoy, a menudo ivertimos las prioridades. Nos ocupamos tanto en las promociones para nuestra familia y nuestras necesidades físicas, académicas y materiales que descuidamos la obra del Señor. Al igual que el pueblo en los días de Hageo, no tratamos de abandonar por completo la obra de Dios, solamente la posponemos para un tiempo más conveniente, cuando estemos libres de presiones. Pero Dios dice: “Meditad bien sobre vuestros caminos" (1:5).

Tal como había sido profetizado, los babilonios llevaron cautivos a los Judíos, pero los babilonios fueron quebrantados por Ciro el persa. Durante el reinado de Ciro, este permitió al pueblo regresar a Jerusalem y reconstruir el templo (Esdras 1:1-4).

Al llegar a Jerusalén, lo primero que hicieron fue construir el altar para los holocaustos y establecer el orden de adoración. Sin embargo, el nuevo rey Artagerges prohibió trabajar en el templo por más de 15 años. No obstante despues de ello y ya teniendo un nuevo rey, los Judíos no habían hecho nada por continuar la obra de Dios.

La pereza del pueblo no se debía a sus enemigos sino a su propia indiferencia y letargo. El pueblo había dicho que simplemente no era tiempo todavía de reconstruir el templo, pero Dios desafió esa excusa. Habían hallado tiempo suficiente para construirse casas hermosas ¿y la de Dios? No obstante, cuanto más lograban más querían. Bebían pero no se llenaban. Nunca tenían las ropas debidas.

Ante todo lo expuesto surgen las siguientes preguntas: ¿porque era necesario el Ministerio de un profeta en ese tiempo? ¿Que razón quiso Dios que la gente viera en las dificultades que estaban experimentando? ¿Porque repitio Dios su advertencia de “Meditad en vuestros caminos”? ¿Como  animó Dios a los Judíos de más edad que estaban desanimados cuando compararon el nuevo templo con el primero?

Lo estudiado anteriormente lo aplicamos de la siguiente manera: una de las razones por las que mucha gente está pasando por problemas  familiares, fracasos de trabajo y apuros económicos es porque han puesto sus prioridades al revés; se han puesto ellos primeros en lugar de Dios. Pongamos fin a nuestras débiles excusas y sigamos haciendo la obra de Dios.

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