¿Cómo debe medirse la religión?

Aunque la mayoría de las religiones tienen un cuerpo de creencias o doctrinas, puede suceder que estas formen una teología demasiado complicada que esté más allá de lo que puede entender el lego de término medio. Sin embargo, el principio de causa y efecto aplica en cada caso. Las enseñanzas de una religión deben influir en la personalidad y la conducta diaria de cada creyente. Por eso, normalmente la conducta de cada persona es un reflejo, a grado mayor o menor, de sus antecedentes religiosos. ¿Qué efecto tiene su religión en usted? ¿Produce su religión una persona más bondadosa?, ¿una persona más generosa, honrada, humilde, tolerante y compasiva? Estas son preguntas razonables, porque como declaró un gran maestro religioso, Jesucristo: “Todo árbol bueno produce fruto excelente, pero todo árbol podrido produce fruto inservible; un árbol bueno no puede dar fruto inservible, ni puede un árbol podrido producir fruto excelente. Todo árbol que no produce fruto excelente llega a ser cortado y echado al fuego. Realmente, pues, por sus frutos reconocerán a aquellos hombres”. (Mateo 7:17-20.)
-20 Ciertamente la historia mundial debe hacer que nos preguntemos qué papel ha desempeñado la religión en las muchas guerras que han devastado a la humanidad y causado indecible sufrimiento. ¿Por qué han matado o han recibido la muerte tantas personas en el nombre de la religión? Las Cruzadas, la Inquisición, los conflictos en el Oriente Medio y en Irlanda del Norte, el degüello en los conflictos bélicos entre Irak e Irán (1980-1988), los choques bélicos entre hindúes y sikhs en la India... todos estos sucesos ciertamente hacen que la gente pensadora plantee preguntas sobre las creencias y la ética religiosas. (Véase el recuadro de abajo.)
-21 El dominio de la cristiandad se ha destacado por su hipocresía en este campo. En dos guerras mundiales, católicos han matado a católicos y protestantes a protestantes al mandato de sus líderes políticos “cristianos”. Sin embargo, la Biblia hace un contraste claro entre las obras de la carne y el fruto del espíritu. Sobre las obras de la carne, declara: “Son: fornicación, inmundicia, conducta relajada, idolatría, práctica de espiritismo, enemistades, contiendas, celos, arrebatos de cólera, altercaciones, divisiones, sectas, envidias, borracheras, diversiones estrepitosas, y cosas semejantes a estas. En cuanto a estas cosas, les aviso de antemano, de la misma manera como ya les avisé, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”. No obstante, supuestos cristianos han practicado estas cosas por siglos, y muchas veces sus clérigos han aprobado tácitamente tal conducta. (Gálatas 5:19-21.)
-22 Por contraste, el fruto positivo del espíritu se describe así: “amor, gozo, paz, gran paciencia, benignidad, bondad, fe, apacibilidad, autodominio. Contra tales cosas no hay ley”. Toda religión debería producir esta clase de fruto pacífico. Pero ¿es así? ¿Lo hace su religión? (Gálatas 5:22, 23.)
-23 Por lo tanto, el examen que hace este libro de los esfuerzos del hombre por hallar a Dios mediante las religiones del mundo debería servir para contestar algunas de nuestras preguntas. Pero ¿qué criterio debería seguirse para juzgar a una religión? ¿Por la norma de quién se haría eso?

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