¿Mitos y leyendas cristianos?

Según críticos modernos, el cristianismo también tiene mitos y leyendas. ¿Es verdad eso? Muchos eruditos rechazan como mitos el que Jesús naciera de una virgen, sus milagros y su resurrección. Algunos hasta dicen que nunca existió, y que el mito sobre él nos viene de mitología más antigua y de la adoración del Sol. Como escribió el perito en mitología Joseph Campbell: “Varios eruditos han sugerido, por lo tanto, que nunca hubo ni un Juan [el Bautizante] ni un Jesús, sino solo un dios del agua y un dios del Sol”. Pero tenemos que recordar que muchos de estos mismos eruditos son ateos y, por lo tanto, rechazan por completo toda creencia en Dios.
 Sin embargo, este punto de vista escéptico va contra la evidencia histórica. Por ejemplo, el historiador judío Josefo (c.37-c.100 E.C.) escribió: “Algunos judíos creyeron que el ejército de Herodes había perecido por la ira de Dios, sufriendo el condigno castigo por haber muerto a Juan, llamado el Bautista. Herodes lo hizo matar, a pesar de ser un hombre justo”. (Marcos 1:14; 6:14-29.)

 Este mismo historiador también dio testimonio de la existencia histórica de Jesucristo, cuando escribió que “existió un hombre sabio, llamado Jesús, si es lícito llamarlo hombre, porque realizó grandes milagros”. Dijo también que “Pilatos lo condenó [...] Desde entonces hasta la actualidad existe la agrupación de los cristianos”. (Marcos 15:1-5, 22-26; Hechos 11:26.)

 Por lo tanto, el apóstol cristiano Pedro pudo escribir con toda convicción como testigo ocular de la transfiguración de Jesús: “No, no fue siguiendo cuentos falsos artificiosamente tramados [griego: mý‧thos] como les hicimos conocer el poder y la presencia de nuestro Señor Jesucristo, sino por haber llegado a ser testigos oculares de su magnificencia. Porque él recibió de Dios el Padre honra y gloria, cuando palabras como estas le fueron dirigidas por la magnífica gloria: ‘Este es mi hijo, mi amado, a quien yo mismo he aprobado’. Sí, estas palabras las oímos dirigidas desde el cielo mientras estábamos con él en la santa montaña”. (2 Pedro 1:16-18.)

 En este conflicto entre la opinión “perita” del hombre y la Palabra de Dios, tenemos que aplicar el principio que ya hemos declarado: “¿Cuál, pues, es el caso? Si algunos no expresaron fe, ¿acaso su falta de fe hará sin efecto la fidelidad de Dios? ¡Jamás suceda eso! Más bien, sea Dios hallado veraz, aunque todo hombre sea hallado mentiroso, así como está escrito: ‘Para que seas probado justo en tus palabras y ganes cuando se te esté juzgando’”. (Romanos 3:3, 4.)

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