La leyenda diluviana en otras culturas


 De fecha más temprana aún que el relato de la Epopeya de Gilgamés es el mito sumerio que presenta a “Ziusudra, el paralelo del Noé de la Biblia, descrito como un rey pío y temeroso de su dios, constantemente en busca de revelaciones divinas en sueños o conjuros” (Ancient Near Eastern Texts Relating to the Old Testament [Textos antiguos del Cercano Oriente relacionados con el Antiguo Testamento]). Según la misma fuente, este mito “presenta, con relación a lo bíblico, el paralelo más estrecho y notable que hasta ahora se ha descubierto en la literatura sumeria”. Las civilizaciones babilónica y asiria, posteriores a la sumeria, evidenciaron la influencia de esta.
 El libro China—A History in Art (Historia de China expresada en su arte) nos dice que uno de los gobernantes antiguos de China fue Yu, “el conquistador del Gran Diluvio. Yu canalizó las aguas diluvianas a los ríos y los mares para que su gente repoblara el suelo”. Joseph Campbell, perito en mitología, escribió lo siguiente sobre el “Período [chino] de los Diez Grandes”: “A esta importante época, que termina en un Diluvio, diez emperadores fueron asignados en la mitología primitiva del tiempo de Chou. Por eso, parece que lo que vemos aquí quizás sea una transformación local de la serie que se halla en la vieja lista sumeria de los reyes”. Campbell entonces cita otros puntos de leyendas chinas que parecen “reforzar el argumento de que hubo una fuente mesopotámica”. Con eso volvemos a la misma fuente básica de muchos mitos. Sin embargo, la historia del Diluvio también aparece en las Américas; por ejemplo, en México durante el período de los aztecas en los siglos XV y XVI E.C.
17 La mitología azteca mencionaba cuatro edades anteriores, durante la primera de las cuales la Tierra fue habitada por gigantes. (Eso también nos recuerda a los nefilim, los gigantes que la Biblia menciona en Génesis 6:4.) Incluía una leyenda primitiva de un diluvio en que “las aguas de arriba se mezclan con las de abajo y borran los horizontes y hacen de todo un océano cósmico sin tiempo”. El dios que controlaba la lluvia y el agua era Tláloc. Sin embargo, había que pagar caro por su lluvia, pues se daba “a cambio de la sangre de víctimas sacrificadas cuyas lágrimas derramadas simularían la lluvia y por lo tanto estimularían su fluir” (Mythology—An Illustrated Encyclopedia). Otra leyenda dice que la cuarta época fue gobernada por Chalchiuhtlicue, la diosa del agua, cuyo universo pereció mediante un diluvio. ¡Los hombres se salvaron al convertirse en peces!
Los incas también tenían sus leyendas del Diluvio. El escritor inglés Harold Osborne dice: “Quizás los rasgos más generales en la mitología de la América del Sur son los relatos de un diluvio [...] Los mitos de un diluvio están bien esparcidos tanto entre los pueblos de las tierras altas como entre las tribus de las tierras bajas tropicales. Por lo general se conecta el diluvio con la creación y con una epifanía [manifestación] del creador-dios. [...] A veces se le considera un castigo divino que acaba con la humanidad existente en preparación para el surgimiento de una nueva raza”.
 Los mayas de México y la América Central también tenían su leyenda diluviana que implicaba un diluvio universal, o haiyococab, que significa “agua sobre la tierra”. El obispo católico Las Casas escribió que los indios guatemaltecos “llámanle Butic, que es nombre que significa diluvio de muchas aguas y quiere decir juicio, y así creen que está por venir otro Butic, que es otro Diluvio y juicio, no de agua, sino de fuego”. Por todo el mundo hay muchas otras leyendas diluvianas, pero las que ya hemos señalado sirven para confirmar el núcleo de la leyenda: el acontecimiento histórico que relata el libro de Génesis.

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