La adoración del Sol y sacrificios humanos

 En la mitología de Egipto hay un grupo extenso de dioses y diosas. Como sucedió en muchas otras sociedades antiguas, mientras los egipcios buscaban a Dios tendieron a adorar lo que les sostenía diariamente la vida: el Sol. Así, veneraron con el nombre de Ra (Amón-Ra) al señor soberano del cielo, quien cada día viajaba en bote de este a oeste. Al caer la noche hacía un viaje peligroso por el averno o mundo inferior.


 En la adoración del Sol de las religiones azteca, inca y maya los sacrificios humanos eran un rasgo común. Los aztecas celebraban un ciclo constante de fiestas religiosas con sacrificios humanos a sus diversos dioses, especialmente al adorar al dios-Sol Tezcatlipoca. Además, en la fiesta al dios del fuego, Xiuhtecuhtli (Huehueteotl), “a los prisioneros de guerra se les hacía danzar con sus captores y [...] se les hacía girar alrededor de un fuego intenso y entonces se les arrojaba en las brasas y se les alzaba mientras todavía estaban vivos para sacarles el corazón todavía palpitante y ofrecerlo a los dioses” (The Ancient Sun Kingdoms of the Americas).

Más al sur, la religión inca tenía sus propios sacrificios y mitos. En la antigua adoración inca se ofrecían niños y animales a Inti, el dios-Sol, y a Viracocha, el creador.

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