Cimientos de la cristiandad



El punto de viraje para esta nueva religión en el Imperio Romano fue el año 313 E.C., la fecha de la supuesta conversión del emperador Constantino al “cristianismo”. ¿Cómo tuvo lugar esta conversión? En 306 E.C., Constantino sucedió a su padre y, con el tiempo, llegó a gobernar el Imperio Romano junto con Licinio. En Constantino influyó la devoción de su madre al cristianismo y su propia creencia de que había recibido protección divina. Antes de entrar en una batalla cerca de Roma en el puente Milvio en 312 E.C., alegó que se le dijo en un sueño que pintara el monograma “cristiano” —las letras griegas kji y rho, las primeras dos letras del nombre de Cristo en griego— en los escudos de sus soldados. Con este ‘talismán sagrado’, las fuerzas de Constantino derrotaron a su enemigo Majencio.


 Poco después de ganar la batalla, Constantino afirmó que se había hecho creyente, aunque no se bautizó sino hasta poco antes de su muerte unos 24 años después. Obtuvo el apoyo de los que afirmaban ser cristianos en su imperio por “adoptar [las letras griegas] Chi-Rho [Arte: caracteres griegos] como su emblema [...] Sin embargo, el Chi-Rho ya se había usado como ligadura [unión de letras] tanto en contextos paganos como cristianos” (The Crucible of Christianity, preparado por Arnold Toynbee).

 El resultado de esto fue que se colocaron los cimientos de la cristiandad. Como escribió el locutor británico Malcolm Muggeridge en su libro The End of Christendom (El fin de la cristiandad): “La cristiandad empezó con el emperador Constantino”. Sin embargo, este hombre también hizo este comentario perspicaz: “Hasta se pudiera decir que Cristo mismo abolió la cristiandad antes de que esta empezara cuando declaró que su reino no era de este mundo... una de sus declaraciones más trascendentales e importantes”. Y una que ha sido extensamente pasada por alto por los gobernantes religiosos y políticos de la cristiandad. (Juan 18:36.)

Con el apoyo de Constantino la religión de la cristiandad llegó a ser oficialmente la religión estatal de Roma. Elaine Pagels, profesora de religión, explica: “Los obispos cristianos, a quienes antes se arrestaba, atormentaba y ejecutaba, ahora eran eximidos del pago de impuestos, recibían regalos del tesorero imperial, y adquirían prestigio y hasta influencia en la corte; sus iglesias obtuvieron nueva riqueza, poder y prominencia”. Se habían hecho amigos del emperador, amigos del mundo romano. (Santiago 4:4.)

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