PASAJE BÍBLICO: Lucas 16:1-13 EXÉGESIS: VERSÍCULOS 1-13: LA PARÁBOLA DEL MAYORDOMO DESHONESTO


Todas las parábolas de Jesús son desafiantes, pero ésta es seguramente la más difícil. No obstante, si la estudiamos con cuidado, seremos recompensados con importante sabiduría espiritual.
Alrededor de esta parábola aparecen otras dos parábolas de dinero, la Parábola del Hijo Pródigo y el Hermano Mayor y la Parábola del Hombre Rico y Lázaro. En cada una de ellas, el dinero es un problema:
─ El hijo pródigo se mete en problemas después de malgastar todo su dinero (15:11-24), y el hermano mayor se porta mal con su padre porque “nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos: Mas cuando vino éste tu hijo, que ha consumido tu hacienda con rameras, has matado para él el becerro grueso (15:25-32).
─ El mayordomo se mete en problemas por haber malgastado la propiedad del hombre rico (16:1-13).
─ El hombre rico sufrirá tormento eterno, por haber disfrutado sus riquezas egoístamente sin ayudar a Lázaro, quien sufría a su puerta (16:19-31).
Existen otros paralelos entre estas tres parábolas:
─ En la lección del Evangelio de esta semana aparecen variaciones del mismo verbo, diaskorpizein, para referirse al malgastar del hijo pródigo y del mayordomo.
─ El padre del hijo pródigo abraza a su hijo y le da una fiesta, mientras que el amo encomienda a su mayordomo deshonesto por haber actuado cuidadosamente.
─ Jesús comienza esta parábola y la Parábola del Hombre Rico y Lázaro con las palabras, “Había un hombre rico.”
─ Esta parábola enseña que dinero puede servir para conseguir ganancias, mientras que las otras dos muestran que dinero puede llevar a la ruina. Las últimas dos parábolas implican (pero no declaran explícitamente) que compasión por los empobrecidos en esta vida nos acercará a recompensas eternas.
Esta es una parábola (una narrativa corta y ficticia, diseñada para iluminar una verdad espiritual, generalmente con algún tipo de vuelta inesperada) en lugar de una alegoría (en la que existen significados escondidos o simbólicos que acompañan a cada persona o evento) o una historia de ejemplo (en la que se nos dice que “Vayamos y hagamos igual”). Debemos tener mucho cuidado de no tratarla como una historia de ejemplo – sugiriendo que cristianos hoy deben seguir el ejemplo del mayordomo deshonesto.
VERSÍCULOS 1-2: HABÍA UN HOMBRE RICO, EL CUAL TENÍA UN MAYORDOMO
1Y dijo también á sus discípulos: Había un hombre rico, el cual tenía un mayordomo, y éste fue acusado delante de él como disipador (griego: diaskorpizon) de sus bienes. 2Y le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo.
“Y dijo también á sus discípulos” (v. 1a). Jesús se ha estado dirigiendo a los escribas y fariseos (15:1-3), pero ahora se dirige a los discípulos. En versículo 14 aprendemos que los fariseos, “quienes amaban el dinero,” también escuchan.
“Había un hombre rico, el cual tenía un mayordomo, y éste fue acusado delante de él como disipador de sus bienes” (v. 1). Pensamos de este mayordomo como injusto o deshonesto. Este versículo, sin embargo, solo lo describe como malgastador. Su falta de honestidad ocurre en versículos 4-7, y es llamado deshonesto en versículo 8.
“Da cuenta de tu mayordomía” (v. 2b). El amo acusa al mayordomo, no de ser deshonesto, sino de malgastar su dinero. No se nos dice si estas acusaciones son verídicas. El hecho de que el mayordomo no hable en su propia defensa (v. 3) es acusatorio, pero puede que se haya sentido sorprendido e incapaz de articular su defensa en ese momento. Más adelante, en versículo 8, Jesús le llamará deshonesto.
“porque ya no podrás más ser mayordomo” (v. 2c). Cuando el hombre rico exige que el mayordomo de cuenta, parece dispuesto a escuchar su razonamiento – a permitirle pensar en una defensa. Pero sumariamente despide al mayordomo.
VERSÍCULOS 3-7: YO SÉ LO QUE HARÉ
3Entonces el mayordomo dijo dentro de sí: ¿Qué haré? que mi señor (griego: ho kurios mou – mi Señor y mi amo) me quita la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, tengo vergüenza. 4Yo sé lo que haré para que cuando fuere quitado de la mayordomía, me reciban en sus casas.5Y llamando á cada uno de los deudores de su señor, dijo al primero: ¿Cuánto debes á mi señor?6Y él dijo: Cien barriles (griego: batous – baños) de aceite. Y le dijo: Toma tu obligación, y siéntate presto, y escribe cincuenta. 7Después dijo á otro: ¿Y tú, cuánto debes? Y él dijo: Cien coros (griego: korous – coros) de trigo. Y él le dijo: Toma tu obligación, y escribe ochenta.
“¿Qué haré?” (v. 3a). Al principio, el mayordomo fue incompetente. Ahora, al ser confrontado con una crisis personal, de repente se convierte en una persona recurrida que mira hacia delante.
“mi señor (ho kurios mou)” (v. 3b). El griego, ho kurios mou, se puede traducir como “mi amo” o “mi Señor.” Kurios es utilizado a menudo en los Evangelios para referirse al Señor Jesús, pero aquí se refiere al hombre rico.
“Cavar, no puedo; mendigar, tengo vergüenza” (v. 3c). El mayordomo da por hecho que, habiendo sido despedido por su incompetencia, le resultará imposible encontrar un puesto comparable.
“Yo sé lo que haré para que cuando fuere quitado de la mayordomía, me reciban en sus casas” (v. 4). Este versículo es importante porque describe las intenciones del mayordomo y también nos da una indicación del significado de esta parábola. En el poco tiempo que queda antes de que su despedida sea pública, el mayordomo pretende ganarse el favor de los clientes del rico para que le abran sus casas una vez que él se encuentre “en la calle.” En esta cultura, la reciprocidad es obligatoria. Si el mayordomo hace un favor para los clientes del rico, estarán obligados a reciprocar. Aunque no es probable que le contraten, si es probable que le muestren hospitalidad – o que le ayuden a buscar trabajo.
“Y llamando á cada uno de los deudores de su señor” (v. 5). ¿Son estos deudores gente a quien el amo prestó dinero – o arrendarios que alquilan la tierra por un precio fijo – o aparceros que utilizan la tierra del rico y le pagan con un porcentaje de la cosecha? Eruditos no concuerdan en esta cuestión, pero es probable que los deudores sean aparceros. Sin embargo, el tamaño de la cosecha (vv. 6-7) demuestra que no son los típicos aparceros empobrecidos, sino que están involucrados en negocio agrícola.
El mayordomo llama a cada deudor uno por uno para que no puedan comparar apuntes. Cada uno pensará de si mismo como el único beneficiario de la ayuda del mayordomo. En versículos 6-7, Jesús da ejemplos de dos de estos beneficiarios, pero puede ser que este mayordomo vaya a muchos deudores con la misma maquinación.
“Cien barriles (batous) de aceite” (v. 6). “Cien coros (korous) de trigo” (v. 7). Las cantidades de aceite y trigo son bastante grandes:
─ Un batous (baño) es alrededor de nueve galones (34 litros), entonces, el deudor debe 900 galones (3400) litros de aceite. Si es obligado a entregarle al rico la mitad de la cosecha, la cosecha total sería de 1800 galones (6400 litros) – el producto de un huerto muy grande de olivos – muchas veces el tamaño de un huerto familiar.
─ Un coro es aproximadamente 10-15 medidas de productos áridos (350-500 litros), por lo tanto, el deudor debe 1000-1500 medidas (35.000-50.000 litros) de trigo – que seguramente representan una cosecha total, el doble de esa cantidad – como veinte veces la cantidad que rendiría el terreno de una familia normal. “Aquí, el amo trata con grandes negociantes, no con gente corriente de niveles económicos comunes” (Nolland, 799).
“Escribe cincuenta” (v. 6). “Escribe ochenta” (v. 7). Estos son descuentos grandes –cincuenta por ciento en el primer caso y veinte por ciento en el segundo – y son descuentos significantes de una gran cantidad, haciendo enorme la cantidad que se ahorra – varias veces el salario anual de una familia corriente.
Eruditos ofrecen tres posibles interpretaciones para las acciones del mayordomo:
─ El mayordomo está estafando a su amo.
─ Simplemente está deduciendo los pagos de interés prohibidos por Deuteronomio 23:19-20. “Según la práctica aceptada, tal agente… a menudo prestaba la propiedad del amo a cambio de una comisión o un interés que se sumaba a la deuda total por medio de bonos o notas promisorias. Frecuentemente, las notas o bonos mencionaban solo la cantidad debida, es decir, el total más el interés” (Fitzmyer, 1097). Es decir, si la cantidad prestada (el total original) fuera $1000 y el interés $250, la nota diría $1250, como si la cantidad original del préstamo hubiera sido $1250 en lugar de $1000. Esta era una manera de evitar la prohibición usuraria de Deuteronomio.
─ Simplemente está deduciendo su propia comisión.
Eruditos se dividen en este punto. Algunos creen que el mayordomo simplemente está deduciendo su propia comisión, porque “encuentran muy difícil creer que el amo encomiende a un mayordomo que acaba de estafarle” (Bock, 265). Sin embargo, esta teoría de comisión parece improbable por tres motivos:
─ Primero, los descuentos (50 y 20 por ciento) son tan grandes. Es dudoso que el rico le de a este mayordomo una comisión del 20 a 50 por ciento.
─ Segundo, el amo le ha descontado a un deudor una cantidad de 450 galones de aceite y a otro 200-300 medidas de trigo. Si el amo reclamara estas comisiones, le proporcionarían una vida cómoda por varios años. No obstante, es posible que el rico, habiendo despedido al mayordomo, no le permita reclamar estas comisiones.
─ Tercero, está la pregunta de si el rico verdaderamente cobrara un interés de 20-50 por ciento sobre el dinero prestado – particularmente en vista de la prohibición de usuraria de Deuteronomio (Deuteronomio 23:19-20).
Entonces, es probable que el mayordomo esté estafando al hombre rico, reduciendo las cantidades que los deudores están obligados a pagarle. Pronto correrá la palabra de la generosidad del hombre rico, y su reputación se embellecerá. Consecuentemente, se encontrará con dos opciones:
─ Disfrutar su nueva reputación embellecida y aceptar sus pérdidas o
─ Retraer los descuentos a costo de su reputación y arriesgarse a dañar de manera permanente las relaciones que tiene con sus deudores.
Seguramente el mayordomo ha dejado a los deudores con la impresión de que él es la persona responsable de los descuentos. Al hacer esto, los deudores del rico también quedan endeudados con él. Bajo ética de reciprocidad, los deudores están obligados a reciprocar.
Si el mayordomo transfiriera estas cuentas a su propio nombre, sería encarcelado por robo. Sin embargo, al hacer a los deudores los beneficiarios, se ha protegido a si mismo de cualquier acusación de robo al mismo tiempo que hace nuevos amigos, obligándoles a ayudarle en el futuro.
VERSÍCULO 8: Y ALABÓ EL SEÑOR AL MAYORDOMO MALO
8Y alabó el señor (griego: ho kurios – el Señor o amo) al mayordomo malo por haber hecho discretamente; porque los hijos de este siglo son en su generación más sagaces que los hijos de luz.
“Y alabó el señor” (griego: ho kurios – el Señor o amo) (v. 8a). Eruditos discuten si la parábola concluye con versículo 7. Si es así, el que habla es el Señor Jesús en lugar del amo rico. No obstante, después de versículo 7 la parábola está incompleta. Por eso, gran parte de eruditos concuerda que el amo rico es el que encomienda al mayordomo.
“Y alabó el señor al mayordomo malo por haber hecho discretamente” (v. 8b). El rico encomienda al mayordomo, no por su falta de honestidad, sino por su discreción. Al darse cuenta de la urgencia de la situación, el hombre se ha construido puentes al futuro. Al ser motivado de manera apropiada, ha mostrado ser inteligente y decisivo – y, después de todo, competente. Además, en el proceso, ha tenido éxito confrontando al rico, que no puede rescindir los descuentos sin arriesgar su honor y crear mala voluntad entre sus deudores. Hay una ironía aquí. “Desde el principio, el bribón construye su futuro haciendo lo que fue acusado de hacer” (Tannehill, 247).
Algunos rechazan a la idea de que Jesús utilizara a un mayordomo deshonesto como ejemplo positivo. Pero, “en varios otros lugares Jesús construyó lecciones basadas en las acciones de personajes menos nobles. En la parábola de las vírgenes sabias y necias (Mateo 25:1-13), la verdad es que las vírgenes sabias son bastante egoístas (25:9). También compare el comportamiento del hombre que encontró tesoro en su tierra (Mateo 13:44) y como Dios se puede equiparar a un juez injusto (Lucas 18:1-8)” (Stein, 412).
“los hijos de este siglo” ─ “hijos de luz” (v. 8c). Los hijos de este siglo se fijan en el reino de este mundo. Los hijos de la luz se fijan en el reino de Dios. Jesús dice que “‘hijos de este siglo’… comprenden como funciona el mundo y lo utilizan para su beneficio; ¿por qué los ‘hijos de luz’ no comprenden como funciona el reino de Dios?” (Green, 593). Clama a los discípulos para que comprendan bien el funcionamiento del reino, tal como otros comprenden el funcionamiento del mundo. Entonces, en versículo 9, les da a sus discípulos un valioso precepto espiritual que seguir – una manera por la que pueden prosperar en el reino de Dios.
VERSÍCULOS 9-13: VERDADERA RIQUEZA
9Y yo os digo: Haceos amigos de las riquezas de maldad (griego: mamona tes adikias – demonio de injusticia), para que cuando faltareis, os reciban en las moradas eternas. 10El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel: y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.11Pues si en las malas riquezas no fuisteis fieles. ¿Quién os confiará lo verdadero?12Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?13Ningún siervo puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno y amará al otro, ó se allegará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir á Dios y á las riquezas.
“Y yo os digo” (v. 9a). Esto nos avisa que Jesús va a decir algo importante. ¡Escuchad!
“Haceos amigos de las riquezas de maldad” (mamona tes adikias – demonio de injusticia) (v. 9). El griego es tou mamona tes adikias, literalmente, “demonio de injusticia.” Una frase parecida, to adiko mamona se encuentra en versículo 12. Mamón es riqueza, tesoro, o posesiones materiales. En el Nuevo Testamento, a menudo se utiliza para comparar el amor de posesiones con el amor de Dios. Esta frase, tou mamona tes adikias, se parece a nuestras frases, “lucro inmundo” o “dinero sucio.” Cuando en esta parábola oímos la frase “riqueza deshonesta,” debemos de pensar de “lucro inmundo” o “dinero sucio.”
Esta es la norma espabilada para prosperar en el reino de Dios. Jesús nos dice que es posible utilizar “lucro inmundo” para prosperar en el reino de Dios. Se puede usar “dinero sucio” de maneras que placen a Dios.
Esta parábola sigue la Parábola del Hijo Pródigo (15:11-32), y nos recuerda que los amigos del hijo pródigo fallaron por no invitarle a sus casas una vez que se le había acabado su dinero (15:14-16). Pero Jesús nos dirige al reino de Dios donde la lealtad de Dios para los fieles es profunda y donde Dios recompensa buenas obras.
En este Evangelio, Jesús tiene mucho que decir sobre los peligros asociados con dinero que compiten con Dios por nuestro afecto. Actitudes equivocadas sobre el dinero pueden traer la ruina espiritual. Sin embargo, es posible utilizar dinero como lo haría Dios. Este mundo nos prepara para la eternidad y nos prueba para ver si estamos dispuestos a vivir según los valores del reino. Dios nos da recursos que no solo proveen nuestras necesidades, pero que además nos permiten mostrar nuestra lealtad a los valores del reino. Jesús aconseja dispersar nuestro dinero “con más de un ojo puesto en la eternidad” (Nolland, 808). Advierte que “nuestra generosidad en esta vida formará la base para la futura recompensa y responsabilidad en el cielo (véase Mateo 25:14-30)” (Evans, 240).
“Haceos amigos” (v. 9). ¿Cómo? ¿Con quién? Jesús nos da un fuerte indicio con la Parábola del Hombre Rico y Lázaro (16:19-30), que sigue la Parábola del Mayordomo Deshonesto. En esa parábola, el rico es maldecido por disfrutar su riqueza, ignorando el sufrimiento de Lázaro. Buttrick concluye: “Es casi seguro que v. 9 se refiere a dar limosna a los pobres… Entonces, esto presenta una reversa sorprendente: Ayuda ahora a los pobres de este mundo, y ellos te ayudarán en el próximo” (Buttrick, 284).
¿Pero cómo podrán los pobres ayudarnos en el próximo mundo? Parte de la respuesta a esa pregunta tiene que ver con la naturaleza contraria del reino de Dios, donde los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros (13:30). En el reino, los pobres serán ricos y fácilmente podrán darnos la bienvenida a sus hogares eternos. Presumiblemente, también harán de testigos a favor de aquéllos que les ayudaron en vida. Pero, la verdad más significante es que Dios es la única fuente de bendiciones, y que Dios sabrá si hemos cuidado a los pobres, enfermos, y vulnerables. Dios sabrá si hemos utilizado nuestros recursos para ayudar. Podemos estar seguros que Dios considerará si utilizamos nuestro “lucro inmundo” o “dinero sucio” para ayudar a los necesitados.
Cualquiera que sean nuestras circunstancias, podemos ayudar a los necesitados. Aún gente pobre puede ayudar a los demás. Los mismos necesitados a menudo son más generosos que otros, porque han experimentado pobreza y están motivados a ayudar. Aquéllos de nosotros más prósperos solo vemos pobreza a distancia y estamos tentados a echarles la culpa a los pobres – pensando que ellos mismos han causado su pobreza – descontándoles como no merecedores. Nuestras riquezas, sin embargo, nos proveen la oportunidad de ayudar, y Jesús deja claro que quiere que lo hagamos. Estamos tentados, sin embargo, a amar al dinero demasiado y mantenerlo demasiado cerca. También estamos tentados a posponer dar limosna hasta más tarde en la vida, ya cuando nuestros graneros están rebosando.
“El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel” (v. 10). Jesús nos llama a ser fieles en las cosas pequeñas, porque la mayor parte de la vida está hecha de cosas pequeñas. Pocos de nosotros podemos salvar al mundo, pero podemos llevar nuestros negocios honestamente, ser tutor para un niño, visitar a una persona en un asilo o en prisión, o ayudar a un vecino con su aflicción.
“Pues si en las malas riquezas no fuisteis fieles” (v. 11). Como se anota arriba, “malas riquezas” en este contexto se equiparan con “lucro inmundo” o “dinero sucio.” Jesús nos pide administrar dinero fielmente. Nuestros recursos económicos son un campo de prueba. Los que viven según los valores del reino en este mundo ganan acceso a las verdaderas riquezas del próximo, pero los que no lo hacen son negados ese acceso. Hay tensión aquí entre obras y gracia. No debemos imaginarnos salvados por medio de obras, sino que también debemos escuchar este aviso sobre fiel administración.
“Y si en lo ajeno no fuisteis fieles” (v. 12). Las “malas riquezas” de versículo 11 pertenecen a Dios y se nos otorga su administración mientras vivimos. Si mostramos ser malos administradores de las riquezas de Dios en este mundo, ¿cómo podemos esperar que Dios nos de riquezas en el próximo mundo?
“Ningún siervo puede servir á dos señores” (v. 13). “Esta declaración es un simple hecho, como si Jesús hubiera dicho, ‘No podéis caminar hacia el este y oeste al mismo tiempo’” (Buttrick, 286). Dinero ejerce un gran tirón, como uno imán, siempre amenazando tirar de nosotros, alejándonos de Dios. A gran peligro, nos movemos demasiado cerca de un demonio injusto. Dinero es una de las herramientas más fuertes de Satanás para alejarnos de Dios.
En el Evangelio de Mateo encontramos casi las mismas palabras que Jesús utiliza en v. 13, pero Mateo las sitúa en un contexto diferente – el Sermón en el Monte (Mateo 6:24).

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