Los narradores e historiadores de Israel.

1. Importancia de la historia en Israel
¿Por qué los israelitas concedieron tanta importancia a  Contar la historia? La respuesta «oficial», la más difundida entre los estudiosos de la Biblia, es que la historia es para Israel el lugar del encuentro con Dios. La fe de este pueblo no se basa en mitos atemporales, ajenos al espacio y al tiempo que nos rodean. Es una fe que nace y se desarrolla en contacto directo con los acontecimientos de nuestro mundo. A través de ellos, Dios revela su amor, su perdón, su interés por el hombre, su afán de justicia, sus deseos y planes con respecto a la humanidad. No es una revelación que cae del cielo, perfectamente esbozada y concretada en todos sus pormenores, de
Una vez para siempre. Dios se revela poco a poco, paso a paso, no a través de un libro, sino a lo largo de la vida. El Antiguo Testamento es una búsqueda apasionada de Dios, un intento divino de ser conocido más perfectamente, una lucha humana por penetrar en el misterio del Señor.

Esta interpretación oficial corre el peligro de idealizar los hechos y no valorarlos rectamente. Sin duda, hubo en Israel autores que vieron la historia como lugar del encuentro del hombre con Dios, y precisamente por ello dedicaron gran parte de su vida a escribirla. Pero muchos de los documentos que utilizan no fueron escritos desde esa perspectiva. La comparación con otro ámbito cultural puede aclarar la situación. A. K. Grayson, hablando del interés que concedían los asirios y babilonios a contar el pasado, lo explica por los siguientes motivos: 1) propaganda política; 2) finalidad didáctica; 3) exaltación del héroe; 4) utilidad práctica, para los calendarios, la adivinación, etc.; 5) conciencia de la importancia de recordar ciertas cosas.

Si excluimos el cuarto apartado, los restantes nos ayudan a comprender por qué los israelitas escribieron tanto sobre el pasado. Personalmente, pienso que el motivo de la propaganda política está, a veces, mucho más presente en la Biblia incluso que el estrictamente religioso. Así lo advirtieron los fariseos, que no aceptaron en el canon los libros de los Macabeos, sus grandes adversarios. Ellos no se fijaron en su valor religioso, sino en su valor como arma política. Por otra parte, ya a comienzos de siglo hablaba H. Winckler de esta tendencia de la historiografía antigua:

2. Diversas concepciones de la historia
Al hablar de los «historiadores» de Israel no debemos proyectar nuestra idea del historiador moderno, o del filósofo de la historia. El historiador israelita no tiene la mentalidad de nuestro tiempo ni analiza los hechos con nuestros mismos criterios de objetividad y fidelidad al pasado por encima de todo. Esto no tiene nada de extraño, ya que incluso entre los historiadores actuales se advierten notables diferencias en los puntos de vista (basta pensar en un historiador marxista y otro no marxista). Pero, aparte de esta diferencia natural, impuesta por la época y la cultura, también debemos tener presente que, dentro del mismo Israel, existen concepciones distintas de la historia y formas diversas de escribirla. Cosa natural si pensamos que las primeras obras están separadas de las últimas por más de diez siglos. A continuación intentaré esbozar a grandes rasgos estas diversas concepciones.

2.1. La historiografía épico-sacral

Sus rasgos fundamentales los detectamos en las llamadas «sagas de héroes», narraciones centradas en un personaje famoso por sus hazañas militares: Sansón, Gedeón, etc. Los autores que nos transmitieron estas sagas (primero oralmente, luego por escrito) carecen de una visión profunda de la historia: les falta un análisis serio de los factores económicos, políticos o sociales; son incapaces de captar una relación de causa y efecto entre los diversos acontecimientos; a su obra le falta unidad y continuidad. En definitiva, las sagas de héroes no son más que un conglomerado de relatos individuales. Transmiten a veces noticias de gran valor histórico, pero carecen de una
concepción auténtica de la historia. Esta historiografía épico-sacral no se encuentra sólo en dichas sagas; aparece también en numerosas páginas del Pentateuco y de los restantes libros históricos. Tomando el material en conjunto, podemos indicar dos rasgos fundamentales. Primero, la tendencia a exagerar los datos: los ejércitos son de enormes proporciones; las dificultades, casi insuperables; el botín conquistado, inmenso, etc

Esta forma de concebir la historia y de escribirla es típica de los primeros siglos de Israel, pero sigue

2.2. La historiografía profana
Frente a la postura anterior, que introduce el milagro como elemento esencial de la historia, nos encontramos aquí con una actitud totalmente opuesta. La historia se desarrolla según sus fuerzas inmanentes, dirigida por la voluntad de los hombres, arrastrada por sus pasiones y ambiciones, sin que en ningún momento se perciba una intervención extraordinaria de Dios. Este enfoque lo encontramos también en tiempos muy antiguos. No se puede comparar a estos historiadores con los actuales, pero se encuentran mucho más cerca de nosotros que los de la anterior concepción. Véase, por ejemplo, el modo en
Que se cuenta un episodio tan importante de la historia de Israel como la división del reino a la muerte de Salomón (1 Re 12). O compárese la batalla de Gedeón contra los dos reyes madianitas (Jue 8,4ss) con el capítulo anterior (Jue 7), ejemplo típico de la postura épico-sacral. Para algunos, la producción
más perfecta de este tipo de historiografía es la «Historia de la sucesión al trono de David» (2 Sm 9-20; 1 Re 1-2). Shotwell muestra gran estima de las «Memorias de Nehemías»:

2.3. La historiografía religioso-teológica
El tipo de historiografía que predomina en el Antiguo Testamento es el religioso-teológico. Los autores o redactores han dedicado un enorme esfuerzo a recopilar datos del pasado y a ofrecerlos desde un punto de vista que no es, ni pretende serlo, el del historiador imparcial, sino el del teólogo con un mensaje que transmitir y unas ideas que inculcar. Naturalmente, los puntos de vista varían según las épocas y los autores (profetas, sacerdotes). Sólo la común preocupación teológica permite que los englobemos en el mismo apartado, que abarca las grandes obras «históricas» de Israel, como la Historia deuteronomista (Jos Jue Sm Re), la Historia Cronista, y, si admitimos la teoría tradicional sobre el Pentateuco, la producción del Yahvista (J), el Elohísta (E) y el Sacerdotal (P).

Aunque de estas tres concepciones se pueden indicar ejemplos concretos, como hemos hecho, sería absurdo querer diseccionar las páginas de la Biblia repartiéndolas entre ellas. El resultado final ha sido una amalgama de las tres posturas. En ciertos momentos predomina la primera, en pocas ocasiones la
segunda, en gran parte la tercera. En definitiva, cada autor, con su mentalidad, intentó dejar claro a sus contemporáneos que el pasado no es algo accesorio, que conviene tenerlo siempre presente («el que no aprende la lección de la historia, corre el riesgo de volver a repetirla», dirá Santayana).

3. Principales géneros literarios en los libros narrativos
Quien abre el periódico por la mañana sabe que cada noticia  ay que leerla a su manera. No son lo mismo las páginas de información política que las deportivas. Ni el chiste de Máximo o Mingóte tiene nada que ver con los anuncios por palabra. Cada autor, según la materia que trata, utiliza un «género literario» distinto. De acuerdo con él, valoramos sus afirmaciones. No leemos con la misma seriedad las últimas declaraciones de Jesús Gil y las del presidente de los Estados Unidos (aunque algunos piensen que, a veces, se parecen bastante).
También nosotros, cuando escribimos, usamos géneros literarios diversos. Si nos piden un «curriculum vitae», no empleamos el mismo estilo que si escribimos una carta a nuestros padres o una carta comercial. Este detalle, tan elemental, tardó tiempo en ser advertido en la ciencia bíblica. Pero es importantísimo para valorar rectamente las afirmaciones de sus autores. Lo que dice un poeta no podemos interpretarlo tan literalmente como una lista de funcionarios de Salomón. Un narrador popular, enfrentado directamente a su auditorio, se dejará llevar por la imaginación más fácilmente que un historiador serio, encerrado en su despacho.

1. Discursos
• de despedida: Jos 23 y 24; 1 Sm 12; 1 Re 2,1-9; 1 Cr 28,2-
10; 1 Mac 2,49-68. • políticos: Jue 9,7-20; 2 Re 18,19-25.28-35.
• Arengas: 2 Sm 10,12; 2 Cr 20,20; 1 Mac 9,8.10.44-46; 13,3-6;
Dt 20,5-8.
2. Oraciones
• Intercesión: Jue 16,28; 1 Re 3,6-9; 8,23-53; 2 Cr 20,6-12;
Jdt 9.
• Confesión: Jue 10,10.15; 1 Sm 12,10; Esd 9,6-15.
• Acción de gracias: 2 Sm 7,18-29.
3. Documentos
• Contratos: 1 Sm 8,11-17; 1 Mac 8,22-32; 1 Re 5,22-23.
• Cartas: Esd 4,11-16.17-22; 5,7-17; 1 Mac 14,20-23; 2 Mac
1,1-2,18.
• Listas: genealógicas (1 Cr 1-9); de oficiales y héroes (2 Sm
8,16-18; 20,23-26; 23,8-39; 1 Re 4,7-19); de ciudades y pueblos
(Jos 15-19).
• Aunque Eissfeldt no lo hace, en este apartado incluiría los
Decretos como 2 Cr 36,23; Esd 1,2-4 y los memorándum como
Esd 6,2-12.
4. Narraciones poéticas
• Mito: se discute mucho si en la Biblia existen auténticos
Mitos. Al menos podríamos incluir Gn 6,1-4, sobre el origen de
Los gigantes.
• Cuento: comienzo de Job.
• Saga: local, o relacionada con un fenómeno de la naturaleza
(Fue 15,9-19); tribal (Jue 18); de héroes (Josué, Gedeón, Sansón,
etc.).
_• leyendas: 1 Sm 4-6 (arca); Jue 6,11-24; 1 Sm 1-4.
5. Narraciones históricas
• Informes (anales): 1 Re 14,19.29, etc.; 1 Re 6-7 (templo).
• Historia popular: Jue 8,4-21; 2 Sm 9-20; 1 Re 1-2, etc.
• Autobiografía: Nehemías.
• Relatos de sueños y visiones: Jue 7,13-14; 1 Re 3,4-15.

Lo más importante es caer en la cuenta de que, ante géneros tan distintos, debemos adoptar posturas distintas a la hora de valorarlos históricamente.

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