Los Evangelios


INDICE:

TOMO I:

I: Introducción a Los Cuatro Evangelios
II: Introducción al Quinto Evangelio
III: Introducción a Los Distintos Historiadores
IV: Dedicatoria de Lucas y El Prologo de Juan
V: Principios de Mateo y Lucas
VI: Principios de Mateo y Lucas (continuación)
VII: Principios de Mateo y Lucas (continuación)
VIII: Principios de Mateo y Lucas (continuación)
IX: Principios de Mateo y Lucas (continuación)
X: Juan el Bautista
XI: El Reino de Nuestro Señor Jesucristo
XII: El Principio del Ministerio de Juan el Bautista
XIII: La Naturaleza, Necesidad, Importancia y Definición del Arrepentimiento
XIV: El Objeto del Arrepentimiento
XV: Motivos y Estímulos para el Arrepentimiento
XVI: Motivos y Estímulos para el Arrepentimiento (continuación)
XVII: Motivos y Estímulos para el Arrepentimiento (continuación)
XVIII: El Ministerio de Juan el Bautista (conclusión)
XIX: La Culminación del Ministerio de Juan
XX: La Tentación de Cristo
XXI: Las Tres Tentaciones Especiales Dirigidas por Satanás Sobre Nuestro Señor
XXII: Testimonio de Juan Acerca de Jesús, Los Primeros Discípulos de Jesús y Su Primero Milagro
XXIII: La Permanencia de Jesús en Capernaum, Su Primera Pascua Durante su Ministerio, En Que Limpia el Templo y Es Entrevistado por Nicodemo
XXIV: Las Evidencias del Espíritu en el Nuevo Nacimiento y Los Medios por los Cuales es este Efectuado
XXV: Se Manifiesta la Culpabilidad del Pecado y se Ilustra su Remedio
XXVI: El Gran Ministerio de Nuestro Señor en Galilea, Parte I
XXVII: El Gran Ministerio de Nuestro Señor en Galilea, Parte II
XXVIII: El Gran Ministerio de Nuestro Señor en Galilea, Parte III
XXIX: El Gran Ministerio de Nuestro Señor en Galilea, Parte IV
XXX: El Gran Ministerio de Nuestro Señor en Galilea, Parte V
XXXI: El Gran Ministerio de Nuestro Señor en Galilea, Parte VI
XXXII: El Gran Ministerio de Nuestro Señor en Galilea, Parte VII
 
I
Introducción
LOS CUATRO EVANGELIOS

El Nuevo Testamento es la última autoridad en lo que a la vida de Cristo se refiere. En esa colección de libros, su vida es manifestada en cuatro fases:
1. Su existencia eterna, su deidad esencial, sus relaciones y actividades como espíritu puro antes del tiempo y de la historia.
2. Su prefiguración en el tiempo antes de su encarnación. Esto aparece en una interpretación del Antiguo Testamento.
3. Su encarnación, o vida terrenal, desde su nací-miento hasta su muerte.
4. La vida gloriosa de su humanidad exaltada, desde su resurrección hasta el fin del tiempo.

Sin embargo, cuando se habla de la vida de nuestro Señor, se hace referencia a su vida terrenal desde su nacimiento hasta su muerte. Aun para estudiar solamente su vida terrenal, es necesario conocer bien:
1. Sus antecedentes humanos, tal y como se manifiestan en la historia de su pueblo hallada en el Antiguo Testamento.
2. La historia de ese pueblo durante los cuatrocientos años que pasaron entre el fin del Antiguo Testamento y el principio del Nuevo Testamento.
3. La geografía y la topografía de la tierra de Palestina, el escenario de su vida y sus labores, juntamente con las condiciones políticas, religiosas y sociales durante su vida.

El maestro que quiere enseñar con éxito tiene que repetir estas cosas con frecuencia, o volver a manifestar, de maneras distintas, lo que ha predicado o enseñado antes, ya que son pocos los que se acuerdan de lo que han oído, o porque son otros los oidores o los estudiantes no están familiarizados con su predicación o enseñanza previa; y porque la verdad no se graba bastante bien en la mente del oidor o lector mediante una sola declaración. Es necesario golpear repetidas veces un clavo para hundirlo hasta la cabeza, y aun entonces necesitamos remacharlo.

A causa de esta necesidad de repetir, comenzamos con definiciones que se han dado muchas veces antes. Nuestra palabra, "Escrituras," significa, etimológicamente, cualquiera clase de escritos como contrastados con declaraciones orales. Nuestras palabras, "Escrituras Sagradas," significan "Escritos Santos," o escritos inspirados como distintos de escritos profanos. Nuestra palabra, "Biblia," significa una biblioteca, o colección de libros. Y por esto, "San
ta Biblia," significaría una biblioteca sagrada. Esta biblioteca sagrada consiste de dos grandes divisiones intituladas, "El Antiguo Testamento," y el "Nuevo Testamento." El Antiguo Testamento consiste de treinta y nueve libros, arreglados en una división triple de Ley, profetas y Salmos. Semejantemente, el Nuevo Testamento consiste de veintisiete libros, di
vididos en tres clases generales esto es, cinco libros de historia, veintiuna cartas o libros de doctrina y disciplina, y un libro de profecía.

Sin embargo, no se debe insistir estrictamente en esta clasificación, puesto que los cinco libros intitu
lados de historia contienen cartas, doctrinas y profe
cías; y las veintiuna cartas, contienen historia, pro
fecías y doctrinas, y el libro de profecía contiene también cartas, historia y doctrinas.

De estos libros del Nuevo Testamento, Pablo catorce; Juan, cinco; Lucas y Pedro, dos cada uno; Mateo, Marcos, Santiago y Judas, uno cada uno. Puesto que Pablo influyó en ambos libios de Lucas, una mayoría de los libros, y más de la mitad del contenido en el Nuevo Testamento pueden atribuirse directa o indirectamente a Pablo.

La palabra "Testamento," ya sea que se hable del Antiguo o del Nuevo, fue derivada del latín, basada equivocadamente sobre pasajes como: Lucas 22:13-20; la Corintios 11:25; Hebreos 8:9-13; 9:1-17, puesto que la palabra griega traducida así significa "Pacto." En la Biblia nunca se aplica a una colección de libros. En verdad, la palabra significa una ultima voluntad o testamento, cuando menos en dos casos bíblicos, y los dos se refieren a lo mismo. Hebreos 9:16-17. De modo que usada en ese sentido sencilla
mente señala una analogía entre un pacto, y un ul
timo testamento, esto es, en que la muerte de una víctima ratifica un pacto, así como la muerte de un testador precede a la posesión legada en su testa
mento. El efecto desastroso de traducir "Testamen
to," en otros ejemplos de su uso, no sólo obscurece la relación del pensamiento entre el Antiguo y el Nuevo pactos, sino que aparece histórica y particu
larmente en el hecho de que una denominación cris
tiana grande y moderna, conocida comúnmente co
mo Campbelismo, saca los artículos más distintos de su credo y práctica de esta traducción incorrecta, juntamente con sus interpretaciones impropias de algunos otros pasajes. Substancialmente, su argu
mento es como sigue:
1. El Nuevo Testamento es el último legado de Dios.
2. Su provisión de herencia no puede ser efectiva hasta después de la muerte del testador, a saber, Jesucristo.
3. La bendición principal de la herencia es el per
dón de los pecados.
4. Los pecados bajo el Antiguo Testamento hasta la muerte de Cristo, no fueron realmente perdona
dos, sino que solamente fueron pasados por alto hasta la venida y la muerte del testador, citando Romanos 3:25.
5. Por esto, al determinar la ley del Nuevo Testa
mento del perdón, afirman que no debemos consi
derar los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, sino consultar los libros escritos acerca de sucesos después de su muerte. Por esto hallan la ley del per
dón en Hechos 2:38, y afirman que entonces fue esta
blecido el reino de Cristo, y que entonces solamente fue publicada esta ley de perdón, esto es: "Arrepen
tíos y sed bautizados, cada uno de vosotros, en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestrOs pe
cados, y recibiréis el don del Espíritu Santo!"
6. Por esto declaran que el bautismo es una con
dición para la salvación y recepción del Espíritu Santo, y una parte esencial de la regeneración.

Su doctrina, basada sobre este argumento, es ma
nifestada detalladamente en un libro por Ezell, uno de sus maestros, intitulado, "La Gran Herencia." Aplazamos hasta llegar a Hechos 2:38, la corrección de su interpretación errónea de este pasaje, y sólo declaramos ahora que el defecto capital de su doc
trina consiste en confundir la expiación para con Dios con la remisión de pecados para con el hombre. Es verdad que la expiación de los pecados para con Dios no se verificó históricamente sino hasta que murió Cristo, pero es del todo Incorrecto pensar que la remisión de los pecados para con el hombre no precediera esta expiación, puesto que la remisión se efectuó tan ciertamente en los tiempos del An
tiguo Testamento como en los tiempos del Nuevo, por haber aceptado Dios la promesa de la expiación dada por su Hijo.

Aunque nos parece bien mostrar lo incorrecto y la tendencia desafortunada de este nombre equivocado, sin embargo el término “Testamento”, está tan fijo en nuestra literatura como aplicado a los dos libros llamados así, que aceptamos el uso común modificado por esta explicación.

Semejantemente la palabra griega traducida "E
vangelio" significa, etimológicamente, buena nueva de cualquiera clase, pero en esta colección de libros significa la buena nueva de salvación por Jesucristo nuestro Señor. En ninguna parte en el uso del Nuevo Testamento significa "Evangelio," una historia, como cuando decimos, "El Evangelio según Mateo." La pa
labra "Evangelio" ocurre con frecuencia sola, o sola
mente con el artículo; como "Predicad El Evangelio," o "Creed El Evangelio." Con relación al Padre te
nemos el uso: "El Evangelio de Dios," "El Evan
gelio de la Gracia de Dios," "El Evangelio de la Gloria del Dios Bienaventurado." Con relación al Hijo te
nemos el uso: "El Evangelio del Hijo," "El Evan
gelio de Cristo," "El Evangelio de Jesucristo, el Hijo de Dios." Se usa también con otro término modifi
cador, "El Evangelio del Reino," y se usa con refe
rencia a su propósito, "El Evangelio de la Salvación," y a su duración, "El Evangelio Eterno."

Sin embargo, nuestra palabra inglesa "Gospel," se deriva del idioma anglo-sajón, "Godspell," que sig
nifica, "Una Historia de Dios." Empleamos la palabra en este sentido narrativo cuando decimos, "El Evan
gelio de Mateo," o "El Evangelio según Mateo." En este último sentido, significando una narración, han llegado a nosotros en Escritura cinco Evangelios-Mateo, Marcos, Lucas, Juan y Pablo. De éstos, el de Pablo fue escrito primero, y el de Juan, al último. Tres de estos Evangelios, en el sentido de historias, son llamados sinópticos: Mateo, Marcos y Lucas, por
que presentan una vista común.

Estos cinco Evangelios, o historias, deben conside
rarse como una historia independiente y completa de nuestro Señor desde el punto de vista del autor.

Fueron escritos por distintos hombres, en distintos tiempos, para propósitos y fines distintos -y repito, que cada uno debe considerarse como una vista com
pleta. Es decir, que no obstante la multitud de libros que han sido escritos sobre el asunto, no hay evi
dencia satisfactoria de que cualquiera de ellos tuviera delante, o fuera influenciado por una copia de cual
quier otro del cual conscientemente tomara algo, o el cual con designio abreviara, o amplificara o suplementará de cualquier manera. Ni hay evidencia fidedigna de que dos o más de ellos pudieran consul
tar algún otro Evangelio escrito común u original que ya se ha perdido. Por supuesto, había un Evan
gelio oral común antes de que existiera alguno es
crito, pero no se podía confiar en que la memoria meramente humana pudiera conservar detalles mi
nuciosos tales como los que encontramos en Marcos, en las mismas palabras de largos discursos, tales co
mo los que encontramos en Juan y Mateo. Debemos buscar en otra parte una explicación adecuada de sus acuerdos y diferencias. En el último análisis, la inspiración de cada historiador es la que mejor da cuenta del plan de su historia, no solamente respecto al material que escoge, sino respecto a lo que omite, del retrato histórico de nuestro Señor.

Westcott en su introducción a los Evangelios, cita el hecho de que se pintaron tres retratos de Carlos 1, uno de frente, y los otros de perfil, derecho e izquier
do. Estos tres retratos se hicieron a fin de que un escultor pudiera hacer una estatua al natural. El escultor no podía hacer esta estatua con exactitud mirando solamente el retrato de frente, ni mirando solamente uno de los perfiles. Semejantemente tene
mos cinco retratos históricos de nuestro Señor, a fin de que, estudiándolos desde los distintos puntos de vista, podamos conocer bien a nuestro Señor y Salvador.

Ya hemos dicho que el Nuevo Testamento considera la vida de nuestro Señor en cuatro fases distintas: Su preexistencia, su prefiguración en el Antiguo Testamento, encarnación, y la vida gloriosa de su humanidad exaltada. Cada historiador considera so
lamente la parte de estas cuatro fases que es esen
cial para su plan. Marcos, con detalles muy vivos, considera el ministerio público de nuestro Señor, refiriéndose poco a su preexistencia, su prefigura
ción en el Antiguo Testamento, o su vida después de su ascensión. Mateo y Lucas son los únicos que tratan de la infancia de nuestro Señor. Mateo y Pablo consideran particularmente la interpretación de la prefiguración de nuestro Señor en el Antiguo Testamento. Lucas, en un segundo tomo, discute mu
cho la vida exaltada de nuestro Señor en el estable
cimiento de las iglesias. Tanto Juan como Pablo tratan de su preexistencia, y ambos tratan de las actividades de su vida exaltada. Esto lo hace Juan en su segundo tomo Apocalipsis.

Podemos estudiar con provecho estas historias de nuestro Señor en dos maneras:
1. Examinando cada historia por separado, a fin de comprender la vista completa del autor según su p1an~ Este estudio no debe omitirse.
2. El estudio de nuestro Señor según la Armonía, poniendo en columnas paralelas cuanto tiene que decir cada historia sobre un punto dado, y mirando el testimonio de todos los testigos.

Es fácil ver que Mateo escribe para los judíos, y que es el suyo el evangelio del Rey y del Reino, conforme a una interpretación correcta de las pro
fecías del Antiguo Testamento. Hallamos pues, en Mateo, muchas citas del Antiguo Testamento. Pro
cura probar a los judíos que Jesús de Nazaret es el Mesías de los judíos predicho en el Antiguo Testa
mento.

Pablo se une con Mateo en hacer la misma prueba, pero con referencia a un propósito más amplio que limitación de Mateo.

El Evangelio de Marcos puede llamarse el evan
gelio de hechos antes que el evangelio de enseñanzas. Está limitado a la vida terrenal de Jesús, y describe las grandes cosas que hizo. Es muy vivo y minucioso en sus detalles y tiene mucha narración. Puesto que solamente un testigo ocular podría dar los detalles minuciosos y vivos de los ademanes, postura, esto es, la misma apariencia de los actores y observadores; este se ha llamado el Evangelio de Pedro. Hay evi
dencias tanto externas como internas de que Pedro proveyó la mayor parte del material para el Evan
gelio de Marcos. Puesto que Marcos se limita casi ex
clusivamente a una de las cuatro fases de la vida de nuestro Señor y solamente a su ministerio público, y puesto que hace poca contribución a la suma de los discursos, parábolas y milagros, tenemos que hallar su contribución más valiosa en sus detalles vivos y minuciosos, en cuyo respecto sobrepuja con mucho a todos los demás. Rodea sus incidentes con todas las circunstancias que los hace impresivos. Vemos la postura, el ademán, la mirada y el efecto. Sus detalles de persona, número, tiempo y lugar son pe
culiares. Sus transiciones son rápidas, sus tiempos son con frecuencia presentes en lugar de pasados, y oímos las mismas palabras arameas que se ha
blaban, en citas directas. Es más vivo que el cine
matógrafo, puesto que oímos las mismas palabras arameas: "Boanerges," "Talitha cumi," "Corban," "Ephphatha," "Abba."

El Evangelio de Lucas puede llamarse el Evangelio del Salvador y de la humanidad, siendo su propósito no tanto el de convencer a los judíos de que Jesús es el Mesías, como el de mostrar Su relación con toda la raza humana. Por ser el Evangelio de Lucas el del Salvador y de la humanidad, su genealogía se extiende hasta Adán. Lucas no era judío y fue el único gentil que escribió un libro de la Biblia. Sus escritos, el Evangelio y los Hechos, tratan detallada
mente de la vida terrenal de nuestro Señor, y de su vida después de la ascensión hasta el primer encar
celamiento de Pablo en Roma. Renán, el ateo, dice que el Evangelio de Lucas es "el más hermoso del mundo." Hablando de ellos como obras maestras de la literatura humana, Isaías y Lucas superan todos los otros libros de la biblioteca sagrada.

No puede uno en pocas palabras, enumerar todas las contribuciones especiales del Evangelio de Lucas. Podemos notar unas cuantas:
1. El solo relata el nacimiento y educación de Juan el Bautista.
2. El solo nos da los cinco grandes himnos: El "Ave Maria," "El Benedictus" de Zacarías, el "Mag
níficat" de Maria, el "Gloria in Excelsis" de los án
geles, y el "Nunc Dimittis" de Simeón.
3. Narra más milagros y parábolas que ningún otro historiador, y de estos por lo menos seis milagros y diecisiete parábolas no se dan en otra parte.
4. Más que los otros es éste el evangelio para las mujeres, los pobres, los enfermos, los proscritos y los extranjeros.
5. Debemos a él, más que a todos los demás, los incidentes y las enseñanzas del ministerio de nuestro Señor, después de su rechazo en Galilea y hasta la última semana de este ministerio.
6. Es, más que los otros, el evangelio de oraciones y acciones de gracias pues relata no solamente las ocasiones cuando oró nuestro Señor, y con frecuen
cia las oraciones mismas, sino las lecciones sobre la oración, enseñadas a los discípulos.

El Evangelio de Juan puede llamarse el evangelio del conocimiento positivo, seguridad y consuelo. Es la historia subjetiva antes que la objetiva. Eviden
temente desea dar a todo cristiano el conocimiento absoluto y la seguridad interior de aquel conocimiento.

Pablo trata menos que los otros de los detalles de la vida terrenal, discutiendo más los propósitos de esa vida que sus hechos históricos. Es interesante, al comparar Mateo, Lucas, Marcos, Juan y Pablo notar la contribución especial de cada uno para la historia completa de nuestro Señor. Ningún his
toriador meramente humano habría omitido de su historia lo que omite cualquiera de ellos. No pode
mos darnos cuenta, de alguna manera puramente humana, de la omisión del primer ministerio en Judea por los evangelios sinópticos, ni de la omi
sión de Juan de la mayor parte del ministerio en Galilea. Un estudiante cuidadoso de las distintas his
torias de nuestro Señor puede dejar de ser impre
sionado con el hecho de que ninguno de ellos solo, ni todos ellos juntos, intentan hacer una biografía completa tal y como hallamos en la historia humana de un hombre. Cada uno emplea solamente el ma
terial necesario para su plan, omitiendo de propó
sito cuanto no sea esencial para su finalidad. Juan, al fin de su Evangelio dice con razón: Y hubo tam
bién otras muchas cosas que "hizo Jesús, en presen
cia de sus discípulos, que no están escritas en este libro: Estas empero han sido escritas, para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que cre
yendo, tengáis vida en su nombre." Una declaración semejante bien podría haber sido hecha por todo historiador. Lo que es cierto con referencia a los hechos de su historia, es cierto también con referen
cia a sus enseñanzas. Ninguno de ellos da todas sus enseñanzas, o procura hacerlo, sino que da solamente cuanto de sus enseñanzas sea necesario para el plan de su historia.

En verdad, Lucas, en su segundo tomo intitulado "Los hechos de los Apóstoles," dice que Su evangelio es un relato de lo que Jesús comenzó a hacer y en
señar, dando a entender que su segundo tomo dirá lo que Jesús continuó haciendo y enseñando en su vida exaltada Es Interesante así como provechoso, reunir los Incidentes, milagros, parábolas y discursos dados por cada historiador.

Por ejemplo, Mateo sólo relata la curación de los dos ciegos, en su capitulo noveno, y el hallazgo del estatero en la boca del pez. Mateo sólo da diez de las grandes parábolas -la de la cizaña, la del tesoro escondido, la de la perla de gran precio, la de la red, la del siervo sin misericordia, la de los obreros en la viña, la de los dos hijos, la de la boda del hijo del rey, la de las diez vírgenes, y la de los talentos. Sólo Mateo relata algo más extensamente el gran sermón en el monte, y los grandes discursos sobre el desechamiento de los judíos, y la gran profecía de nuestro Señor que se extiende desde el capitulo 2,1 hasta el 25 de su libro. El sólo nos da ciertos Inci
dentes de la vida de nuestro Señor-la venida de los magos, la matanza de los Inocentes, la huida a Egipto, la vuelta a Nazaret, el pacto de Judas de entregar a Cristo por treinta piezas de plata, su arrepentimiento y su fin, el sueño de la mujer de Pilato, la aparición de los santos en Jerusalén con relación a la resurrección de Cristo, la guardia puesta junto al sepulcro, el soborno de los soldados para que difundieran informes falsos, y el terremoto.

Es en Juan solamente donde hallamos el primer ministerio en Judea, el ministerio en Samaria, el gran discurso sobre el pan de vida en Capernaum, el discurso sobre el Buen Pastor, y especialmente el gran discurso después de la cena del Señor, como está relatado en sus capítulos 14, 15, 16 y 17. Estos cuatro capítulos de Juan constituyen el libro de con
suelo del Nuevo Testamento, así como los últimos veintisiete capítulos de Isaías constituyen el libro del consuelo del Antiguo Testamento.

Por supuesto, estos ejemplos de contribuciones es
peciales no son sino ejemplos, y no son todos.
Es en la historia de Pablo solamente donde hallamos una adición a la genealogía, de Lucas, esto es, desde el primer Adán, hasta el segundo Adán, pero puesto que cuatro de estos evangelios son historias consecutivas, y puesto que la historia de Pablo, el quinto evangelio, está esparcida por sus muchas cartas, vamos a considerar en el capítulo siguiente el quinto evangelio.

***

II
Introducción
EL QUINTO EVANGELIO

En el capitulo precedente considerábamos las his
torias Inspiradas de la vida de nuestro Señor. Una razón para considerar muy particularmente el Quinto Evangelio, resulta de una peligrosa tendencia del pensamiento moderno. Esta tendencia viene envuelta en un método de tratar la Biblia que parece ser concertado y sistemático, revestido como un ángel de luz, y trayendo consignas sumamente atractivas con el objeto declarado de servir de la mejor manera a los intereses humanos promoviendo un grado más alto de moralidad. El lema de este método es: "Vol
vamos a Cristo," significando "Volvamos a las pro
pias palabras de Cristo." El objeto del método es el de quitar a los Evangelios todo su valor inspirado en sus declaraciones en cuanto a lo que es Cristo, o lo que hizo, y limitarías a una explicación de lo que realmente dijo. No les importa a los que reco
miendan este método que nuestro conocimiento de lo que él dijo dependa de la honradez de los mismos testigos cuya evidencia desacreditan acerca de lo que él es y lo que hizo.

Pero esto no es todo el método. Limita arbitraria
mente las fuentes de lo que dijo, a las historias de Mateo, Marcos y Lucas, comúnmente llamadas los Evangelios sinópticos, desechando el Evangelio de Juan. Aun con esta limitación reclaman el derecho de desacreditar todos los dichos de Jesús narrados en los Evangelios sinópticos que no están de acuerdo con sus ideas preconcebidas. Pero la limitación de las propias palabras de Cristo a la narración de los Evangelios sinópticos, después de todo, no se hace tanto con el propósito de deshacerse de Juan, como de deshacerse de Pablo, quien los estorba más. Su lema engañoso, "Volvamos a Cristo," significa sen
cillamente "Dejemos a Pablo."

Sin saberlo, este método da fuerte testimonio a la lucidez y el valor de la enseñanza de Pablo. Es vir
tualmente una confesión de que si Pablo queda en pie ellos caen. Aunque este método se llama moderno, es, de hecho, el renacimiento de un error que pre
valecía en el tiempo mismo de Pablo, y en tiempos posteriores.

En esta conexión nos acordamos de la reciente discusión en el Congreso sobre la conveniencia de dar a luz la llamada "Biblia de Jefferson," en co
nexión con sus otras obras. Esta llamada Biblia con
siste meramente de recortes de los Evangelios de las propias palabras de Cristo o cuantos de ellos fueron aprobados por el Sr. Jefferson, cuyo objeto fue el de clasificar las enseñanzas éticas de Cristo y eliminar todas las circunstancias sobrenaturales. No pocos de los centinelas más alertas y perspicaces sobre nuestras atalayas, miran en esta tendencia de pensamiento una espada que amenaza a los incautos, y con diligencia han sonado una nota de alarma. Artículos, tratados, y libros sobre el asunto, en pro y en contra, están multiplicándose con rapidez, al
gunos de ellos contribuciones valiosas a la literatura religiosa y otros de ningún valor.

Dos de entre los muchos pueden notarse El más erudito, tal vez, es por el Dr. Bruce, el profesor de exégesis del Nuevo Testamento en el "Colegio de la Iglesia Libre," de Glasgow, y se intitula "El concepto de San Pablo sobre el Cristianismo." Se publicó en 1894. Aunque en todas partes es muy instructivo, algunas porciones de estas discusiones justamente merecen ser criticadas adversamente. El otro, aun
que no es tan pretencioso, es no obstante oro puro por su sencillez y sana doctrina. Fue escrito por un predicador del evangelio sencillo pero ferviente y venturoso, el Dr. Malcoím MacGregor, de la Con
vención Bautista del Sur, y se intitula "La Autoridad Divina de los escritos de Pablo." Fue publicado en 1898. El Dr. MacGregor ha clasificado las objeciones o los objetantes a Pablo de esta manera:
1. Algunos que profesan creer en la inspiración y la autoridad de la Biblia en términos vagos y gene
rales, pero cuyo disgusto heredado o adquirido de ciertas enseñanzas de Pablo, los conducen con grande inconsecuencia a evadir, modificar o explicar su fuerza.
2. Las preocupaciones a favor de la filosofía racio
nalista, la influencia cegadora de costumbres anti
bíblicas, la fuerza desviadora de un amor aventurado a la novedad, un egoísmo y obstinación no refrena
dos, dan plena cuenta de la mayor parte de esta tendencia antipaulina.

A estas clasificaciones del Dr. MacGregor podemos añadir una causa más grave. Cuando consideramos el vestido, la consigna, el concierto, el sistema y el efecto de este método, somos constreñidos a recono
cer el hecho de que detrás del movimiento está aque
lla inteligencia poderosa y maligna, quien desde el principio ha venido como un ángel de luz, y quien por sus engaños, seduce a mucha gente buena para que le sirva, y hace que todas las objeciones y pre
ocupaciones de los no regenerados, contribuyan a su propósito. No altera el caso el que los líderes de esta tendencia de pensamiento sean inconscientes de la influencia satánica que los mueve.

Hasta donde este método moderno se relaciona con los cuatro Evangelios, podemos contentarnos con esta respuesta doble:
1. Si aceptamos el testimonio de los historiadores sinópticos respecto a los dichos de Cristo, entonces tenemos que aceptarlo respecto a su ser y sus hechos. La evidencia es la misma.
2. El argumento que destruye la autoridad de la historia escrita por Juan, de los dichos de Cristo, destruirá igualmente la credulidad de la historia en los Evangelios sinópticos.

Pero lo que nos interesa al presente es el efecto de este método sobre otro historiador. Hay un quin
to evangelio, muy distinto de los demás, igualmente necesario y creíble que los otros. La misma inspira
ción que nos dio los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, nos dio también el evangelio de Pablo. Ninguno de los cinco relata toda la historia; cada uno de los cinco contribuye con una parte Importante e indispensable para hacer completa la historia. Aquí y allá dos, tres, cuatro o cinco pueden dar testi
monio de un solo acontecimiento de esta historia, o acerca de la misma enseñanza especial. Aun en estos casos necesitamos todo el testimonio, puesto que cada uno da a luz algún detalle no notado por los otros. Pero aquí y allá también un incidente de
pende del testimonio de uno solo de los cinco. Cada uno de los cinco hace contribuciones especiales, pe
culiares, únicas e indispensables. Y en ambos respec
tos reconocemos el método uniforme de Dios en la inspiración: "Habiendo Dios hablado en el antiguo tiempo a los padres, en diferentes ocasiones, y de diversas maneras, por los profetas, en estos pos
treros días, nos ha hablado a nosotros por su Hijo." Y estas revelaciones fueron narradas en parte por Marcos, en parte por Mateo, en parte por Lucas, en parte por Juan y en parte por Pablo.

Pues bien, de estos cinco evangelios el más im
portante, el más extenso, el más comprensivo, es el evangelio por Pablo. Estamos tan acostumbrados a pensar en cuatro evangelios solamente que los com
paramos con los cuatro ríos que regaban el huerto de Edén.

Antes de considerar detalladamente los méritos del quinto evangelio, consideremos primero un a
sunto antecedente a la naturaleza y las calificaciones del oficio apostólico. Este oficio era extraordinario. Fue limitado a los tiempos de la institución del sis
tema cristiano. No hubo provisión para su perpetuidad en la iglesia, aunque algunos de nuestros hermanos bautistas de Virginia, en una ocasión, se aventuraron a elegir un apóstol. A ciertas personas nombradas por nuestro Señor mismo como embaja
dores les fueron conferidos poderes plenipotenciarios para obrar en su lugar en los asuntos que les fueron confiados. En primer lugar, eran testigos de su re
surrección de entre los muertos. En verdad, no po
día ser apóstol quien no hubiera visto al Señor re
sucitado. Eran reveladores inspirados de su voluntad, y jueces y expositores infalibles de las doctrinas y de la disciplina que él enseñó. También eran ejecu
tores de juicios penales, cuando era necesario, como cuando Pedro hirió de muerte instantánea a Ananías y Saura, y como cuando Pablo hirió de ceguera a Elimas. Fueron acreditados por señales milagrosas, como cuando los hombres fueron sanados por la sombra de Pedro, y otros a alguna distancia por contacto con un pañuelo que Pablo habla tocado. Eran inmunes a venenos mortíferos, y podían, por la imposición de las manos, impartir el don mila
groso del Espíritu. Había dos clases de estos após
toles -doce para los judíos, y uno para los gentiles. En el caso de un apóstol a los judíos era necesario que hubiera acompañado a Jesús todo el tiempo de su ministerio judaico, desde el bautismo por Juan hasta su ascensión al cielo. En el caso del apóstol a los gentiles, era necesario que hubiera visto perso
nalmente al Señor resucitado, habiendo sido puesto en su oficio por él, y habiendo recibido directamente de él el evangelio que predicaba.

Pablo era el apóstol a los gentiles Había visto al Señor, fue directamente comisionado y acreditado por él, y por una revelación directa de él habla reci
bido todo su maravilloso evangelio. No fue del hom
bre ni por hombre. Su conocimiento del evangelio era del todo independiente de cualquiera enseñanza, predicación o escrito de los otros hombres. Por ejemplo: Mateo escribió de la institución de la Cena del Señor como él la vio; Marcos y Lucas escribieron co
mo ellos recibieron la historia de testigos oculares, pero Pablo escribió de ella como el mismo Señor Jesucristo le informó, y a Pablo debemos más cono
cimientos de la institución y de la significación de esta ordenanza que a todas las demás fuentes juntas. Los otros apóstoles podían describirla como la vieron, pero Pablo la describe como Jesús la vio. Comienza su relato diciendo, "Porque yo recibí del Señor lo que también os entregué" (1a Corintios 11:23). De semejante manera al hacer un resumen de su evan
gelio, dice, "Porque os entregué ante todo, lo que yo también recibí, que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; y que fue sepultado; y que fue resucitado al tercer día, conforme a las Escrituras". (1a Corintios 15:3, 4).

De todas las maneras posibles no sólo afirma con énfasis que su evangelio era independiente de toda fuente humana de Informes, sino que hace que el hecho de haberlo recibido de Dios sea una prueba de las pretensiones de otros: "Sí alguno piensa que él es profeta, u hombre Inspirado, reconozca que las cosas que os escribo son mandamientos del Señor" (1a Corintios 14:37). Por este poder plenipotencia
rio ordenó decretos para todas las iglesias; mandaba, restringía, ordenaba con toda autoridad. El conte
nido de su evangelio es maravilloso en su plenitud, lucidez y comprensión. Sobre la preexistencia, la gloria y las actividades originales del Hijo de Dios, sobrepuja a Juan; sobre la prefiguración del Mesías venidero en el Antiguo Testamento sobrepuja a Ma
teo; sobre su adopción de la naturaleza humana y las razones de ello, sobre sus oficios como profeta, rey, sacrificio, sacerdote y juez, sobrepuja a todos. El solo revela la terminación del reino de Dios. Sobre el plan de la salvación, y sobre los eslabones de toda la cadena de su doctrina, está solo. Ciertamente de él, por lo que toca a su plenitud, viene la revelación de la universalidad del evangelio, y la maravillosa sabiduría de Dios en la elección de Israel, el tropiezo de Israel, el llamamiento de los gentiles y la res
tauración de Israel. Las doctrinas de la naturaleza, universalidad y remedio del pecado; la naturaleza, el alcance, y el propósito de la ley; y la resurrección de los muertos, se derivan principalmente del evan
gelio de Pablo. Acerca de la iglesia, no solamente como una institución, y como un ideal que se reali
zará en el futuro, sino como un cuerpo activo en negocios, y acerca de sus oficiales, ordenanzas, dis
ciplina y comisión, el evangelio de Pablo revela más que todo el resto de la Biblia. De su evangelio tam
bién sacamos las enseñanzas más exactas y claras acerca de la persona, oficios y dones del Espíritu Santo. Resta todavía otro punto tocante a su evan
gelio de importancia trascendental. Me refiero par
ticularmente a los oficios y actividades del Señor ascendido y exaltado. ¿Dónde está nuestro Señor ahora? ¿Cuánto tiempo estará allí, o cuándo vol
verá a la tierra? ¿Y por qué ha de venir de nuevo, y qué hará cuando venga? ¿Y cuál será el resultado de ese regreso? Es verdad que Lucas dedica un vo
lumen entero, los Hechos de los Apóstoles, a las ac
tividades del Señor ascendido hasta un tiempo de
finido; y que asimismo Juan dedica otro libro, La Revelación, al mismo asunto proyectado hasta el fin del tiempo, pero ciertamente es en el evangelio de Pablo donde hallamos más claramente manifestado el presente reino de Cristo sobre el trono celestial, el don del Espíritu Santo y su economía y la econo
mía de las iglesias.

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