LOS EVANGELIOS


TOMO II:
I: El Periodo de Retiro, Parte I
II: El Periodo de Retiro, Parte II
III: El Periodo de Retiro, Parte III
IV: El Periodo de Retiro, Parte IV
V: Cristo Predica en la Fiesta de los Tabernáculos
VI: La Misión de los Setenta
VII: La Parábola del Buen Samaritano, Y Jesús el Huésped de Marta y María
VIII: La Oración Modelo, Una Acusación Blasfema, Como ser Limpio, Y Un Discurso Sobre la Hipocresía, Los Afanes Mundanos, La Vigilancia, etc.
IX: Arrepentirse o Perecer: Parábolas del Grano de Mostaza y de la Levadura; En la Fiesta de la Dedicación; "¿Son Pocos los que se Salvan?"; Comiendo con un Fariseo y Una Lección Triple; El Costo de Ser Discípulo
X: Cinco Parábolas: La Oveja Perdida, La Moneda Perdida, El Hijo Perdido, El Injusto, El Rico y Lázaro
XI: La Resurrección de Lázaro y sus Resultados
XII: Los Diez Leprosos; El Tiempo y el Lugar del Reino; La Parábola de la Oración por la Justicia
XIII: Parábola del Fariseo y el  Publicano: La Ley de Matrimonio y Divorcio; El Caso de los Niños
XIV: El Joven Principal Rico; La Predicción de su Muerte y de  su Resurrección; Se Reprende la Ambición Egoísta de Santiago y Juan
XV: Bartimeo Sanado; Zaqueo Salvo; Y La Parábola de las Minas
XVI: Jesús En Betania; La Entrada Triunfal; La Maldición de la Higuera; La Venida de los Griegos, Y La Crisis de Este
XVII: Tres Preguntas y Las Respuestas de Cristo
XVIII: Otra Pregunta y su Respuesta; Su Último Discurso Público; En Frente del Arca de las Ofrendas
XIX: La Gran Profecía de Nuestro Señor, Su Segunda Venida
XX:  La Gran Profecía de Nuestro Señor, Su Segunda Venida (continua)
XXI: La Gran Profecía de Nuestro Señor, Su Segunda Venida
XXII: PEDRO Y JUDAS EN LA ULTIMA CENA La Cena de Betania; La Cena de la Pascua; Lavando a los Pies de los Discípulos; Pedro y Judas en la Última Cena
XXIII: La Cena del Señor
XXIV: El Libro de Consuelo del Nuevo Testamento, Incluyendo La Oración de Intercesión
XXV: Jesús En Getsemani
XXVI:  Jesús Entregado y Preso, Abandonado, Juzgado por Annas, Por Caifas, y Por el Sanedrín
XXVII: Cristo Ante Pilato y Herodes
XXVIII: La Crucifixión de Cristo, Las Primeras Tres Horas
XXIX: Las Tres Horas de Tinieblas y Las Otras Cuatro Palabras
XXX: La Resurrección de Nuestro Señor; Su Relación a sus Pretensiones; Su Certidumbre y Las Pruebas Históricas de Ella.

I

EL PERIODO DE RETIRO
Parte 1

Escrituras: Armonía. Mateo Capítulos 14:13; 15; 16;
12. Marcos 6:30; 7; 8:9; Luc. 9:10-17; Juan 6:1-14.

Ahora vamos a tratar la parte V de la Armonía, cuyo tema general es: "Tiempo de retiro a distritos alrededor de Galilea." El tiempo es seis meses, esto es, desde un poco antes de la Pascua (Juan 6:4) hasta la fiesta de los Tabernáculos. Hay cuatro de estos retiros, hallados en las secciones, 57, 61, 62, 63-67, respectivamente. La ocasión del primero fue do
ble: (1) La noticia de la muerte de Juan el Bautista y (2) la vuelta de los doce apóstoles para descansar. El lugar de este retiro fue Bethsaida Jullas, a la que Lucas hace referencia, como enfrente de la Bethsai
da mencionada por Marcos, que estaba cerca de Ca
pernaum. La ocasión del segundo retiro, fue tam
bién doble: (1) El fanatismo de los discípulos en procurar hacerle rey (Juan 6:15), y (2) la hostilidad de los príncipes de los judíos (Mateo 15:1). El lugar del segundo retiro fue Fenicia, alrededor de Tiro y Sidón. La ocasión del retiro fue la sospecha de He
rodes Antipas, quien era hombre inicuo, y tenía mu
cho temor acerca de Jesús y sus grandes obras, lugar de este retiro fue Decápolis. La ocasión del cuarto retiro fueron las hostilidades continuadas de los judíos, y el lugar fue Cesarea de Filipos, en la parte más septentrional de Palestina al lado orien
tal del Jordán. En todos los retiros evitó estar en la jurisdicción de Herodes.
El primer acontecimiento saliente de estos retiros es el de dar de comer a los cinco mil, cuya historia tiene por prefacio el informe de los doce apóstoles, que acababan de volver del primer viaje misionero. Este es un relato entusiasta de su obra y sus ense
ñanzas. El último punto de este Informe es Inusitado en un Informe misionero. Mateo dice que Jesús se retiró a un lugar desierto y apartado cuando oyó de la muerte de Juan el Bautista. A este lugar desierto le siguieron las multitudes desde las ciudades, y esto despertó la tierna compasión de Jesús porque eran como ovejas sin pastor. Marcos dice que les enseñó muchas cosas, y continuó esta tarea hasta que ya era muy tarde, y viéndolo los discípulos le rogaron que despidiera a las multitudes para comprarse algo que comer. Aquí comienza la hermosa historia de "Dar de Comer a los Cinco Mil;" relatada por los cuatro evangelistas y no necesita repetirse en esta exposición, pero hay ciertos hechos y lecciones aquí que necesitan recalcarse.
Primero: vemos cómo probó a sus discípulos para ver lo que estaban dispuestos a emprender: Segundo: se presentó la ocasión para el gran discurso de Juan 6 sobre el Pan de la Vida. Tercero: fue la ocasión para deshacerse de los discípulos indignos. Cuarto: satis
fizo las necesidades físicas del pueblo. Quinto: hay aquí una lección excelentísima sobre el orden de hacer las cosas. Sexto: Cristo está presentado aquí como el gran obrador de milagros para suplir las necesidades de su pueblo.
Después dé este milagro tenemos el incidente de Jesús andando sobre el mar. Después de dar de comer a los cinco mil, Jesús se retiró a la montaña para orar y envió a los discípulos al otro lado del lago en una barca. Se levantó una tempestad y ellos estaban remando con ansia pero vieron a Jesús andando so
bre el tempestuoso mar y tuvieron miedo. En medio de la tormenta de su turbación oyeron la voz de Jesús que les decía: "Tened ánimo; yo soy; no tengáis miedo." Qué buena lección para nosotros! Jesús an
da sobre el mar tempestuoso. Pero Pedro, el im
pulsivo, quería poner a prueba el asunto y fue man
dado probar sus fuerzas andando sobre el mar. El viento y las olas turbaron su fe y comenzó a hun
dirse, pero fue salvado por la mano divina. Nuestro Señor le reprende por "su poca fe," así como reprende la poca fe de otros en otros dos casos en esta di
visión de la Armonía. Véanse páginas 88 y 95.
Este incidente hizo una impresión profunda en los discípulos. Mateo dice: "Los que estaban en la barca le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres el Hijo de Dios." Marcos dice: "Quedaron sobremane
ra asombrados; porque no hablan reflexionado so
bre el milagro de los panes; si no que su corazón es
taba endurecido." Juan dice: "Gustosos pues le reci
bieron en la barca." Parece, a primera vista, haber algo de discrepancia aquí, pero estos evangelistas están hablando de distintos puntos de vista. Mateo parece mirarlo desde el punto de vista de esforzar su fe en la divinidad del Señor; Juan, desde el punto de vista de su miedo cuando le vieron al principio, y Marcos, desde el punto de vista del incidente anterior de "Dar de Comer a los Cinco Mil." Broadus dice: "Marcos (6:52) les culpa su asombro por este mila
gro, para el cual el milagro de los panes los habría preparado de no haber sido sus mentes estúpidas y torpes. Este lenguaje de Marcos no prohíbe necesaria
mente la suposición de que ya estaban convencidos de que Jesús era divino; pero conviene mas a la Idea de que lo miraron todo desde un punto de vista más bajo." Llegaron luego a la tierra de Genezaret, según Mateo y Juan, donde la gente vino en grande número para tocar siquiera el borde de su vestido para ser sanados. La descripción de Marcos acerca de esta obra de curación es muy viva, y termina con las pa
labras "y cuantos le tocaron quedaron sanos."
Todo esto preparó el camino para el gran discurso de nuestro Señor sobre el Pan de Vida en el capitulo 6 de Juan, Armonía páginas, 81 y 82. Este es un dis
curso maravillosamente fuerte sobre la espirituali
dad de su reino. La introducción (Juan 6:22-25) ex
plica la relación de este discurso con el milagro de los panes y cómo las multitudes encontraron a Jesús después de este acontecimiento en Capernaum. En los versículos 26-40 tenemos el primer diálogo entre ellos y Jesús, en el que Cristo revela sus propósitos y les exhorta a buscar "El Pan de Vida." Entonces ellos preguntan, ¿Cómo?, y él explica que es acep
tando a Aquel a quien el Padre envió. Entonces ellos demandan una señal refiriéndose a la señal del ma
na en el desierto, y con esto Jesús les mostró el sig
nificado típico y espiritual del maná, explicando que se refería a él. En los versículos 41-51 tenemos el se
gundo diálogo que resultó de sus murmuraciones por su enseñanza, de que él había descendido del cielo. Aquí anunció la gran doctrina de que Dios atrae al pecador a fin de que se salve; su relación al Padre y la naturaleza de la salvación traída por él como eterna, en contraste con el maná perecedero que co
mieron sus padres en el desierto. En los versículos 52-59 tenemos el tercer diálogo que resultó de su contienda entre si mismos acerca de su enseñanza, en que Jesús les muestra que no tienen esperanza al
guna aparte de él y de su sacrificio. En los versícu
los 60-65 tenemos el cuarto diálogo, que se trabó entre Jesús y sus discípulos, resultando sus murmu
raciones por su dura doctrina. Aquí explica que las palabras que había hablado eran espirituales y vi
vificantes, y entonces revela el hecho de que uno entre ellos era incrédulo. Esto lo sabía él, dijo Juan, desde un principio. En los versículos 66-71 tenemos el efecto final de su discurso sobre ellos, haciendo que muchos de sus discípulos le abandonaran, pero con
firmando a sus discípulos inmediatos en su misión divina como fue expresada por esta primera gran con
fesión de Pedro: "Nosotros hemos creído y conoce
mos que tú eres el Santo de Dios." Pero Jesús les dio a conocer que uno de ellos era diablo. Nótese que esta revelación de aquel que había de entregarle sucedió casi un año antes de la revelación de Judas en la Cena de la Pascua, en Juan 13, y muestra que Jesús sabía todo el tiempo que Judas le entregaría. Nótese también que este discurso es progresivo. Cada diá
logo trae una nueva revelación y el efecto de su progreso sobre su auditorio es notable, y al fin los apartó de nuestro Señor de modo que ya no andu
vieron más con él; mientras tanto, la severidad de la prueba sacó de los discípulos la expresión más fuerte que habían dado hasta e3te tiempo, acerca de su fe en la divinidad de él.
En la sección 60 tenemos otra discusión entre Cris
to y los Fariseos en Capernaum. Le enviaron una em
bajada a Jesús desde Jerusalén preguntándole por qué sus discípulos no guardaban la tradición de los antiguos con respecto a lavar las manos. Marcos da una plena explicación y sólo necesita ser leída cui
dadosamente para entenderse. A esto contestó Je
sús acusándole de hipocresía aplicándole una ci
ta del profeta d e Isaías. Esta profecía contiene una acusación doble, (1) de futilidad, o falta de ánimo, en su servicio, y (2) enseñanza de doctrinas y preceptos de los hombres. Esto se aplicaba a todas sus tradiciones, ¡ y qué comentario es este sobre todo del Talmud Judaico! Entonces sigue adelante acu
sándolos de desechar el mandamiento de Dios para guardar su tradición con respecto a la honra debida a los padres. Si decían que su propiedad era "Cor
bán," esto es, ofrenda presentada a Dios, esto los desobligaba de hacer más, según la tradición judaica, invalidando así la palabra de Dios. Entonces explicó la falacia de su tradición mostrando que no es lo que entra en el hombre lo que le contamina, sino lo que sale del corazón. Pero esto ofendió a los fariseos a quienes contestó con la parábola de los "Diez Cie
gos," que los discípulos no entendieron, en su apli
cación al asunto que se consideraba. Esto motivó una explicación más detallada, que el corazón y el vien
tre del hombre son muy distintos y que el pecado que procede del corazón era la única verdadera contami
nación del hombre. Marcos da trece géneros de pe
cad9s procedentes del corazón, y Mateo siete, pero estos no son si no ilustraciones del principio de que todo pecado procede del corazón.
Luego después de esta discusión con las autorida
des de Jerusalén, Jesús se retiró a la región de Tiro y Sidón, en el territorio de Fenicia, que está fuera de la tierra de Israel. Este retiro, como ya se ha expli
cado, fue causado por el fanatismo de los discípulos en procurar hacerle rey, y la hostilidad de los prín
cipes de los judíos. Fenicia (véase el mapa) estaba situada al noroeste de Palestina y tenía dos ciudades de importancia, Tiro y Sidón. Fue en este territorio y durante este retiro cuando Jesús sanó la hija de la sirofenisa o mujer Cananea. La palabra "Cananea," usada por Mateo, se refiere al tiempo cuando los ha
bitantes de esta región fueron llamados cananeos Es probable que los judíos siguieran aplicando este nombre a los habitantes de Fenicia, aunque los ha
bitantes posteriores podían haber sido de otro origen más moderno. A los lectores judíos de Mateo esta pa
labra mostraría que era gentil. (Com. de Broadus in loco.) Pero Marcos dice que era Griega, que significa una Gentil, y una Sirofenisa, significando un habi
tante de los países unidos de Siria y Fenicia, un término usado para distinguir a este país de LibiFenicia, o los Cartagineses. Para los lectores genti
les de Marcos este nombre también significaría una gentil. Este país de Siria que se extendía desde la parte septentrional de Palestina a todo lo largo de la costa Mediterránea hasta las fuentes del Eufrates, siguiendo ese río hacia el este hasta el gran Desierto de Siria, y desde allí hacía el sur hasta las fuentes del Jordán, incluyendo Antioquia y Damasco, dos ciudades bien conocidas en la historia bíblica. Este país tiene una relación vital con los griegos. Fue conquistada por Alejandro el Grande, dado a los se
leucos después de su muerte, los cuales construyeron Antioquia y gobernaron este país hasta que fue to
mado por los romanos. Esto sucedió en los siglos cuar
to, tercero, y segundo a de J. C.
Fue en este país donde Jesús buscó el retiro y el descanso para si mismo y sus discípulos, pero fue interrumpido por la venida de la mujer sirofenisa a Jesús pidiéndole la curación de su hija. Jesús no podía esconderse a causa de su fama y su accesi
bilidad para los afligidos. Vemos que siempre que procuraba retirarse el pueblo le encontraba. Así fue que esta mujer cananea, griega, sirofenisa le halló cuando llegó a aquellas partes. Los hechos de este caso son como sigue: Esta mujer sirofenisa tenía una hija seriamente endemoniada. Oyó hablar de la pre
sencia de Jesús en aquellas partes, y vino y le rogó que echara fuera el demonio. Cristo no le contestó. Entonces los discípulos intervinieron y le suplica
ron que la despachara, pero él contestó que no había sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. La mujer personalmente repite su petición y pide socorro, pero Jesús le dice que no es justo dar el pan de los hijos a los perros. Ella contestó que estaría satisfecha con las migajas, y esta humilde acti
tud sacó del Salvador el más grande encomio de su fe.
Miremos de nuevo este cuadro para ver si pode
mos encontrar las lecciones que quiere enseñarnos. Primero: busquemos las pruebas de la fe de esta muj
er. Hay cuatro de éstas: (1) Ella le llama el Hijo de David; (2) le adoró; (3) reconoció la prioridad de Jesús; (4) su humildad e importunidad.
Esta escena fue tal vez en el camino y no en la casa, lo cual nos ayuda a entender mejor algunos de los puntos en la historia. La aparente Indiferencia de Jesús tenía por objeto único probar y desarrollar su fe. La intervención de los discípulos no tenía por objeto suplicar que la despidiera sin ayuda, sino más bien que le concediera la bendición y la dejara ir. Evidentemente la mujer no oyó la respuesta de Cristo a los discípulos. Estando un poco alejados de ella en el camino esta conversación no fue entendida por ella, lo cual explica la declaración que sigue de que "ella vino y le adoró." La declaración de Cristo de que no era enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel significaba que él no quería hacer su ministerio general en Fenicia, porque su misión era a los judíos. La idea de "las migajas" introducida aquí por la mujer y aceptada por Cristo no está en conflicto con esta idea de evitar un ministerio ge
neral en Fenicia. Aquélla se refería a la bendición más pequeña hecha aquí a un perro gentil, que no recibirla nada del pan de los hijos. Parece argüir aquí que Jesús ahora está ausente de los judíos y no dando de comer a ellos. De modo que una bendición dada en este caso aislado no estorbaría la bendición para los judíos. Los perros a que se hace referencia aquí eran perrillos. La palabra en el griego es di
minutiva y se refiere a los pequeños perrillos que eran permitidos vivir en la casa y estar bajo de la mesa de sus señores. La mujer estaba dispuesta no solamente a ser llamada perra, sino ser llamada pe
rrilla y a tener la parte de alimento dado a la perri
lla. Este incidente es también una Ilustración de la enseñanza bíblica de que debemos orar por los que no están interesados.
Después del incidente de la mujer sirofenisa Jesús se apresuró a volver a la tierra de Israel. Saliendo de los confines de Tiro y Sidón pasó por Sidón, desde allí al lado oriental del Jordán y bajó por el lado oriental del mar de Galilea por entre las comarcas de Decápolis. Hizo esto de propósito, para evitar el territorio de Herodes, que tenía sospechas de Jesús. Luego que llegó le trajeron un sordomudo a quien sanó, y le mandó que no lo divulgara, pero cuanto más le mandaba con tanto más celo lo divulgaba, lo cual tuvo por resultado que le trajeron multitudes de desdichados para que recibiesen una bendición. Sanó a todos éstos y enseguida dio de comer a "Cua
tro Mil," cuyas circunstancias y detalles son semej
antes a los que caracterizaron la alimentación de los "Cinco Mil."
Entonces, enviando las multitudes, cruzó el Mar de Galilea y vino a los confines de Magdala, donde fue encontrado de nuevo por los 4ariseos que deman
daron una señal, pero gimiendo profundamente en su espíritu los reprendió y los dejó, y nunca volvió a esta parte para enseñar. Este texto ilustra el con
tristar al Espíritu Santo. Al salir de allí cruzó el mar de Galilea hasta Bethsaida, donde se detuvo un corto tiempo en su camino para Cesarea de Filipos. Cuando llegaron a Bethsaida los discípulos fueron recordados por una pequeña parábola de Jesús de que habían olvidado tomar pan. Esta parábola se refería a la levadura de los fariseos y saduceos, a sa
ber, su doctrina, pero los discípulos no la entendie
ron y creían que él se refería al hecho de que hablan olvidado el pan. Entonces reprendió severamente a sus discípulos, como sigue: (1) Por su dureza de co
razón; (2) por lo obtuso de su entendimiento; (3) por la torpeza de su memoria; (4) por su falta de fe. Entonces entendieron que se refería a la ense
ñanza de los fariseos y saduceos. ¿Leuda la enseñan
za o la doctrina? Parece haberlos leudado a ellos. ¿ No importa nada lo que creemos? Por cierto hay una cualidad moral en la creencia.
En Bethsaida le fue traído un hombre ciego a quien condujo fuera de la villa. Le sanó usando medios; al menos paulistas y aparentemente, ilustrando así la percepción gradual de la conversión. Entonces le envió y ni siquiera permitió que entrara en la villa. Este caso es muy semejante al caso del sordomudo a quien sanó en los confines de Decápolis. En cada caso sacó aparte a la persona y le sanó privadamente. En cada casó también usó medios, aparentemente. ¿Por qué usó este método en estos dos casos? No podemos ser dogmáticos aquí sobre este punto. Tal vez sería para evitar hasta lo posible la excitación haciendo aparecer que usaba medios; que sanaba más en la manera natural; y así evitaría la excitación que regularmente resultaba de su método común.

***

II

EL PERIODO DE RETIRO
Parte II

QUIEN ES JESUS DE NAZARETH Y CUAL
ES SU MISION

Escrituras: Armonía. Mateo 16:13-20; Marcos
8:27-30; Lucas 9:18-21.

La escena de esta discusión es Cesarea de Filipos, en el extremo norte de Palestina. Los historiadores son Mateo (16:13-28), Marcos (8:27, 28 y 9:1), y Lu
cas (9:18-27). Presentando estas historias en colum
nas paralelas, en secciones 64 y 65, en las páginas 89-92 de la Armonía de los evangelios, es muy fácil observar las peculiaridades de cada una. Nótense tres observaciones generales: Primero: exhiben el más notable testimonio independiente, supliendo cada uno algún detalle cabal omitido por los demás, o agre
gando algo a los detalles dados por ellos, no sólo sin la menor discrepancia, sino de tal manera que todo lo que es dicho por cada uno puede ser incorporado en un perfecto y congruente relato. Segundo: Mar
cos, que es llamado comúnmente el evangelio de Pe
dro, omite modestamente el alto encomio pronuncia
do por Cristo acerca de Pedro, pero pone especial cuidado en narrar el pecado de Pedro, la reprensión pública de él y la exhortación basada en él, mientras Lucas, que es llamado comúnmente el evangelio de Pablo, omite el pecado de Pedro, su reprensión y la relación entre él y la exhortación. Tercero: Mateo, escribiendo para los judíos, narra particular y deta
lladamente las cosas que éstos más necesitan saber, esto es; la clase de fe necesaria para salvación; la verdadera fundación de la iglesia; su indestructibi
lidad; sus altas funciones y su alta autoridad; la ne
cesidad de la pasión vicaria de Jesús; la seguridad, gloria y juicio de la segunda venida. Ahora, combi
nando en un relato congruente todas las historias, es fácil formar un bosquejo del todo. Lo siguiente es presentado como ese bosquejo:
1. El gran ministerio en Galilea ha acabado para siempre.
2. Para reasumir y cristalizar sus resultados, y descansar algo antes de entrar en un ministerio final en otra parte hay otro retiro.
3. Habiendo llegado al lugar del retiro, una villa en la comarca de Cesarea de Filipos, nuestro Señor se separa de sus discípulos inmediatos y las mul
titudes que le acompañaban para dirigirse a Dios en oración (Lucas 9:18).
4. El objeto de esa oración, como se deduce del contexto, es que, por más variables que sean; las opi
niones de otros acerca de él, sus propios discípulos crean en su deidad con una fe dada por Dios, a fin de que puedan recibir enseñanzas claras acerca de su pasión vicaria por la cual viene a ser eficaz su oficio en la salvación de los hombres. (Mateo 16:17-21).
5. Lo que piensan los hombres de él y por qué.
6. Lo que creían los discípulos tal como fue expre
sado en la confesión de Pedro.
7. La admirable respuesta de nuestro Señor a esta confesión y las doctrinas que ella encierra.
8. Enseñanzas más claras acerca de su pasión.
9. La reprensión que dio Pedro a Cristo y la re
prensión que éste dio a Pedro.
10. Condiciones del discipulado y por qué son tan difíciles (Marcos 8:34-37).
11. Un gran peligro y su antídoto, el peligro de tener miedo o vergüenza de confesar a Cristo ante el mundo (Marcos 8:38).
12. Una promesa animadora: De que algunos de ellos no gustarían la muerte hasta que vieran a Jesús viniendo en su gloria para juzgar al mundo (Mateo16:28).
Razonablemente no puede esperarse la discusión de todo este bosquejo en un sólo capitulo. No puedo tra
tarlo detalladamente con excepción de un punto ca
pital. Pero conviene hacer un bosquejo de todos los puntos salientes sugeridos por estos notables Inci
dentes en Cesarea de Filipos. Nótese bien que el ministerio en Galilea ya terminó para siempre. Por
que aquella gran sección con sus parábolas y mila
gros ya está cerrada para siempre. Por lo que res
pecta a su vida de maestro ha dejado abandonado Capernaum para siempre y el Mar de Galilea. Es verdad que le veremos más adelante pasando por Galilea, pero apresuradamente y en silencio. Es ver
dad que después de su resurrección vuelve a encon
trar a su pueblo y les da una comisión. Pero su propio ministerio personal a aquellas gentes perdidas a aquellas ciudades condenadas ha terminado com
pletamente. Habiendo acabado este ministerio, viene a ser para Cristo una cuestión muy solemne: ¿Cuá
les son sus resultados? El pueblo que le había oído, que había presenciado sus obras milagrosas, se vio obligado, por la misma naturaleza del caso, a diri
girse cada uno a si mismo y a otros esta pregun
ta: ¿Quién es? No debemos sorprendernos al ver la variedad de las respuestas a esta pregunta. No se necesita una filosofía profunda para entender por qué los hombres, oyendo las mismas cosas y mirando los mismos hechos, no obstante sacan conclusiones muy distintas de lo que oyen y ven. El solo punto de vista bastará para darnos cuenta de la divergen
cia. Podemos entender fácilmente por qué supon
dría Herodes por lo que habla oído de Jesús que era Juan el Bautista levantado de entre los muertos. Raciocinó desde el punto de vista de una conciencia excitada y culpable, aconsejado por sus temores. Su aprehensión supersticiosa de que el mal le sobreven
dría por causa de su crimen le conducía a una in
terpretación de Cristo y de su obra que no sugeriría a otro hombre. Es igualmente fácil entender cómo otros que conocían bien los pasajes finales del Antiguo Testamento que predicen la venida de Elías antes del día grande y notable del Seño?, conjeturaran que este Jesús que hacía obras tan asombrosas, fuese aquel Elías. Una tradición muy extendida también da cuenta del hecho de que otros suponían que fuese Jeremías. La tradición era que Jeremías, en la des
trucción de Jerusalén por el rey de Babilonia, había escondido en algún lugar secreto en las montañas, no conocido de nadie sino de si mismo, muchos de los utensilios sagrados del templo, y que en alguna fecha del futuro volvería y mostraría a Israel el lugar donde había depositado estas reliquias precio
sas. Vemos las mismas opiniones divergentes acerca de Cristo en la actualidad. Algunos dicen que es un buen hombre; otros, que es un impostor; otros, que su enseñanza acerca de la moralidad es perfecta, pe
ro que no hay razón de admitir sus pretensiones a la divinidad. Consciente de las conclusiones divergen
tes acerca de si mismo y de su trabajo, y habiendo instruido tan fielmente a sus discípulos inmedia
tos, y proponiéndose ahora sacar de ellos una expre
sión definida, podemos ver una ocasión de su ora
ción. Aunque no nos es permitido dogmatizar, po
siblemente ha de haber orado así: "Padre mío, el mundo no me entiende a mi, ni entiende mi misión. Pero hay un grupo particular que he llamado sepa
rándolos de los demás para que estén conmigo y oi
gan tu palabra. Ellos han visto más que los otros. Han estado muy cerca de mi; Padre mío, concédeme que al menos estos mis discípulos, tengan una buena fe revelada en mi como el Mesías." El que su ora
ción expresara poco más o menos estos sentimientos puede tal vez deducirse de la exultación manifestada por él cuando oyó la declaración de Pedro. De todos modos, después de esta oración hace la pregunta acerca del juicio popular, y enseguida la pregunta enfática, "Pero vosotros, ¿quién decís que soy?" Muy naturalmente Pedro contesta por todos. Ya hemos tenido razón de observar la prontitud con que él se adelanta a los demás. Nótense los elementos prin
cipales en esta respuesta: "Tú eres el Cristo," reco
nociendo su oficio; "El Hijo," reconociendo su divi
nidad; "del Dios vivo," haciendo una distinción cla
ra entre el Dios verdadero y las deidades muertas y mudas del mundo pagano. Al considerar la respuesta de Cristo hablemos de cada palabra. Simón signifi
ca el que oye. Pedro significa una piedra. Barjonás significa hijo de Jonás, o según el mejor texto grie
go, hijo de Juan. Esta respuesta de Cristo a Pedro nos da un indicio de lo que es la verdadera fe: "No te lo ha revelado carne, ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos." Podría citar muchos otros pasajes de la Escritura para mostrar que la fe evangélica no es una percepción intelectual de la verdad de una pro
posición, sino que es un producto del Espíritu divino, como se expresa en el principio del evangelio de Juan: "A todos cuantos le han recibido les ha dado prerrogativas de ser hijos de Dios, los cuales han sido engendrados, no de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios." Note pues el lector, especialmente, la naturaleza, de la verdadera fe. Puede preguntarse aquí si esta era la primera vez que los discípulos le reconocían como el Mesías. Ya hemos encontrado dos veces, en la his
toria que hemos considerado, que parte de sus dis
cípulos lo hablan reconocido como tal. Ahora pues, él se los ha enseñado más claramente, y la declara
ción de que él es el Mesías, hecha bajo las condicio
nes actuales, muestra un gran adelanto en la natu
raleza de su fe.
Vamos a considerar ahora el pasaje que es tal vez el más notable en el Nuevo Testamento: "Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ligares sobre la tierra será ligado en el cielo, y lo que desatares sobre la tierra, será desatado en el cielo." Aquí casi cada palabra necesita explicación y ocasio
na controversia. ¿Quién, o qué cosa es la roca sobre la cual la Iglesia está fundada? ¿En qué sentido se usa el término "iglesia?" ¿Qué significa Hades y que significa, "las puertas del infierno no prevalecerán contra ella?" ¿Qué significa "las llaves del reino," y el poder de ligar y desatar?
El primer pensamiento que «quisiera imprimir en la mente es que Cristo solo fundó su iglesia. Quiero decir que su iglesia fue establecida en los días de su permanencia en la carne; que la obra de su cons
trucción comenzó cuando recibió el material prepa
rado por Juan el Bautista. Que su organización co
menzó cuando nombró sus doce apóstoles, y que al fin de su ministerio terrenal existía, al menos, una Iglesia como modelo, la iglesia en Jerusalén.
Hallamos en la historia que sigue Inmediatamente a los evangelios que la iglesia de Jerusalén comen
zó Inmediatamente a atender a sus negocios esco
giendo un sucesor de Judas; que todos estuvieron reunidos en un lugar para recibir al Espíritu Santo, y que a ellos fueron añadidos diariamente los salvos. Por esto estamos preparados para preguntar: ¿En qué fundó Cristo su Iglesia? ¿Qué es la roca?
Después de mucho deliberar y examinar cuidado
samente todas las opiniones contradictorias, y des
pués de un estudio profundo de la Palabra de Dios, tengo la idea clara de que la roca es en primer lugar y principalmente Cristo mismo.
Si parece violar la figura que él, el edificador, edi
ficara sobre si mismo, la violación no es más marcada aquí que en el famoso pasaje de Juan en don
de da el pan a los discípulos y ese pan de vida es él mismo. Quisiera que el lector notase la base bíblica sobre la cual fundo mi deducción de que la roca es Cristo. El primer argumento se saca de la profecía:
"Por tanto así dice Jehová el Señor: ¡ He aquí yo pongo en Sión por cimiento una piedra, piedra pro
bada, piedra angular preciosa, de firmísimo asiento; el que creyere no se apresurará" (Isaías 28:16).
Esta escritura profética manifiesta claramente el propósito de Dios de poner en Sión un cimiento, un cimiento de piedra, una que había de ser probada, y asegurada, un cimiento sobre el cual la fe descansa
ra, sin apresurarse, ni avergonzarse.
Citamos enseguida el Salmo 118, versículo 22: "La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo: de parte de Jehová es esto. Y es cosa maravillosa a nuestros ojos. Este es el día que ha hecho Jehová; Alegrémonos y regocijémonos en él."
En cumplimiento de estas profecías citamos pri
mero el testimonio de Pedro, a quien fue dirigido el lenguaje de nuestro pasaje: "Llegándoos a quien, co
mo a una piedra viva, rechazada en verdad de los hombres, mas para con Dios escogida y preciosa, vos
otros también, como piedras vivas, sois edifica
dos en un templo espiritual, para que seáis un sa
cerdocio santo; a fin de ofrecer sacrificios espiritua
les, aceptos a Dios, por medio de Jesucristo. Por lo cual esto es contenido en la Escritura: ¡He aquí que yo pongo en Sión la piedra principal del ángulo, es
cogida, preciosa, y aquel que creyere en ella no que
dará avergonzado! Para vosotros pues que creéis, él es precioso; mas para los que no creen, la piedra que rechazaron los arquitectos, ella misma ha venido a ser cabeza del ángulo, y piedra de tropiezo y roca de ofensa; porque ellos tropiezan en la palabra, sien
do desobedientes; a lo cual también fueron destinados" (1 de Pedro 2:4-8).
La casa espiritual de que habla aquí Pedro es in
dudablemente la Iglesia. La fundación sobre la cual aquella casa tiene que descansar es indudablemente nuestro Señor Jesucristo mismo. El afirma que esto es cumplimiento de las profecías que se han citado. Las palabras de nuestro Señor mismo con relación a esto (Mateo 21:42), afirman el mismo cumplimien
to: "La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo." Interpretándolo de cualquier otra manera seria imposible entender la declaración de Pablo (1 a Corintios 3:11-17): "Por
que nadie puede poner otro fundamento, fuera del que está ya puesto, el cual es Jesucristo. Si alguno edifica sobre este fundamento, oro, plata, piedras costosas, madera, heno, rastrojo; la obra de cada cual será puesta de manifiesto; porque el día la de
clarará, pues que en fuego es revelado; y el fuego mismo probará la obra de cada cual, qué tal sea. Si la obra que alguno ha edificado sobre él, resistiere, recibirá galardón; si la obra de alguno fuere con
sumida, él llevará el daño; pero será él mismo sal
vado, si bien como quien pasa por medio del fuego. ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, le destruirá Dios a él; porque el tem
plo de Dios es santo; tales pues, sois vosotros."

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