La Ley de Cristo

La Teología del Nuevo Pacto

Por
Felipe Mauro
Existe la necesidad urgente entre el pueblo de Dios de prestar atención a las leyes del Reino. El tema de:
"la ley de CRISTO,"
"la doctrina de CRISTO,"
"las doctrinas de DIOS nuestro Salvador,"
"la ley del Espíritu de vida en la vida de CRISTO JESUS,"
"la doctrina apostólica,"
(Estos son algunos nombres dados en la Escritura a las leyes del presente Reino de DIOS), ha sido olvidado generalmente en la enseñanza de estos días, que se da a los hijos de DIOS; y esta negligencia es la causa de muchos males que ahora afligen a los hombres.
Una parte importante de la obra que nuestro SEÑOR tomó sobre sí, es la de escribir sus leyes en los corazones de su pueblo (Heb. 10:16). La importancia de esta obra nos será evidente cuando recordemos que la base de cada gobierno son sus leyes, y que el bienestar del pueblo depende de la obediencia a ellas. Además, el honor y la gloria del Trono están envueltos en el acatamiento de las leyes dadas por el Rey Soberano. El SEÑOR nos ha llamado la atención a esta verdad de una manera muy impresionante, en las palabras finales de su oración conocida comúnmente como "El Sermón del Monte". Por lo que dice en esa oración, es cierto que no existe ningún sistema de enseñanza, o cualquier otra estructura espiritual, que pueda sobrevivir el tiempo venidero de la sacudida de todas las cosas, a menos que este construido sobre el cimiento de la roca, que es la base sólida del Reino que hemos recibido, y que no puede ser estremecido (Heb. 12:22-27).
Pero los constructores de la teoría detallada del aplazamiento empezaron su obra dejando a un lado las leyes del Reino Celestial de CRISTO, basándolo en la idea de que esas leyes son judaicas y no son para nosotros. En consecuencia de esto, es fácil predecir la suerte de los que la han construido. De hecho, ya se está derrumbando. No es suficiente, sin embargo, para nosotros reconocer el hecho de que los mandamientos del SEÑOR son aplicables a esta dispensación. Obviamente, debemos guardar estos mandamientos en nuestros corazones, para que la PALABRA de CRISTO pueda morar en nosotros abundantemente, con toda sabiduría (Col. 3:16), y así desde el mismo centro de nuestro ser, pueda encontrar expresión en todo lo que hacemos y decimos. Así pues, notamos lo que el SEÑOR mismo dice de sus mandamientos:
"Por lo tanto, cualquiera que quebranta el más pequeño de estos mandamientos y así enseña a los hombres, será considerado el más pequeño en el reino de los cielos. Pero cualquiera que los cumple y lo enseña, éste será considerado grande en el reino de los cielos" (Mat. 5:19).
Así es como empezó su enseñanza, al final de ella encontramos las siguientes palabras:
"Cualquiera, pues, que me oye estas palabras y las hace, será semejante a un hombre prudente que edificó su casa sobre la peña. Y cayó la lluvia, vinieron torrentes, soplaron vientos y golpearon contra aquella casa. Pero ella no se derrumbó, porque se había fundado sobre la peña."
"Pero todo el que me oye estas palabras y no las hace, será semejante a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena. Cayó la lluvia, vinieron torrentes, y soplaron vientos, y azotaron contra aquella casa. Y se derrumbó, y fue grande su ruina" (Mat. 7:24-27).
Debemos tomar nota del hecho significativo de que el ESPIRITU DE DIOS recordó a los discípulos estas palabras del SEÑOR JESUS, las inspiró para que fueran incluidas en la Escritura, algunos años después de que el SEÑOR hubo ascendido a los cielos. Esto fue en cumplimiento de lo que el SEÑOR les había prometido en su última conversación con ellos antes de que fuera traicionado y muerto. Y el significado de estas palabras tuvo un propósito de vital importancia para ellos. Jesús les señaló que la única fuerza que les podía impulsar a obedecer sus mandamientos debía ser "el amor para con él",
"Si me aman, entonces guarden mis mandamientos"
"El que tiene mis mandamientos y los guarda, es el mismo que me ama,"
"Si uno me ama, guardará mis palabras,"
"El que no me ama, no guarda mis palabras" (Juan 14:15, 21, 23,24).
Y luego, para que ellos supieran como Él haría posible que ellos tuvieran sus "palabras" y "mandamientos" y poder demostrar su amor para con él, con una obediencia voluntaria, él añadió esta promesa:
"Pero el Consolador, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas y os hará recordar todo lo que os he dicho" (Juan 14:26).
A la luz de estas Escrituras, es fácil detectar el carácter dañino y destructivo de la doctrina moderna que audazmente dice que "el Sermón del Monte es ley y no-gracia y que sus mandamientos son para otro pueblo y otra dispensación. Con toda seguridad si estas palabras y mandamientos del SEÑOR fueran para otro pueblo, y para otro Reino que no fuera el del HIJO amado de DIOS (Col.1:13), sería imposible que el registro inspirado no tuviera una declaración diáfana en cuanto a esto. Pero no existe ni la mínima insinuación de tal cosa. Al contrario, es evidente que el último sobreviviente de los apóstoles nunca había escuchado que el Reino hubiera sido postergado o que estaría a la expectativa. Hemos citado arriba, de su Evangelio; y en su epístola también encontramos las siguientes palabras entre las cuales se halla el uso del pronombre "nosotros", que prohíbe la idea del aplazamiento del Reino:
"En esto sabemos que nosotros le hemos conocido: en que guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos es mentiroso, y la verdad no está en él. Pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios ha sido perfeccionado. Por esto sabemos que estamos en él" (1ª Juan 2:3-5).
El mismo apóstol dice además:
"Pues éste es el amor de Dios: que guardemos sus mandamientos" (1ª Juan 5:3).
Es de la mayor importancia notar que el llamamiento a obedecer los mandamientos del SEÑOR JESUCRISTO están incluidos en su llamamiento a los cansados y cargados de este mundo:
"Ven a mí….y te daré descanso,"
"Tomen mi yugo…porque mi yugo no es gravoso" (Mat. 11:28-30).
El que está cargado con pecado recibe, al venir a CRISTO, el perdón de sus pecados y es nacido de nuevo también, y así es llevado por el nuevo nacimiento al Reino de Dios. Pero el Reino es un reino de gracia, un dominio donde la gracia reina por la justicia para vida eterna (Rom. 5:20,21). El yugo no se pone al pecador por la fuerza. Este lo toma para sí voluntariamente y su obediencia debe surgir del corazón (Rom. 6:17), la "obediencia de la fe" (Rom. 16:26). Esta es la verdad práctica del más alto valor, y la verdad de la cual el pueblo de DIOS queda en necesidad en este tiempo presente. De aquí nuestro deseo ferviente y oración que aquellos quienes tienen el don de ministrar la Palabra de Dios a su pueblo, puedan despertar y ser ejercitados en cuanto a su responsabilidad en este asunto.
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