La Elección

Alexander León Jiménez
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Introducción

Según la religión cristiana, el Evangelio consiste en la proclamación de las Buenas Nuevas que anuncian que Jesucristo vino al mundo a salvar a los pecadores. Sin embargo, no siempre se tiene una respuesta uniforme dentro de los grupos cristianos para responder a las preguntas relacionadas con esto, es decir: ¿De qué han de ser salvos los pecadores? ¿Cómo es que Dios salva? ¿En qué consiste esta salvación? Y ¿quiénes finalmente serán salvados? Todos estos aspectos de la salvación se estudian en el área de la teología que se llama soteriología, o estudio de la doctrina de la salvación.

Las Sagradas Escrituras y la Historia del Cristianismo muestran que el desacuerdo en cuanto a estas cuestiones fundamentales provocó que los creyentes argumentaran al respecto y plasmaran sus posiciones por escrito. Esto se nota desde el primer Concilio de Jerusalén, registrado el los Hechos de los Apóstoles, y se continúa con las cartas del apóstol Pablo. Luego más adelante, los credos y confesiones también tratan de aclarar este tema.

Es indudable que los conceptos que tiene el hombre con respecto a Dios y con respecto a sí mismo son determinantes para la comprensión adecuada de las doctrinas fundamentales del Cristianismo, de manera que temas tales como la soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre son inevitables en la discusión de las preguntas recién planteadas acerca de la salvación.

La comprensión errónea de los atributos de Dios y los atributos del hombre se ha acentuado en nuestra época que se caracteriza por la aceptación de las tendencias humanistas en todas las esferas. El hombre, sus capacidades para lograr sus objetivos, su control sobre el universo y su control sobre su destino son exaltados, pero Dios y Su control sobre todo el universo y los acontecimientos apenas se menciona y muchas veces se evita.

Habiendo notado que el tema de la elección de los santos se trata pobremente o se omite en la exposición de las doctrinas cristianas, he considerado conveniente preparar este breve estudio, rogando a Dios su asistencia de manera que pueda expresar las verdades bíblicas e históricas con sabiduría. No es tarea sin embargo que pueda hacer sin temor y respeto pues reconozco que se trata de la doctrina por la cuale el gran apóstol de los gentiles exclamó: “¡OH profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿ó quién fue su consejero? ¿O quién le dio á él primero, para que le sea pagado? Porque de él, y por él, y en él, son todas las cosas. A él sea gloria por siglos. Amén.”  (Epístola de San Pablo a los Romanos 11: 33-36)

Justificación del tema de estudio: ¿Existen “los Elegidos”?

El hecho de ha existido y existe en el mundo una multitud de bienaventurados que han sido llamados “los elegidos” o “los escogidos” es un hecho que tiene apoyo en las Sagradas Escrituras. Es claro que no todos los creyentes tienen el mismo entendimiento de lo que esto significa pero es innegable la presencia del concepto de elección en la Biblia. Esto significa que aunque Dios es benévolo con toda la humanidad, siendo que “el sol sale sobre justos e injustos”, existe un grupo especial de entre la humanidad que ha sido objeto del favor divino de una forma particular. Esto se infiere de las siguientes citas de la Biblia:

Efesios 1: 4 “Según NOS ESCOGIÓ en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él en amor;”

Mateo 24:22 " Y si aquellos días no fuesen acortados, ninguna carne sería salva; mas por causa de LOS ESCOGIDOS, aquellos días serán acortados”

Mateo 24:24 "... de tal manera que engañarán, si fuera posible, aun á los ESCOGIDOS. "

Mateo 24:31 ". . . y juntarán SUS ESCOGIDOS de los cuatro vientos, de un cabo del cielo hasta el otro”

Marcos 22, 27 Y entonces enviará sus ángeles, y juntará SUS ESCOGIDOS de los cuatro vientos, desde el cabo de la tierra hasta el cabo del cielo.

Lucas 18:7  ¿Y Dios no hará justicia Á SUS ESCOGIDOS, que claman á él día y noche, aunque sea longánime acerca de ellos? '

Romanos 8.28-33 " ¿Quién acusará á LOS ESCOGIDOS DE DIOS? Dios es el que justifica. "

Romanos 9:11 " Porque no siendo aún nacidos, ni habiendo hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme á LA ELECCIÓN, no por las obras sino por el que llama, permaneciese"

Romanos 11:5, 7 " Así también, aun en este tiempo ha quedado un remanente ELEGIDO POR GRACIA. ¿Qué pues? Lo que buscaba Israel aquello no ha alcanzado; mas LOS ELEGIDOS lo han alcanzado: y los demás fueron endurecidos”

Romanos 11:28 ". . . mas cuanto á LA ELECCIÓN, son muy amados por causa de los padres. "

Col. 3.12 " Vestíos pues, como ESCOGIDOS DE DIOS, santos y amados... "

I Tes. 1:4 " Conociendo, hermanos amados de Dios, vuestra ELECCIÓN: "

II Tes. 2:13 “Mas nosotros debemos dar siempre gracias á Dios por vosotros, hermanos amados del Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación... "

II Tim. 2:10 " Por tanto, todo lo sufro por amor de LOS ESCOGIDOS, para que ellos también consigan la salud que es en Cristo Jesús con gloria eterna. "

Tito 1 ". . . según la fe de los ESCOGIDOS DE DIOS. . . "

II Pedro 1:10 ". . . procurad tanto más de hacer firme vuestra vocación y ELECCIÓN”

Apocalipsis 17:14 “porque es el Señor de los señores, y el Rey de los reyes: y los que están con él son llamados, y elegidos, y fieles.”

La palabras griegas que se utilizan en estos pasajes son eklegomai, eklektov, eklogh,  que se refieren según el léxico Strong a la acción de seleccionar o sea sacar de entre un grupo  [Strong 1586, 1588, 1589]

Entonces, según la Biblia, existe un grupo de personas a los cuales se les llama: los elegidos o  los  escogidos. El significado mismo de estas palabras indica que se refiere a un grupo de entre la humanidad y no a la raza humana en su totalidad. De lo contrario sería ilógico utilizar el concepto de elección, que precisamente indica seleccionar o apartar de entre un grupo general. Para entender esto de una forma más clara es preciso entender la situación de la humanidad y conocer la característica que sí es común a toda la raza humana, es decir: el pecado, que constituye la verdadera razón por causa de la cual los hombres necesitan ser salvados.

El Pecado Original

Para poder responder a la pregunta planteada: ¿Por qué necesitan ser salvados los hombres? es necesario comprender correctamente el tema del pecado.

Antes de analizar la doctrina de la Elección de los Santos, es necesario exponer la doctrina bíblica del pecado, porque cuando el hombre tiene el concepto correcto de sí mismo y de su situación, puede luego tener un concepto apropiado de Dios y de Su misericordia.

La Biblia nos revela que por el delito de Adán, él y su descendencia entraron en un estado de enemistad con Dios que trajo la condenación a todos los hombres. (“... por un delito vino la culpa á todos los hombres para condenación” Romanos 5:18). El apóstol Pablo afirma que la separación entre Dios y el hombre es tal que solo a través de Jesucristo - Quien es el mediador de paz – puede haber reconciliación: “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida” Romanos 5:10.

Se entiende pues, que la humanidad no solamente está alejada de Dios, sino que cada ser humano se constituye en un enemigo de Dios. Esta enemistad implica que la actitud de los hombres no es simplemente de indiferencia hacia Dios sino de aversión hacia Él.

Esta doctrina comúnmente llamada “el pecado original”, ha sido refutada por algunos porque es considerada  injusta, es decir, hay quienes creen que si hubieran estado en lugar de Adán talvez no habrían desobedecido y que es injusto que se les inculpe por lo que otra persona ha hecho. Para decirlo más claramente, consideran injusto que Dios haya condenado a toda la humanidad por culpa de Adán.

Considero apropiado mencionar aquí un pensamiento de R.C. Sproul: “No nos importa que nuestra culpa se transfiera a Jesús o que su justicia se nos transfiera a nosotros; el el hecho de que se nos transfiera la culpa de Adán lo que nos hace aullar”. (“Escogidos por Dios”, p. 62)

La Biblia claramente afirma que Dios es justo, Dios no condena al inocente. Así que, podemos estar seguros de que en Adán tuvimos al más adecuado representante de la raza humana. Dios trató con Adán como representante de la raza humana y él escogió desobedecer a Dios rechazando seguir en comunión con Él. La humanidad a través de la historia ha demostrado que sigue por decisión propia los pasos de su padre y representante: Adán.

Hay suficientes textos bíblicos que confirman la pecaminosidad universal de la raza humana. Estrictamente hablando, en el plano espiritual no existen los hombres inocentes. La idea de que el hombre se ha corrompido por causa del medio que lo rodea, por la sociedad y por lo que se le ha enseñado, no es bíblica. La semilla de la maldad está sembrada en todo corazón desde el nacimiento y necesariamente dará su fruto de pecado.

La doctrina del pecado original fue rechazada por Pelagio en el siglo IV. Pelagio defendía la inocencia natural del hombre y su capacidad para agradar a Dios cumpliendo los mandamientos, él creía que en última instancia, de esto dependía la justificación del hombre. Uno de sus argumentos parece ser: que sería injusto que Dios pida obediencia al hombre si este no tuviera la capacidad de obedecer. Respecto a esto debemos considerar que: uno de los atributos de Dios es que Él es Soberano. Dios tiene todo el derecho sobre su creación. La ley que Dios ha dado para que sea obedecida a la perfección tiene un propósito benigno, pero no debe ser cuestionada según las capacidades del hombre. Precisamente cuando el hombre llega a aceptar su incapacidad, se cumple la función principal de esta ley, según lo explica el apóstol Pablo en la carta a los creyentes de Galacia.

La historia bíblica nos muestra que desde la caída de Adán, todos los hombres siguieron su propio camino, apartados de Dios. Esta es la actitud como consecuencia del pecado: “Jehovah vio que la maldad del hombre era mucha en la tierra, y que toda tendencia de los pensamientos de su corazón era de continuo sólo al mal.” Génesis 6:5

“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” Romanos 3:23

La situación de la humanidad es realmente grave, al punto que Dios no considera ningún esfuerzo humano suficiente en cuanto a hacer el bien.

Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, No hay quien busque á Dios; Romanos 3:10-11

Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga bien y nunca peque. Eclesiastés 7:20

Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento. Isaías 64:6

Dios acepta únicamente la justicia perfecta, Adán fue echado del paraíso por una desobediencia, no después de muchos delitos. Esto debe servirnos para entender la santidad de Dios y la gravedad del pecado de la humanidad.

A pesar de esto, también se registra en la Biblia el hecho de que ciertos hombres “hallaron gracia delante de Dios” como Enoc, Noé y Abraham. La palabra gracia definida correctamente nos habla del favor inmerecido, de modo que no fue porque estos hombres eran buenos que Dios los favoreció, sino a la inversa, estos hombres hicieron el bien porque Dios los favoreció.
Dios elige
La elección de Abraham

Dios llamó a un hombre, a Abraham, con el cual ratifica un pacto o alianza. Dios prometió que de la descendencia de este hombre formaría un pueblo al cual Dios tomaría como suyo. Este pueblo apartado del resto de la humanidad fue Israel, las demás naciones fueron dejadas en sus propios caminos para recibir la justa retribución de sus actos. En Abraham Dios también se propuso extender Su misericordia a todas las naciones en la culminación de los tiempos. Dios mostró Su misericordia cuando por medio de Su Hijo Jesucristo cumplió la promesa hecha a Abraham. La división que existía entre judíos y gentiles fue quitada según lo explica el apóstol Pablo en el Nuevo Testamento cuando dice que los verdaderos judíos no son los descendientes de Abraham según la carne, sino todos los que por la fe en Cristo han alcanzado la promesa:

Porque él (Jesucristo) es nuestra paz, que de ambos (judíos y gentiles) hizo uno, derribando la pared intermedia de separación; Efesios 2:14

“... sino más bien, es judío el que lo es en lo íntimo, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu y no en la letra. La alabanza del tal no proviene de los hombres, sino de Dios. Romanos 2:29

Como vemos esto no proviene de los hombres y no es algo heredado, sino que viene directamente de Dios.

Esto nos muestra que la Elección de los creyentes es la manifestación de la misericordia de Dios, por medio de la cual, Él determinó rescatar a una multitud de personas de todas las tribus, naciones y lenguas para que fueran Su pueblo y Él Su Dios. Esta promesa se escucha en toda la Biblia desde el primer libro Génesis 17:7 cuando Dios dijo a Abraham: “Yo establezco mi pacto como pacto perpetuo entre yo y tú,...,para ser tu Dios y el de tu descendencia después de ti.”, hasta el último libro Apocalipsis 21:3 : “Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será su Dios con ellos.”

Dios elige reyes

Al estudiar el registro bíblico que relata la forma en la cual se expresa el Señor con respecto a un rey pagano, podremos entender que en el plan eterno de Dios no hay casualidades, ni situaciones que estén fuera del control de Dios.

Ciro fue un rey del imperio persa, desconocedor de Dios y de Su ley, pero Dios se expresa así de este monarca:

ASI dice Jehová á su ungido, á Ciro, al cual tomé yo por su mano derecha, para sujetar gentes delante de él y desatar lomos de reyes; para abrir delante de él puertas, y las puertas no se cerrarán: Isaías 41:5

Dios explica el propósito del llamamiento de Ciro:

Por amor de mi siervo Jacob, y de Israel mi escogido, te llamé por tu nombre; te  puse nombre, aunque no me conociste. Isaías 41:4

La soberanía de Dios se muestra en que Él se sirve de los hombres y las situaciones para llevar a cabo sus maravillosos planes. Muchas veces los planes de Dios no son comprensibles para los hombres pero las Escrituras nos garantizan que siempre el propósito de Dios conforme a su buena voluntad se cumplirá en el tiempo determinado, aunque esto es contrario a la creencia popular, que considera injusto el hecho de que Dios tenga el control de la historia. La Biblia nos muestra que Él tiene todo bajo Su control y finalmente el decreto de Su voluntad prevalecerá.

El rey caldeo Nabucodonosor pasó por una época de locura en su vida a consecuencia de su orgullo y soberbia, pero luego Dios le concedió la salud, y el libro del profeta Daniel describe su conversión:

Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi sentido me fue vuelto; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre; porque su señorío es sempiterno, y su reino por todas las edades. Y todos los moradores de la tierra por nada son contados: y en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, hace según su voluntad: ni hay quien estorbe su mano, y le diga: ¿Qué haces?

Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdad, y sus caminos juicio; y humillar puede á los que andan con soberbia. Daniel 4: 34,35,37

Comprender correctamente el concepto de la Soberanía Divina es esencial para una apreciación sana del carácter de Dios. Dios tiene todo poder y el derecho de hacer todo lo que Él se propone. Al mismo tiempo, Dios es completamente justo y nunca participa del pecado, aunque en su completa sabiduría se sirve de hombres pecadores y de situaciones pecaminosas para sus propósitos, todo lo cual lo realiza sin participar del pecado ni forzar a nadie a pecar. En esto se muestra su gran poder y sabiduría.

La Confesión Bautista de 1689 expresa:

“Dios desde la eternidad, por el sabio y santo consejo de su voluntad, ordenó libre e inalterablemente todo lo que sucede.1 Sin embargo, lo hizo de tal manera, que Dios ni es autor del pecado ni comparte con los pecadores la responsabilidad del pecado2 ni hace violencia a la voluntad de   SUS criaturas, ni quita la libertad ni contingencia de las causas secundarias sino más bien las establece.3 En todo esto se manifiesta la sabiduria divina al igual que su poder y fidelidad para efectuar aquello que se ha propuesto” [Capítulo 3, 1: El Decreto eterno de Dios]
Dios elige para Salvación

“Mas nosotros debemos dar siempre gracias á Dios por vosotros, hermanos amados del Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación... " II Tes. 2:13

Uno de los grandes problemas que las personas encuentran en la doctrina de la Elección de los Santos es que la consideran desde el punto de vista de los que no creen en el evangelio, es decir, de los que van a la perdición. Este es un terreno peligroso, pues el hombre en vez de ser humilde y agradecer la invitación que por gracia se le hace al arrepentimiento, se rebela contra el Soberano Dios y le cuestiona con respecto a sus designios, al dudar si los que no reciben el evangelio merecen la condenación por su pecado o si Dios los envía hacia ella injustamente.

Dios no impide activamente que los pecadores vengan a Cristo, lo que pasa es que los pecadores no quieren venir a Cristo. Dios no se los impide, el pecado se los impide, y Dios no peca, sino que los hombres son los que pecan.

Hablando con respecto al hombre impenitente que rechaza al Señor, el apóstol Pablo afirma:

Mas por tu dureza, y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la manifestación del justo juicio de Dios; Romanos 2:5

Debe quedar claro, No hay injusticia alguna en Dios. Lo que todos los hombres merecemos es la justa condenación del infierno. Primero, porque Adán (representante del primer pacto de Dios con el hombre) se rebeló y por lo tanto acarreó condenación a todos; y también porque está claramente expuesto en la Biblia que “todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”. Romanos 3:23.

El hombre es responsable, Dios no envía a nadie a la condenación de forma injusta, todos somos merecedores de condenación, pero la buena noticia es que Dios no solamente es justo, Dios es misericordioso también y Él ejerce libremente Su misericordia. Dios no está obligado a tener misericordia de nadie, el castigo siempre será justo. Si Dios no eligiera a los santos para salvación toda la raza humana iría a la perdición, pero Dios mostró su misericordia justificando a los que llamó para ser Su pueblo.

Cuando un juez perdona a un reo, que es digno de la condena, esto no debe considerarse como una injusticia para con los demás reos, esto es un acto de pura misericordia mostrada para con el reo que ha sido absuelto, ya que no se le dio la condena que merecía, sino el perdón que no merecía. Los creyentes somos como reos absueltos.

Esta es la forma como los creyentes debemos considerar la elección de Dios para Salvación. La Biblia dice que Dios ha elegido, sin hacer acepción de personas, toda clase de personas están incluidas entre los salvados y ellos claman en el Apocalipsis: “porque tú fuiste inmolado, y nos has redimido para Dios con tu sangre, de todo linaje y lengua y pueblo y nación” Apocalipsis 5:9

Luego surge la discusión del ¿por qué?, ¿Por qué Dios eligió a Su pueblo?  Algunos defensores extremos del libre albedrío reclaman el derecho que debe tener el hombre a decidir su propio destino. Son muchos los que están dispuestos a aceptar que la salvación es posible únicamente por obra de Dios, pero presentan el evangelio de tal forma que parece que siempre la última palabra la tiene el hombre mismo. La verdadera causa de que esto suceda es la dificultad del hombre para abandonar su orgullo. Hay un deseo de soberanía humana escondido en esta forma de pensar porque se pretende dar al hombre un papel decisivo en la realización de su salvación.

Todavía no responderemos la pregunta ¿Por qué eligió Dios a su pueblo?, sino que añadiremos otras más: ¿Por qué nacimos en este país? ¿Cuál es la participación del hombre en esto? O en la elección de su raza, sus padres, sus atributos físicos, en fin, ¿de dónde surge la idea de que es injusto que el hombre no tenga el control?

Dios es justo con todos, la justicia perfecta de Dios le impide que castigue a alguien que no lo merece, pero no le fuerza a tratar a todos por igual. Con muchos no ha sido solamente justo, sino misericordioso, como veremos en el siguiente apartado.

Elección Inmerecida

Para poder predicar que la salvación es por la Gracia de Dios y no por obras debemos entender que Dios eligió a los santos, no porque en su conocimiento del futuro (presciencia) haya visto algo bueno en los que habían de ser creyentes, sino por su buena y soberana voluntad. No hay una razón comprensible para que aquellos que han creído al evangelio fuesen beneficiados con el favor de Dios. Reconocer esto con humildad debe producir en los creyentes el más grande agradecimiento y la más profunda devoción hacia Dios. Esta comprensión debe ser la verdadera motivación para obedecer a Cristo y proclamar su evangelio.

El apóstol Pablo toca el tema de la elección inmerecida o incondicional al hablar de la elección de Jacob y la reprobación de Esaú.

“Porque no siendo aún nacidos, ni habiendo hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme á la elección, no por las obras sino por el que llama, permaneciese;” Romanos 9:11

Pablo nos menciona este ejemplo para recalcar lo inmerecido de la elección de Jacob, el cual fue elegido para el que el propósito de Dios se cumpliera. Algunos dicen que en este contexto Esaú y Jacob no se refiere a individuos, sino a los pueblos Israel y Edom, pero esto no cambia el sentido de lo que estamos estudiando, es decir, cuando Dios quiere, muestra misericordia y cuando Dios quiere ejerce su justicia y nadie puede exigirle a Dios que tenga misericordia en todos los casos porque esto es Su decisión soberana, como queda claro en el siguiente pasaje:

Mas á Moisés dice: Tendré misericordia del que tendré misericordia, y me compadeceré del que me compadeceré. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Romanos 9:15-16

Ni siquiera podemos decir que Dios ha previsto la fe que tendrían los escogidos porque esto sería como decir que Dios nos escogió porque sabía que nosotros lo íbamos a escoger a Él. Al respecto el apóstol Juan dice: “nosotros le amamos porque El nos amó primero” I Juan 4:9 y en otra parte dijo Jesús: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros” Juan 15:16.

En base a lo que se ha expuesto, me atrevería a parafrasear Efesios 2:8-9 de esta manera: Ustedes son salvos porque Dios mostró favor hacia ustedes, el instrumento que Dios utilizó para esto fue la fe, pero esto no ocurrió por iniciativa de ustedes mismos, sino que fue un don que Dios les concedió para que pudieran creer en Jesús, y este don no les fue concedido por causa de alguna cosa que hayan hecho ni antes ni después, de manera que alguno pueda sentirse orgulloso, sino por misericordia y para la gloria de Dios.

El Nuevo Nacimiento

El hombre por sí mismo no buscaría a Dios con sinceridad, ya que su inclinación natural es hacia el mal y es enemigo de Dios por herencia y por decisión. Esto debe entenderse correctamente. No quiere decir que el hombre es incapaz de realizar buenas acciones o tener buenos sentimientos del todo, lo que quiere decir es que la bondad de los hombres se queda muy corta ante la santidad que Dios exige y que el hombre en sí mismo no tiene un verdadero deseo de buscar la reconciliación con su Creador. En las ocasiones que los hombres que no han sido iluminados por el Espíritu Santo “buscan a Dios”, se puede afirmar que hay razones egoístas en esta búsqueda y no el verdadero arrepentimiento que Dios pide.

Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento. Isaías 46:6

Dios ha realizado un milagro en el corazón de los escogidos para que pudiéramos venir a Él arrepentidos habiendo creído en Jesucristo. Todo esto es el cumplimiento de la buena voluntad de Dios.

Debemos reconocer que esto es un misterio, ya que está claro que el hombre debe tener fe y arrepentirse para ser salvo; y nadie podrá ser salvo si no viene a Jesucristo. El hombre debe venir a Cristo y ningún creyente diría que Dios lo ha obligado a esto, más bien somos llamados amorosamente. Pero aun así, debemos reconocer que lo que ha ocurrido es que Dios ha hecho un cambio en nuestro corazón para que pudiéramos venir a Él en arrepentimiento. El acto mismo del arrepentimiento es algo que Dios nos ha concedido, según fue expresado por los creyentes judíos:

Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron á Dios, diciendo: ¡De manera que también á los Gentiles ha dado (concedido) Dios arrepentimiento para vida! Hechos 11:18

A este milagro le llamamos la “regeneración” o el “nuevo nacimiento”. Algunas veces esta palabra se interpreta erróneamente, porque se aplica cuando alguien se reforma, o enmienda su conducta al dejar alguna mala costumbre o vicio, pero este no es el sentido correcto. Regeneración es el milagro en el cual Dios da vida a los muertos espirituales, regeneración  es impartir nueva vida, la vida espiritual. Estuvimos muertos espiritualmente y por lo tanto, ciegos y sordos, pero Él nos dio vida primeramente y entonces nuestros sentidos espirituales fueron habilitados para “oír” la Palabra de Dios y venir a Cristo y ser salvos.

Para algunos esto es una violación de la voluntad libre de los hombres, pero la realidad es que los hombres después de la caída poseen una voluntad que no es completamente libre, sino que está sujeta a la naturaleza pecaminosa, que viene a ser libre de verdad solamente por medio del conocimiento de la verdad.

Adán y Eva poseían lo que podría llamarse un libre albedrío completo, tenían la capacidad de elegir el bien y el mal, y escogieron el mal. La humanidad después de la caída conserva el libre albedrío en el sentido de que puede realizar sus decisiones libremente según sean sus intereses y gustos. Lo que pasa es que en el ámbito espiritual, ningún ser humano tiene una posición neutral, y tampoco tiene una inclinación natural para escoger a Cristo, de modo que Dios tiene que realizar una labor especial en el corazón para que pueda recibir a Jesucristo. Esta es la labor del Espíritu Santo.

Una vez que el hombre cree en Jesús, está capacitado por el Espíritu Santo para hacer lo que es agradable al Señor y para rechazar el pecado, sin embargo su cuerpo y mente son aún susceptibles de pecar, continúa teniendo la capacidad de decidir hacer el mal. Cuando los hijos de Dios sean redimidos por completo, en el día de la glorificación, sus voluntades no volverán a ser más susceptibles a caer en pecado. Dios no violenta la libertad del hombre en este sentido, lo que hace es liberar su espíritu del yugo de esclavitud del pecado, y en el futuro glorioso liberará no solo su espíritu sino su ser completo.

Si analizamos detenidamente esta situación, veremos que hay otros muchos a los que se ha predicado el evangelio, pero que su corazón no ha sido abierto a Cristo. ¿Será porque nosotros fuimos más buenos que ellos? ¿Será porque nosotros somos más sensibles? ¿O será porque Dios en su Soberanía quiso mostrar su misericordia a nosotros?  San Pablo se refiere a la comparación entre judíos y gentiles y a la creencia de que los judíos al haber sido receptores de la ley eran mejores:

¿Qué pues? ¿Somos mejores que ellos? En ninguna manera: porque ya hemos acusado á Judíos y á Gentiles, que todos están debajo de pecado. Romanos 3:9

Jesucristo dijo:

Nadie puede venir a mí, a menos que el Padre que me envió lo traiga; y yo lo resucitaré en el día final. (Juan 6:44)

Y luego Jesús les dice a los incrédulos: “Mas vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.” (Juan 10:26).

Resulta claro entonces que los que venimos a Cristo no venimos para convertimos en sus ovejas, sino que al haber creído en Jesús estamos manifestando que éramos sus ovejas, aunque descarriadas y luego al oír Su voz confirmamos que los somos siguiéndole.

Es preciso meditar en la magnitud y complejidad de la obra que Dios ha realizado en los corazones de los creyentes y en el precio de esta tarea. Jesucristo mismo fue entregado para que este plan se cumpliera perfectamente. Es necesario que los creyentes analicen esto para que valoren el amor especial de Dios hacia Sus escogidos.

Soberanía Divina y Responsabilidad Humana

Algunos piensan que esta posición con respecto a la elección de los santos libra a los incrédulos de responsabilidad, afirman entonces que: O creemos en la Soberanía de Dios O creemos en la Responsabilidad del hombre. El hombre natural piensa que si la Salvación es por elección, entonces los hombres impíos no son responsables. Este pensamiento parece convincente pero es falso. Ambas doctrinas son igualmente verdaderas y ambas están enseñadas en las Escrituras: Dios es Soberano y a la vez el hombre es responsable de su pecado. Si no lo podemos comprender plenamente, el problema está en nuestra mente finita e incapaz de asimilar los misterios de Dios, pero no es porque sea una contradicción.

Hay otras ocasiones en las cuales es difícil entender estas dos doctrinas.

Analicemos el pasaje cuando Pedro hablando de Cristo dice:
A éste, entregado por determinado consejo y providencia de Dios, prendisteis y matasteis por manos de los inicuos, crucificándole; Hechos 2:23

Según esto, Cristo fue entregado en manos de los hombres para ser muerto porque Dios Padre así lo había determinado, pero entonces alguno dirá: ¿qué culpa tienen los que mataron a Jesús, si esto estaba determinado? Razonamos así por causa de la corrupción de nuestra mente humana. Dios en su omnipotencia y soberanía tiene control de todas las cosas y aun así jamás es culpable del pecado en ninguna manera. La dificultad en comprender esto lo que nos muestra es la limitación de la mente humana.

No existe una participación activa de parte de Dios en el pecado del hombre, pero las situaciones de pecado son muchas veces utilizadas por Dios para la ejecución de Sus planes.

Se hace necesario mencionar que existe lo que se ha llamado “la gracia común”, por medio de la cual Dios impide a los hombres que se hundan severamente en el pecado para su propio mal, pero también hay casos en los cuales Dios abandona a ciertos hombres a su propio pecado y rebeldía, lo cual causa un endurecimiento mayor de sus corazones, según se dice en la epístola a los Romanos que Dios entrega a ciertos hombres a una mente reprobada.

Es de esta forma en la cual se dice en la Escritura que Dios endurece ciertos corazones, no porque los obligue a pecar o les impida creer, sino porque los entrega a su maldad sin freno alguno. Esta es la forma correcta como se puede entender esta situación, de lo contrario culparíamos a Dios de pecado, lo cual es inadmisible en toda la Biblia.

Y dijo Jehová á Moisés: Cuando hubiereis vuelto á Egipto, mira que hagas delante de Faraón todas las maravillas que he puesto en tu mano: yo empero endureceré su corazón, de modo que no dejará ir al pueblo. Éxodo 4:21

Dios no tenía que influir en el Faraón para que cometiera pecado, solamente tenía que abandonarlo a su propio pecado y de esta manera es que participó en su endurecimiento, al no refrenar su soberbia y terquedad.

El Faraón fue responsable de su pecado, y todos los pecadores lo son, y Dios se sirve de esto para Sus propósitos. Esto mismo se mostró en el caso de José quien fue vendido por sus hermanos. El hecho de que el plan de Dios se dirigía a salvar a Su pueblo de la futura tragedia y hambruna, no exime a los hijos de Jacob, los cuales fueron culpables por lo que hicieron a su hermano.

Siempre que pecamos debemos admitir nuestra culpa, y cuando hemos vencido la tentación y hemos rechazado el pecado, solo nos queda agradecer a Dios por su asistencia, porque si Él nos abandonara caeríamos en lo más hondo del abismo.

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