LA BÚSQUEDA DEL PLACER DEBILITA EL ORGULLO YLA AUTOCOMPASIÓN

Contra todo orgullo humano: «También escogió Dios lo más bajo y despreciado, y lo que no es nada, para anular lo que es, a fin de que en su presencia nadie pueda jactarse» (1Corintios 1:28-29).

Cualquier visión de la vida cristiana que alegue estar de acuerdo con la enseñanza bíblica debe ser enemiga del orgullo. Este es uno de los grandes valores del hedonismo cristiano. Debilita el poder del orgullo. 

El orgullo es el primer mal que surgió en el universo. El Señor no deja lugar a dudas en cuanto a lo que siente al respecto: «Yo aborrezco el orgullo y la arrogancia» (Proverbios 8:13). 

El hedonismo cristiano combate el orgullo porque ubica al hombre en la categoría de un vaso vacío bajo la fuente de Dios. Los filántropos pueden jactarse. Los que reciben la caridad no. La experiencia primaria del cristiano hedonista es la de alguien que se encuentra indefenso, desesperado y anhelante. Cuando la contracorriente del mar arrastra a un niño indefenso y su padre lo levanta justo a tiempo, el niño no se jacta, abraza a su padre. 

La naturaleza y la profundidad del orgullo humano se ven con mayor claridad al comparar la jactancia con la autocompasión. Ambas son manifestaciones del orgullo. La jactancia es la respuesta del orgullo al éxito. La auto-compasión es la respuesta del orgullo al sufrimiento. La jactancia dice: «Merezco admiración por todo lo que he logrado». La autocompasión dice: «Merezco admiración por todo lo que he sufrido». La jactancia es la voz del orgullo en el corazón del fuerte. La autocompasión es la voz del orgullo en el corazón del débil. La jactancia suena a autosuficiencia. La autocompasión suena a sacrificio. 

La autocompasión no parece ser orgullo porque da la impresión de ser muy necesaria. Sin embargo, la necesidad surge de un ego herido. No proviene de la conciencia de falta de mérito, sino de la conciencia de una falta de reconocimiento del mérito. Es la respuesta al orgullo que no recibe aplausos. 

El hedonismo cristiano arranca la raíz de la auto-compasión. La gente no siente lástima de sí misma cuando acepta el sufrimiento en pro del gozo. 

Dios los bendecirá cuando, por causa mía, la gente los maltrate y diga mentiras contra ustedes. ¡Alégrense! ¡Pónganse contentos! Porque van a recibir un gran premio en el reino. Así maltrataron también a los profetas que vivieron antes que ustedes. (Mateo 5:11-12, BLS)

Esta es el hacha que se le pone a la raíz de la autocompasión. Cuando los cristianos hedonistas tienen que sufrir por amor a Cristo, no utilizan sus propios recursos como héroes. Parecen niños pequeños que confían en la fuerza de su padre y que desean el gozo de su recompensa. Los que más han sufrido por Cristo siempre han rechazado la alabanza y la compasión dando prueba fehaciente de su hedonismo cristiano. Esto lo veremos sobre todo en las vidas de los misioneros en el último capítulo. 

Ese principio se ve en acción una y otra vez entre los piadosos. Por ejemplo, conocí al profesor de un seminario que también prestaba su servicio como ujier en el palco de una gran iglesia. Una vez, cuando fue a tomar parte en una reunión, el pastor lo encomió por su disposición para servir en esta tarea sin brillo a pesar de tener un doctorado en teología. El profesor desvió y minimizó con humildad el elogio al citar el Salmo 84:10: Vale más pasar un día en tus atrios, que mil fuera de ellos; prefiero cuidar la entrada de la casa de mi Dios que habitar entre los impíos. 

En otras palabras: «No piensen que mi comportamiento es heroico porque soy capaz de vencer los grandes obstáculos que presenta mi falta de inclinación natural para cuidar las puertas del santuario. La Palabra de Dios dice que me traerá una gran bendición. De esta manera, maximizo mi gozo en Dios». No nos compadecemos de los que solo hacen lo que les proporciona más felicidad, ni los elogiamos en exceso. Y aunque nos parezca que esto es una virtud, nuestra admiración se desviará hacia el Tesoro que satisface sus almas, no a la simple experiencia de satisfacción. Disfrutar de aquel que es infinitamente Deleitoso no es una gran hazaña, a menos que esté muerto en lo espiritual. Aun así, en tal caso, la solución es la resurrección, y solo Dios levanta a los muertos. Lo que nos queda a nosotros es aspirar el dulce aire de gracia que se respira fuera de la tumba. 

La mayoría de la gente reconoce que si algo se hace por placer, incluso en el plano horizontal, es una lección de humildad. Por ejemplo, un hombre de negocios lleva a algunos amigos a cenar. Cuando firma el cheque, sus amigos comienzan a decir qué bueno fue de su parte pagarles la cena. Sin embargo, él solo levanta la mano en un gesto que dice: «Suficiente». Luego dice: «El gusto es mío». En otras palabras, si hago una buena obra por placer, se rompe el impulso del orgullo. La ruptura de este impulso es la voluntad de Dios y es una de las razones por las que el hedonismo cristiano es tan importante para la vida cristiana.




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3 comentarios:

  1. Gracias por el Articulo aprendi algo importante, gracias!!

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