GNOSTICISMO Peligros gnósticos para la fe cristiana


(K. Hartmann, Atlas-Tafel-Werk zu Bibel und Kirchengeschichte, II, p. 26)

Al formarse los sistemas gnósticos en el siglo II, quedó más en evidencia su oposición a la fe, la misión y la iglesia cristianas, de lo cual también tomaron conciencia los teólogos. Varios de ellos respondieron a esta amenaza.

Peligros especiales:

Dilución del monoteísmo judeocristiano (la fe en un Dios creador único y personal) en un sistema complicado formado por la naturaleza y una “sobrenaturaleza”, presentada como divina.

Dios es reemplazado por lo “divino” indescriptible, el “pléroma” (plenitud), constituido por “emanaciones” o “eones” divinos; fuerzas provenientes del mundo superior y espiritual, y liberadas de Dios. Cuanto más lejos están de su origen, tanto menos “sustancia” divina tienen estas emanaciones, y con ello, verdades parciales de lo divino – tal como sucede al pasar de la luz a la oscuridad.

Ejemplo: la “Ogdoas” superior de las emanaciones divinas, según Basílides:

Arjé (fundamento divino original)
Logos (palabra, lengua)
Sofía (sabiduría)
Dikaiosyne (justicia, derecho)
Nous (razón)
Fronesis (comprensión, inteligencia)
Dýnamis (poder)
Eirene (paz)

De esta “ogdoas” emanan 365 reinos de ángeles y espíritus con sus respectivos poderes (“abraxas”). La última emanación está tan alejada del origen divino, que pierde el contacto con el mismo, convirtiéndose por ello en el creador “malo” del mundo “malo” (el llamado “demiurgo” en otros sistemas).


Diferenciación dualista de dos fuerzas del destino y abandono del ser humano al juego cósmico que realizan estas dos fuerzas entre ellas.

La culpa y la redención quedan sustraídas totalmente de la libertad humana y son “tratadas”, por decirlo así, en un plano superior, el “cielo”. La tierra, ámbito del poder demoníaco del poder original caído y separado, mantiene en esclavitud al resto de las almas divinas “perdidas” en este mundo.

De esta manera también se destruye la unidad entre el AT y el NT.

El Creador se convierte en el “demiurgo”, separado de Dios. Esto también llevó al antisemitismo gnóstico y luego lamentablemente también cristiano, tal como llegó a ser formulado con absoluta crudeza por Marción: para él, el AT y los escritos neotestamentarios “judaizantes” son obra del demonio y una abominación para el creyente.
Para los sistemas gnósticos, es diabólico todo lo positivo de este mundo (alegría, placer, corporalidad y sexualidad, esperanza, dedicación al mundo). Por ello, lo divino debe llevar de vuelta a su origen las almas aprisionadas mediante un acto salvífico cósmico.


Desvalorización soberbia de la fe frente al saber y la razón

El “nous” (razón) es el verdadero contenido de lo divino. De esta manera se forma una desvalorización e incluso un desprecio de todos los “no iniciados”. Los adeptos a la gnosis distinguen entre los “pistikói” (creyentes comunes) y “gnostikói” (los que saben o conocen). Sólo el que tiene este conocimiento adquiere una visión del drama cósmico secreto y puede ser redimido. Los creyentes, que no tienen esa visión básica, a lo sumo podrán entrar un una región inferior del cielo.

Esto llevó a la proliferación incontrolable de especulaciones fantásticas, a cálculos escatológicos matemáticos, a una mística numérica y a la “disciplina del arcano” (ocultamiento de los “conocimientos” esenciales ante los no iniciados). Ejemplo: la especulación de los “ofitas” sobre la serpiente:
El creador del mundo es un demonio; en cambio, la razón es el núcleo divino del salvador (el hijo de dios es la primera emanación). Por ello, la serpiente “inteligente” del Edén es el primer intento salvífico del dios alejado. (Ustedes serán como Dios y sabrán lo que es bueno y malo). Dios es, pues, malo; la serpiente es buena. Esta “gnosis” se transmite sacramentalmente al “ofita” (hermano de la orden de la serpiente) mediante una especie de consagración.

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