ÉTICA TEOCRÁTICA O TEOLÓGICA

1.    Definición
Llamamos Ética teocrática o teológica a la que identifica el bien con la voluntad santa de Dios. Incluye las éticas he
brea y cristiana.
2. Su relación con las demás éticas
El elemento común con las demás éticas es que tratan de los mismos temas: la conducta humana y sus normas. También el mismo propósito: elaborar un sistema de buena conducta; consideran cuestiones de vida personal y social, y las responsabilidades cívicas. Por otro lado, mientras las demás éticas sacan sus normas de muy diversas fuentes, ya sea del análisis de la conducta humana (la evolucionista), ya sea de la especulación metafísica (las trascendentales), ya sea de algún factor de la naturaleza humana como el placer (hedonismo), la utilidad (utilitarismo) o el deber (estoicismo y purismo kantiano), la Ética teocrática funda sus normas en el mismo carácter de Dios, tal como se revela en su Palabra.
3. Presupuestos fundamentales de la Ética hebreo-cristiana
A) La naturaleza moral del hombre. Se considera en primer lugar por ser el punto de contacto más importante con las demás éticas. Estas dan por sentado que el hombre tiene una naturaleza moral; de otra manera no tendrían ra
zón de existir como ciencias de la conducta. A pesar de su enorme diversidad, este hecho es un presupuesto de todas. "La universalidad de los códigos morales —dice Cari F. H. Henry— es un hecho más profundo que el hecho de que están en desacuerdo." Es también un presupuesto de la Ética hebreo-cristiana. Esta enseña que el hombre fue creado a imagen de Dios, y que un elemento de esta imagen es la naturaleza moral del hombre. En su condición anterior al pecado no poseía "la ciencia del bien y del mal", pero sí era capaz de recibir, obedecer y desobedecer los mandamien
tos divinos. Después de la caída, retiene por la gracia de Dios su naturaleza moral creada según la imagen divina, y tiene además conciencia de su propia culpabilidad y pecado, en contraste con la justicia de Dios (nótese su conducta des
pués de la caída). Aunque siguen pecando, los hombres tienen nociones de justicia: Caín teme que le maten por su crimen. El apóstol Pablo enseña (Rom. 2:14-15) que los hombres desprovistos de la Revelación Especial, no sólo tienen conocimiento del pecado, sino que también pueden tener nociones positivas acerca de lo que Dios requiere, "mostrando la obra de la ley escrita en, sus corazones". Aquí se trata de la revelación general hecha a la naturaleza moral del hombre. Pablo habla del "testimonio de la conciencia... acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos". Aunque esta expresión no queda del todo clara en el original griego, lo más probable es que se trata de la función de la concien
cia, que puede desaprobar o aprobar la conducta. O. Halles-by destaca que es común a todos los hombres en su aspecto formal, o sea, tal como la define Knudson: "la convicción de que lo recto existe y que estamos obligados a hacerlo", y de que, además, debemos evitar el hacer lo malo.
B) La naturaleza de Dios. La naturaleza moral del hom
bre no es el presupuesto más importante de la Ética hebreo-cristiana. Su principio característico es que el bien se iden
tifica con la voluntad santa de Dios. La obligación moral del hombre es obedecer a Dios, y la buena conducta es la que él aprueba, lo que la Biblia llama "lo recto ante los ojos de Jehová", mientras que la mala conducta es el pecado contra él —"contra ti solo he pecado" —dice David (Sal. 51:4). Cristo nos exhorta a buscar el reino de Dios y su justicia (Mat. 6:33), y Pablo nos intima que comprobemos "cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta" (Rom. 12:2), con el pensamiento de que El será un día el Juez de toda conducta humana. Una de las críticas más co
munes a este presupuesto básico es que el hecho de que Dios mande hacer o no hacer algo, no es razón suficiente para obligar al hombre a obedecer, pues hace falta saber también que El es perfectamente bueno. Knudson sigue la corriente humanista, aseverando que la base fundamental de la Ética cristiana no debe ser la voluntad de Dios, sino la naturaleza moral del hombre, porque sólo sabemos que lo que manda Dios es bueno gracias al discernimiento moral que tenemos. Esta objeción se resuelve si se deja de considerar la voluntad de Dios como separada del carácter santo de Dios. La volun
tad de Dios es la expresión de su misma naturaleza: El es bueno —el solo bueno (Mt. 19:17; Me. 10:18; Le. 18:19)—, el justo, el Santo de Israel. La conciencia humana reconoce que su ley es santa, justa y buena, y sobre esta base el Espí
ritu Santo convence al hombre de pecado, revelando la absoluta justicia de Dios. Algunos teólogos bíblicos han creído que para que la ley moral encierre una obligación, tiene que ser exterior a la voluntad de Dios; que lo bueno, lo justo, es una "eterna ley de justicia" a la cual Dios mismo se confor
ma. Sin embargo, el concepto de un Dios personal absoluto, fuente de todo ser, y, por tanto, de la Verdad y del Bien, implica que lo bueno se funda, no en una noción abstracta de "justicia eterna", sino en lo que El es, y no viceversa, y de aquí que sea bueno lo que El hace y manda. A los hombres nos parece también bueno en cuanto que somos creados a Su imagen y semejanza. Así nuestra obligación de cumplir los mandamientos divinos descansa también en la naturaleza de Dios: "Sed santos, porque yo soy santo"; "Sed pues, perfec
tos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto".
C) La revelación divina. Un tercer presupuesto, que depende del anterior, es que Dios ha revelado su voluntad en las Sagradas Escrituras. El argumento de Knudson mencio
nado arriba es que la naturaleza moral humana es más fundamental porque son muchos los que han hablado en nombre de Dios, y tenemos que atenernos a nuestro juicio moral para saber cuáles son los mandamientos divinos au
ténticos. A esto respondemos que, si tanto el Antiguo Testa
mento como el Nuevo Testamento son considerados como la revelación auténtica de Dios, entonces lo que dicen de su voluntad puede ser recibido como tal. Empieza el Decálogo con la aseveración inequívoca: "Y habló Dios todas estas pa
labras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios...". La palabra he
brea que traducimos por ley es torah y significa instrucción revelada. Es una revelación especial, ligada con la elección y la redención. La ley fue revelada al pueblo elegido, con el propósito, según revela el Nuevo Testamento, de convencer de pecado y conducir a Cristo, como instrumento en el pro
pósito divino de redención (cf. Gal. 3:23-24). Los profetas invocan la misma autoridad: "La palabra de Jehová vino a...". Y el Señor Jesucristo habla en un tono que demuestra su propia autoridad divina: "Oísteis que fue dicho..., pero yo os digo..." (Mat. 6). La ética revelada del Nuevo Testa
mento es también parte integrante del propósito redentor de Dios, pero como uno de los fines de la redención. Dios re
vela que ha salvado a Su pueblo, para que sean semejantes a Cristo en su vida moral: "Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros, como yo os he amado" (Jn. 15:12); "se dio a sí mismo por nosotros, para redimirnos de toda iniqui
dad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras" (Tito 2:14, comp. con, Ef. 1:4; 2:10; 1.a Ped. 2:24, etc.). Lo bueno en la conducta es identificado por Pablo con el fruto del Espíritu (Gal. 5:22). Para Juan, la buena con
ducta es señal segura e imprescindible de la salvación (1.a Jn. 2:29).
CUESTIONARIO:
1. ¿A qué llamamos Ética teocrática? —
2. ¿Qué relación tiene con las demás éticas? —
3. ¿Cuáles son los presupuestos fundamentales de la Ética hebreo-cristiana? —
4. ¿Sigue siendo presupuesto básico la naturaleza moral del hombre, aun después de la caída? — 5. ¿Cómo puede ser la voluntad de Dios la base primordial de la ética sin caer en la arbitra
riedad? —
6. ¿En qué sentido es la Revelación Especial un presupuesto básico de la ética hebreo-cristiana?
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