El Sábado (desde la óptica adventista)

La Teología del Pacto

Del libro: El Adventismo del Séptimo Día
Por D.M. Canright
Primera Parte:
El Sábado en el Antiguo Testamento:

Texto I
EL SÁBADO EN EL GENESIS
GENESIS 2:1 -3
 "Y fueron acabados los cielos y la tierra, y todo su ornamento. Y acabó Dios en el día séptimo su obra que hizo, y reposó el día séptimo de toda su obra que había hecho. Y bendijo Dios al día séptimo, y santificólo, porque en él reposó de toda su obra que había Dios criado y hecho."
No se menciona el sábado en el Antiguo Testamento sino hasta el tiempo de Moisés. En Génesis 2:1-3 queda establecido que Dios terminó la creación en seis días, que descansó el séptimo y que "bendijo Dios el séptimo día y santificólo, porque en él reposó." Con respecto a esto debemos observar: 1. Que el día no es santo por sí mismo. 2. Que el haber descansado Dios en ese día tampoco lo hace santo. 3. Que Dios santificó el séptimo día porque en él reposó. Su descanso ya había tenido lugar antes de que bendijera el día. 4. Acerca de cuándo lo bendijo Dios, no existe ninguna declaración precisa. Algunos afirman que tal cosa ocurrió en el mismo Edén. Otros arguyen que no fue sino hasta los tiempos del éxodo. Y en favor de una y otra aseveración se presentan argumentos igualmente concluyentes. Pero el hecho de que hombres buenos y entendidos hayan diferido en cuanto al tiempo y lugar de la institución del sábado, debe ponernos sobre aviso en cuanto al peligro de construir una teoría sobre texto tan discutido, tan escaso en Información y que alude a época tan remota. Es, pues, innegable, que el tiempo en que fue santificado el sábado no puede ser determinado con exactitud a base de este texto.
El Diccionario Bíblico de Smith, tratando el tema del sábado, verazmente afirma: "Es en Exodo 16:23-29 que se halla la primera Institución indisputable del día." Acerca del argumento presentado en Génesis 2:1-3 apoyando la institución del sábado en el Edén, dice así: "El argumento es muy inseguro." Génesis 2 no ordena que se observe el sábado. Debemos buscar eso en otro lugar. La santificación del séptimo día que allí se menciona la sostienen algunos que dicen que fue por anticipación. Así como Moisés redactó sus libros después de arribar al Sinaí, después de haber sido dado el sábado en el desierto, aquí menciona una razón por qué Nos les dio el séptimo día, es decir, porque Dios mismo había dado el ejemplo en la creación, habiendo trabajado seis días y descansado el séptimo. Tal uso de lenguaje es frecuente. Decimos que el General Grant nació en tal fecha. Con eso no queremos decir que para esa fecha ya era un general, pero lo mencionamos por anticipación, usando el título que más tarde fue suyo. Así también en Génesis 3:20: "Y llamó el hombre el nombre de su mujer, Eva; por cuanto ella era madre de todos los vivientes." Aquí tenemos un hecho futuro mencionado como ya ocurrido. Así también 1 Samuel 4:1: los judíos asentaron "campo junto a Ebenezer". Pero tal lugar no recibió el nombre Ebenezer sino hasta años más tarde. 1 Samuel 7:12. "Judas Iscariote, que también fue el traidor." Aquí se menciona un hecho futuro tocante a Judas cuando primero se le menciona aunque la traición no fue perpetrada sino hasta años más tarde. Igualmente, cuando el séptimo día es mencionado por primera vez, también se refiere a su santificación aunque no ocurrió sino hasta más tarde. Debemos admitir que esto posiblemente haya ocurrido.
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Texto II
ABRAHAM GUARDÓ EL SÁBADO
GENESIS 26:5
"Por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes.
Abraham guardó los mandamientos y las leyes de Dios. Esto se refiere a los diez mandamientos, por tanto guardó el sábado. 1. Asumen que la sustancia del argumento está probada, vale decir, que se refiere a los mandamientos. 2. Esto ocurrió 430 años antes de haberse dado el decálogo. Gálatas 3:16, 17. ¿Cómo podía observarse aquello que todavía no habla sido dado? 3. Todo cuanto Dios decretó en cualquier oportunidad constituye parte de sus mandamientos, y esto variaría según las circunstancias. Lo que Moisés demandó es llamado el mandamiento de Dios. Deuteronomio 28:1, 15. Pablo dice: "... reconozca lo que os escribo, porque son mandamientos del Señor." 1 Corintios 14:37. "... sacrificaremos a Jehová, nuestro Dios, como él nos dirá." Exodo 8:27. Las órdenes impartidas por el Señor a Noé tocantes al arca eran mandatos de Dios Génesis 6:22. Circuncidar era uno de los mandatos de Dios para Abraham, mandato que éste observó. Génesis 21:4. Así Abraham obedeció todo cuanto Dios le ordenó. Por tanto este texto no se refiere ni a los diez mandamientos ni al sábado.
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Texto III
EL SÁBADO FUE OBSERVADO EN EL DESIERTO
EXODO 16:23-30
"Mañana es el santo sábado, el reposo de Jehová: ... hoy es sábado de Jehová... salieron en el séptimo día... el séptimo día es sábado, ... Jehová os dio el sábado, ... Así el pueblo reposó el séptimo día."
Es aquí en donde por primera vez aparece ordenada la observancia del sábado, lo cual nos muestra que ésta fue una cosa nueva para los Israelitas. Los siguientes hechos lo aclaran: La liberación de los Israelitas del dominio de Egipto marcó una nueva época en la historia de Israel. Este hecho es prominente a través de toda la Biblia. Con tal motivo se les dio un nuevo año y un nuevo principio de meses, (Ex. 12:2), por lo cual es muy probable que pudo haberles dado Dios un nuevo sábado, o que se los dio por vez primera. Cuando menos la relación de su observancia por vez primera, muestra que no era costumbre entre ellos guardar el sábado.
El versículo 30 da la conclusión de todo el asunto, es decir: Por esta razón comenzó Israel aquí a reposar el séptimo día. Hay otros pasajes que armonizan con esta Idea. Comp. Neh. 9:13, 14, - "Y sobre el monte de Sinaí descendiste, y hablaste con ellos desde el cielo, y dísteles juicios rectos, leyes verdaderas, y estatutos y mandamientos buenos: Y notificásteles el sábado tuyo santo..." Ez. 20:10-12: "Saquélos pues de la tierra de Egipto, y trájelos al desierto; Y díles mis ordenanzas, y declaréles mis derechos, los cuales el hombre que los hiciere, vivirá en ellos. Y diles también mis sábados, que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico." ¿Cuándo les dio Dios el sábado? Cuando los sacó de la esclavitud. ¿Dónde? En el desierto en el monte Sinaí. ¿Para qué? Para que fuese una señal entre Dios y ellos.
Estos pasajes no dicen que Dios reposó el sábado, sino que les dio el sábado, lo que implica el acto de entregarles lo que antes no tenían. Muestran por lo mismo que la observancia de ese día fue para ellos, y sólo para ellos, una cosa nueva. Véase Deut. 5:15, el cual declara que el séptimo día debe ser observado como un memorial de la liberación de Egipto: "Y acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido; por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día del sábado." Ahora preguntamos ¿A nosotros se nos ha librado de la tierra de Egipto? Si no es así ninguna relación tiene con nosotros tal texto.
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Texto IV
EL DECÁLOGO ES LA LEY PERFECTA
EXODO 20:1-17
"Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos. No tendrás dioses ajenos delante de mí."
No te harás imagen,... No te inclinarás a ellas, ... No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; ... Acordarte has del día del reposo, para santificarlo: Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día será reposo para Jehová tu Dios: no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas: ... Honra a tu padre y a tu madre,... No matarás. No cometerás adulterio. No hurtarás. No hablarás contra tu prójimo falso testimonio. No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo."
He aquí el decálogo, el cual, según dicen los adventistas, es "la suprema ley moral y espiritual, que gobierna a los ángeles en el cielo; que rige a todos los hombres, en todos los siglos, en el mundo actual y en el venidero; que abarca todos los deberes del hombre, de los cuales ninguno puede dejarse de cumplir sin violarla, y que al mismo tiempo prescribe toda virtud" El Espíritu de la Profecía. Sra. White Vol. I, pág. 261, y Perfection of The Ten Commandements, pág. 4. Estas pretensiones son infundadas y extravagantes. Tan sólo el deseo de sostener el séptimo día, ha conducido a los adventistas a ocupar esta posición tan falsa acerca del decálogo; pues en realidad es extraño que siendo éste tan importante, hayan pasado dos mil quinientos años, como la mitad de la historia del mundo, antes de que hubiese sido dado en el Sinaí.
Examinémoslo. En Deut. 9:10, Moisés dice: "y dióme Jehová las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios; y en ellas estaba escrito conforme a todas las palabras que os habló Jehová en el monte de en medio del fuego, el día de la asamblea." Esto es muy decisivo para evadirlo, pues sin duda todo lo que Dios habló fue parte del decálogo. He aquí las primeras palabras: "Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos. No tendrás dioses ajenos delante de mi" Ex. 20:2,1 "Son muy importantes, fueron pronunciadas por los labios de Dios desde el cielo, escritas por su dedo, grabadas en piedras y puestas dentro del arca." Ahora veamos cualquier cuadro en que los adventistas tienen grabada lo que llaman "ley de Dios". ¿Se encuentran allí estas palabras? No. ¿Por qué han sido quitadas? Sencillamente porque derrumban la falsa teoría que ellos sostienen acerca de esa Ley. Pretenden que es obligatoria a los ángeles, pero ¿cómo sonarán a los ángeles las palabras: "Te saqué de la tierra de Egipto de casa de siervos"? ¿Los ángeles estuvieron esclavizados en Egipto? ¿No les parecería extraño a Gabriel y a los serafines, que se les dijera que habían sido esclavos en aquel país? Por otra parte, sostienen que el decálogo rige a todos los hombres de todos los siglos. Bien, ¿qué pensarían de esto Abraham, Isaac, Jacob, Adam, Enoc y Noé, si se les leyesen las mismas palabras? Leédselas también a cualquier miembro del actual Congreso Federal de nuestra nación, y sin duda juzgará que habéis perdido el juicio por lo extravagante de la Idea, pues no hay dificultad en asegurar que ninguno de ellos fue esclavo en la tierra de Egipto. Entonces ¿a quién son aplicables estas palabras? Solamente a los judíos como nación, y a nadie más.
Los adventistas del séptimo día aseguran que el precepto del sábado es el único que menciona quién dio el decálogo: "Además de este precepto, (el sábado), no hay nada en el decálogo que muestre por autoridad de quién fue dada la ley". Sra. White en Great Controvérsy, pág. 284. Esto no es verdad, pues las palabras introductorias dicen que lo dio Dios, quién los sacó de Egipto. Aquí vemos el nombre, firma y sello de esa ley en sus primeras palabras. Dios se muestra en ella como su Libertador, más bien que como su Creador, y la obediencia del pueblo a sus mandamientos se funda en este hecho. Nótese cuán claro es esto: "Te saqué de la tierra de Egipto", por lo tanto obrarás de este y de aquel modo. Se habla de Egipto, no de Edén. En la copia del decálogo tal como se halla en Deut. 5:6-2p no se hace ninguna referencia a la creación; por el contrario, la liberación es muy prominente.---Tratar de interpretar este pasaje más allá de los límites de su Introducción, es violar las reglas de la sana crítica."
¡Qué extraño sería el que al dar un documento importante se pusieran el nombre y la firma del autor a la mitad de él, como pretenden los adventistas que hizo Dios al dar el decálogo! En la actualidad se firma al fin de los documentos, pero antiguamente, y con especialidad entre los hebreos, esto se hacía al principio, en la primera oración del documento. Comp. Esd. 7:12, "Artajerjes, rey de los reyes, a Esdras, sacerdote; "Isa. 1:1, "Visión de Isaías hijo de Amoz;" Jer. 1:1, "Las palabras de Jeremías hijo de Hilcías...;" Rom. 1:1, "Pablo, siervo de Jesucristo...;" Sant. 1:1, "Jacobo, siervo de Dios y del Señor Jesucristo...;" la. Ped. 1:1, ---Pedro, apóstol de Jesucristo..."; y así, en toda la Biblia, el nombre y autoridad son dadas al principio y luego sigue el cuerpo del documento. De acuerdo con esto Dios, al dar el decálogo, primero anuncia su nombre: ---Jehová tu Dios" y su poder: "que te saqué de la tierra de Egipto."
Tomemos, no obstante, el mandamiento del sábado: Encontramos que en el séptimo día no deben trabajar "ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas." Ex. 20:10. ¡He aquí órdenes dadas a los ángeles en el cielo! ¿Qué pensáis? Se les habla de hijos, hijas, y "mujer del prójimo" (v. 17), cuando---ni se casan ni se dan en matrimonio". Se les habla también de bestias, bueyes, asnos etc. ¿Qué en el cielo poseen los ángeles bestias, y allí trabajan los bueyes y los asnos? También se mencionan siervo y criada, esto es, los esclavos que entonces poseían los hebreos. Esto se ve claramente en el décimo mandamiento v. 17: "No codiciarás... ni... siervo, ni... criada, ni... buey, ni... asno ... de tu prójimo". Todos estos eran de su propiedad. Pero ¿los ángeles tienen esclavos? ¿Los tuvo Adam en el Edén? ¿Los tendrán los redimidos en la vida futura? ¡Qué disparate resulta de aplicar esta ley a los ángeles, al Edén, o al cielo! Esta fraseología es aplicable especial y únicamente a las condiciones sociales de los judíos como nación en la tierra de Canaán, y a nadie más.
Por otra parte, en el mismo mandamiento también se habla de "tu extranjero que está dentro de tus puertas," v. 10. Todo mundo sabe que extranjero entre los israelitas era el gentil. "Dentro de tus puertas" era una expresión común que da a entender: En vuestras ciudades, o viviendo en tu país. Las poblaciones estaban amuralladas, y a ellas se entraba por ciertas puertas. Comp. Gén. 23:10, "respondió Ephrón Heteo a Abraham, en oídos de los hijos de Heth, de todos los que entraban por la puerta de su ciudad..." Deut. 16:18, "Jueces y alcaldes te pondrás en todas tus ciudades, (heb. puertas)..." A esta costumbre de los judíos es a la que se refiere este mandamiento, y no solamente a las personas que están radicadas en la casa o hacienda de cada quien, o de paso en ellas, como arguyen los adventistas. Esto muestra que el decálogo fue una ley nacional, dada con el fin de que cada una de sus partes se adaptase a determinadas circunstancias de los hebreos en aquel tiempo.
El quinto mandamiento hace referencia a la promesa de vivir "en la tierra que Jehová tu Dios te da," la cual fue, sin duda, la tierra de Canaán. El noveno dice: "No hablarás contra tu prójimo falso testimonio." Ex. 20:16. Este no habla de la mentira en general, sino solamente del juramento falso contra un prójimo ante los tribunales. V. Deut. 19: 15-19. Un hombre podría haber dicho cien mentiras de las cuales ninguna fuera falso testimonio contra el prójimo, si el mandamiento contra la mentira no se hallara en Lev. 19:11: "no engañaréis, ni mentiréis ninguno a su prójimo" el cual es un precepto moral mucho más amplio que el noveno mandamiento.
Cada principio contenido en el decálogo se halla también una y otra vez asentado, sea en las mismas palabras o en otras parecidas en la ley de Moisés. Así, por ejemplo, Lev. 19, repite cada uno de los principios morales que se hallan en el decálogo y, además, menciona otros muchos que no se encuentran en aquel. En qué equivocación se cae entonces al dar al decálogo el nombre de "ley moral" y al resto el de "ley ceremonial" cuando ambas son de la misma naturaleza, siendo el primero solamente formado de los preceptos representativos de la ley mosaica.
Pero el argumento presentado como principal para defender la superioridad de los diez mandamientos, es que estos fueron pronunciados por la voz de Dios, escritos en piedras por su dedo, y colocados dentro del arca; mientras que el resto de la ley fue escrito por la mano de Moisés en un libro, el cual fue puesto a un lado del arca. Por esto preguntan: ¿Por qué estos mandamientos fueron escogidos y dados de tal manera, si no fue para exaltarlos sobre todos los demás? La respuesta es sencilla. Según una costumbre de aquellos tiempos, cualquier pacto o contrato solemne era cerrado eligiendo algún objeto como prueba o testimonio de él. Así Jacob erigió una piedra como prueba de su voto a Dios, Gén. 31:48; y Abraham separó siete corderas como un "testimonio" de su convenio con Abimelec, Gén. 21:27-30.
De igual manera, cuando el pacto solemne fue verificado entre Dios e Israel en Sinaí, el Señor les dio las tablas de piedra para que las guardaran como una prueba, o "testimonio" de aquel convenio. Por esta causa son llamadas tablas del testimonio," esto es, pruebas del pacto, Ex. 31:18. Comp. Núm. 1:53 "tabernáculo del testimonio"; 17: 7. De consiguiente estas tablas de piedra contenían sólo algunos de los principales artículos de aquella ley, los cuales debieron ser conservados como una prueba del pacto que Israel hizo de observarla. Evidentemente esta es la razón por la que el decálogo fue dado de ese modo, y no porque él era toda la ley perfecta y eterna de por sí.
Manifiestamente habría sido imposible llevar la ley por todas partes, si toda ella hubiese sido escrita en piedras; por esto unas cuantas palabras sacadas de ella fueron seleccionadas y puestas en piedras para guardarlas como un testimonio del pacto aquel. Repetimos que la razón por la que Dios lo hizo así no fue porque allí estuviese la ley completa y perfecta, sino para impresionar las mentes de los hebreos de manera que no pudiesen olvidarla. Dios mismo dice exactamente esto en Deut. 4:10 "Júntame el pueblo, para que yo les haga oír mis palabras, las cuales aprenderán, para temerme todos los días que vivieren sobre la tierra..." ¡Cuánto más simples y manifiestas son estas razones que las inventadas por los sabatistas!
Dicen, por fin, que los diez mandamientos son "la ley perfecta" que "condena todo pecado posible y prescribe toda posible virtud." Perfection of The Ten Commandentents, pág. 4. Pero todo esto no es más que una suposición contraria a la verdad. Probemos. ¿Cuál de los diez mandamientos condena el orgullo, la jactancia, la embriaguez, la Ingratitud, el amor a los placeres, la Ira, las conversaciones obscenas, la impaciencia, la discordia, el egoísmo y otros semejantes? ¿Cuál de ellos nos ordena alimentar a los hambrientos, visitar a los enfermos, socorrer a los huérfanos y a las viudas, sufrir con paciencia y ser benévolos, mansos templados, u orar, arrepentirnos, asistir a los cultos, perdonar las injurias, etc.? Ciertamente que ninguno, pues el decálogo no fue dado con tal propósito; su naturaleza fue solamente prohibitiva. El hombre que se concreta a no hacer nada malo, quien sólo evita el crimen, guarda esa ley, pues el decálogo no exige nada, sino evitar el crimen. Pero la ley de Dios mediante la cual el cristiano debe vivir, le obliga a evitar esto y a hacer mucho más. El debe amar a Dios, amar a su prójimo, amar a sus enemigos, y mostrar ese amor con la actividad en toda buena obra y la consagración de todas sus energías a su Salvador.
En fin, nunca se dice en las Sagradas Escrituras que el decálogo solo sea la ley de Dios, ni la ley del Señor, ni la ley perfecta; ni tampoco se dice que por él serán juzgados los cristianos, o que a él están obligados.
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Texto V
EL SABADO ES PERPETUO
EXODO 31:16, 17
"Guardarán, pues, el sábado Tus hijos de Israel: celebrándolo por sus edades por pacto perpetuo: Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó, y reposó."
Aquí los sabatistas encuentran tres expresiones de las cuales arguyen que el sábado nunca puede acabar. 1. "Por sus edades" (o generaciones). 2. "Perpetuo" 3. "Para siempre." Preguntan: ¿Lo que es perpetuo y para siempre cuándo terminará?
Realmente si este argumento fuera verdadero, perpetuaría no sólo el sábado, sino también toda la ley levítica, la circuncisión, la pascua, el sacerdocio, etc. Comp. Ex. 12:14; 30:8; 29:42; 30:10, 21; 40:15; Lev. 6:18; 3:17; 7:36; 23:14, 21, 41; 24:3; Núm. 10:8; 15:38, etc.
¿Observan todos estos ritos los adventistas? No sabemos explicar por qué no lo hacen, pues los términos: "perpetuo" "para siempre" "por todas las edades" (o generaciones) son tan aplicables en todos estos casos, cuyas ordenanzas cesaron, como en el del sábado. En esto concuerdan los adventistas con nosotros. En cambio, ninguno de estos términos es aplicable a las leyes o deberes morales. ¿Acaso se lee alguna vez: "No matarás por todas tus edades," o "será un estatuto perpetuo que no robarás," o "para siempre no tendrás otros dioses"? De aquí concluimos que el sábado iba a cesar con todas las demás ordenanzas judaicas.
Si se pretende aún que este pasaje obliga a la observancia del sábado, diremos que entonces los cristianos gentiles deben de principiar por hacerse israelitas, pues en él se dice que "guardarán el sábado los hijos de Israel", y la señal es para "los hijos de Israel". Todo el mundo sabe cuál es el rito de iniciación de los judíos, éste es requerido antes que la observancia del sábado. ¿Se han circuncidado ya los adventistas? Si no lo han hecho así, o son inconsecuentes consigo mismos, o con su proceder prueban que creen tanto en la perpetuidad del sábado como en la de los demás ritos legales, y, por lo tanto, nos conceden completamente la razón.
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Texto VI
LOS SÁBADOS ANUALES
LEVITICO 23
Léase atentamente todo este capítulo, y compruébese cada una de las aserciones del autor.
Dice el Pbro. Andrews en su "Historia del Sábado". "Había siete sábados anuales," y en seguida menciona los días de fiesta judíos: Pentecostés, la expiación, los tabernáculos, etc., y en su apoyo cita este capítulo. Es verdad que en nuestra versión española de Reina-Valera la palabra sábado se aplica a cuatro de estas fiestas, (véanse vs. 24, 32, 39), pero si consultarnos la Versión de los Setenta, hallamos que la palabra sábbaton, que se traduce sábado, no aparece sino una sola vez en el v. 32, la palabra que se encuentra en este lugar en la Biblia hebrea es shabbath; en cambio en los demás lugares alegados las palabras son en hebreo shabbatlon, en griego arápausis, las cuales en nuestro idioma se traducen cesación o reposo.
Hemos visto, pues, que con excepción de los sábados semanales y el dia de la expiación, nunca se da el nombre de sábado a las demás fiestas del año. Es, por lo tanto, impropio hablar de sábados anuales, y menos fundado es decir que estos son siete. Lo propio es hablar de ellos corno de los días de fiestas solemnes. Aún el Pbro. Andrews confiesa que "los sábados anuales formaron parte de estas fiestas, los cuales no pudieron existir, sino hasta después de que éstas fueron instituidas". Historia del Sábado, pág. 86. De aquí que el término sábados debe aplicarse únicamente y de un modo exclusivo a los descansos semanales durante el año, aunque en él existan o no otros días especiales de reposo.
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Texto VII
EL SÁBADO EXALTADO
LEVITICO 23:38
"Además de los sábados de Jehová."
Se arguye que aquí separa el Señor los sábados de las demás fiestas anuales, mostrando así que el sábado es de distinta naturaleza, y citan así el pasaje: "Estas son las fiestas solemnes de Jehová... además de los sábados de Je1nová." Pero léase todo el pasaje contenido en los vs. 37 y 38. ¿Qué encontramos? Que no sólo el sábado, sino también los dones, los votos y las ofrendas son mencionados en el mismo versículo. Realmente la idea es esta: Los dones, los votos y las ofrendas ocurren semanal o diariamente, mientras que los demás días de fiesta y de ofrendas especiales acontecen una sola vez en determinadas ocasiones. Así, pues, cuando estas ofrendas y días de fiesta especiales ocurren al mismo tiempo que los servicios diarios o semanales, estos no deben omitirse para dar lugar a los otros, sino que deben celebrarse además de todos aquellos. Cualquiera puede ver que este es el simple significado de las palabras de estos versículos. La idea no es distinguir al sábado de las otras fiestas, sino más bien la de añadir estas juntamente a los servicios de los sábados o a los de las ofrendas diarias.
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TEXTO VIII
LAS DOS LEYES
DEUTERONOMIO 31:24-26
"Y como acabó Moisés de escribir las palabras de esta ley en un libro hasta concluirse. Mandó Moisés a los Levitas que llevaban el arca del pacto de Jehová, diciendo: Tomad este libro de la ley, y ponedlo al lado del arca del pacto de Jehová vuestro Dios, y esté allí por testigo contra ti."
Como vimos en los párrafos referentes al texto cuarto, los adventistas hacen una curiosa distinción entre el decálogo y el resto de la ley mosaica. Llaman al primero "ley moral", y al resto "ley ceremonial." De este modo dice el Pbro. Smith que "la ley moral fue pronunciada por Dios desde el Sinaí con su propia voz, y escrita dos veces por su dedo en tablas de piedra," "fue depositada dentro del arca" y "se refiere sólo a deberes morales." Por lo que se ve alude a los diez mandamientos, ni más, ni menos. Por otra parte, "la ley ceremonial fue comunicada a Moisés privadamente y escrita por éste en un libro," (Deut. 31:9), "el cual fue colocado al lado del arca." Deut. 31:26. Sinopsis de la Verdad Presente, pág. 266.
Por esto aseguran que lo que no se encuentra en el decálogo, lo cual fue escrito por Moisés, es completamente ceremonial, El decálogo estuvo dentro del arca, y el libro de la ley a un lado de ella. Preguntamos: ¿Qué contenía el libro de la ley? La respuesta es muy sencilla: Contenía los cinco libros de Moisés: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. La prueba de ello la encontramos en muchos pasajes de los cuales citamos los siguientes: 2 Rey. 14:6 cita Deut. 24:16, como "el libro de la ley de Moisés"; 2 Crón. 35:12, cita Lev. 3:3, "en el libro de Moisés"; Esd. 6:18, cita Núm. 3:6, "en el libro de Moisés"; Jos. 8:31, cita Ex. 20: 25 "en el libro de la ley de Moisés"; 1 Cor. 14:34 cita Gén. 3:16, como "la ley". El Dr. Scott comentando Deut. 31:26 dice: "Parece que este libro era una copia auténtica y correcta de los cinco libros de Moisés."
Vemos que lo que los adventistas llaman la ley ceremonial contiene gran número de preceptos puramente morales como el decálogo. Léanse los siguientes: Ex. 22:21, 22: "Al extranjero no engañarás, ni angustiarás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto. A ninguna viuda ni huérfano afligiréis." 23:2: "No seguirás a los muchos para mal hacer; ni responderás en litigio inclinándote a los más para hacer agravios." Lev. 19:2, 16, 18: "Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios." "No te pondrás contra la sangre de tu prójimo". "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." Deut. 16:19: "No tuerzas el derecho; no hagas acepción de personas, ni tomes soborno; porque el soborno ciega los ojos de los sabios, y pervierte las palabras de los justos." 18:13: "Perfecto serás con Jehová, tu Dios." ¿Estos mandamientos deben ser clasificados como ceremoniales tan sólo porque Dios no los escribió en piedras, sino que los dio a Moisés para que los escribiese en un libro? Seguramente no. De modo que la naturaleza de un precepto no debemos determinarla por el medio en que éste fue dado, pues Dios los dio en distintas ocasiones corno mejor le plugo.
El siguiente pasaje arruina por completo la teoría adventista de las dos leyes: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento grande en la ley? Y Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente. Este es el primero y el grande mandamiento. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas" Mat. 22:36-40.
Nótese. L Que estos dos mandamientos estuvieron en "la ley". 2. Que ninguno de ellos está en el decálogo. 3. Que ambos se encuentran en lo que los adventistas denominan "ley ceremonial." (Deut. 05; Lev 19: 18). 4. Que ninguno de los dos fue hablado por Dios, ni escrito por él, ni grabado en piedras, ni colocado dentro del arca; sino que ambos fueron dictados por Dios a Moisés privadamente, quien los escribió en un libro, y fueron colocados a un lado del arca. 5. Que estos dos preceptos son los más importantes de todos. Jesús dijo respecto al primero: "El primer mandamiento de todos es," y de los dos: "No hay otro mandamiento mayor que estos" (Mare. 12:29, 31). 6. Que de estos dos mandamientos depende toda la ley. De consiguiente, los dos mandamientos más importantes se encuentran en el "libro de la ley", no en las tablas de piedra. Esto, como dijimos, destruye totalmente el argumento en favor de las dos leyes, y muestra que el mero hecho de que los diez mandamientos fueron pronunciados por Dios, escritos en piedras y colocados dentro del arca, no es prueba de que son superiores a los dados por medio de Moisés en el "libro de la ley."
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TEXTO IX
LAS DOS LEYES
2 REYES 21:8
"...con tal que guarden y hagan conforme a todas las cosas que yo les he mandado, y conforme a toda la ley que mi siervo Moisés les mandó"
Con este pasaje pretenden también sostener la teoría de las dos leyes; Dicen que muestra que una fue dada por Dios, el decálogo; la otra por Moisés. A esto respondemos con Mat. 22:30-40 y los argumentos referidos en la última parte del texto anterior ya examinado.
Por ora parte, la cuestión sobre este texto es muy sencilla. La enunciación es incoherente, eso es todo. Léase el mismo texto en 2 Crónicas 33:8: " ... a condición que guarden y hagan todas las cosas que yo les he mandado, toda la ley, estatutos, y ordenanzas, por mano de Moisés." La cosa en este lugar está demasiado clara; Dios les dio todo por mano de Moisés. Comp. Neh, 8:14: "Y hallaron escrito en la ley que Jehová había mandado por mano de Moisés,..."
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TEXTO X
EL SÁBADO PARA MIL GENERACIONES
1 CRONICAS 16:15-18
"Haced memoria de su alianza perpetuamente, Y de la palabra que él mandó en mil generaciones; Del pacto que concertó con, Abraham, Y de su Juramento a Isaac; El cual confirmó a Jacob por estatuto, Y a Israel por pacto sempiterno, Diciendo: A ti daré la tierra de Canaan, Suerte de vuestra herencia."
Dícese que el pacto al cual se hace aquí referencia es el decálogo que debe existir para mil generaciones; que fue dado a los patriarcas y debe aún observarse por algunos siglos. Calculan que con tal que de Adán a esta parte habrán transcurrido menos de doscientas generaciones, y que por lo mismo los diez mandamientos deben ser guardados por ochocientas generaciones más.
Desde luego diremos: 1. El término "mil generaciones" manifiestamente es una expresión que manifiesta tiempo indefinido, y no, ni más ni menos, mil generaciones. Si el mundo debe permanecer aún por ochocientas generaciones más ¿en qué vendrá a parar el adventismo del séptimo día? ¡Si toman este pasaje literalmente, adiós próximo regreso de nuestro Señor Jesucristo! 2. Este pasaje desde el versículo 8 hasta el 36 es poesía, y naturalmente en él se usa la licencia poética. 3. El pacto aquí mencionado no es el de los diez mandamientos, pues Moisés terminantemente dice que los patriarcas no tuvieron el pacto del decálogo. Deut. 5:2. 3: "Jehová nuestro Dios hizo pacto con nosotros en Horeb. No con nuestros padres hizo Jehová este pacto, sino con nosotros todos los que estamos aquí hoy vivos." El pacto a que aquí se alude es el hecho con Abraham. Véase v. 16 del pasaje que estamos considerando. 4. Se habla aquí de las promesas que Dios hizo a Abraham, a Isaac y a Jacob de darles la tierra de Canaán. Véase v. 18 con Gén. 15:18; 203; 28:13. Por lo que vemos que ninguna referencia se hace aquí al decálogo.
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TEXTO XI
LAS DOS LEYES
NEHEMIAS 9:13, 14
"Y sobre el monte Sinaí descendiste, y hablaste con ellos desde el cielo, y dísteles juicios rectos, leyes verdaderas, y estatutos y mandamientos buenos: Y notificásteles el sábado tuyo santo, y les prescribiste por mano de Moisés tu siervo, mandamientos y estatutos y ley."
En este pasaje encontramos nuevamente el asunto de las dos leyes. Se dice que Dios mismo le dio una serie de ellas, y después otra por medio de Moisés.
Es verdad que una parte de la ley fue dada de un modo 3t la otra de otro modo distinto; pero esto ni declara, ni sugiere que fueron dos leyes diferentes y de distinta naturaleza.
Consúltese lo dicho acerca de 2 Rey. 21:8 en donde se halla completamente refutada esta teoría.
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TEXTO XII
LA LEY PERFECTA
SALMO 19:7
"La ley de Jehová es perfecta, que vuelve el alma."
Los adventistas citan constantemente este texto, para probar que los diez mandamientos son la ley perfecta, y que, por lo tanto, no pueden ser cambiados.

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