El patrón de la Historia de la Redención

El Patrón de la Historia de la Redención
por Roberto D. Brinsmead

El Marco Histórico del Evangelio

El cristianismo es una religión histórica. Su Evangelio es la proclamación de un evento que sucedió en la Palestina durante el reinado de Augusto y Tiberio César. Justamente como la confesión de la fe israelita consistía primordialmente en una recitación de los grandes actos de Dios en su historia, así la fe cristiana consiste primordialmente en la recitación de la gran obra de Dios en Jesucristo (1 Cor. 15:3, 4). Dice George Eldon Ladd:

La peculiaridad y escándalo de la religión cristiana descansa sobre la mediación de la revelación a través de los eventos históricos. La fe hebreo-cristiana se sostiene aparte de las religiones de su ambiente, porque es una fe histórica, mientras que las otras eran religiones arraigadas en la mitología o en los ciclos de la naturaleza. El Dios de Israel fue el Dios de la historia, o el Geschichtsgott, como lo ponen tan vívidamente los teólogos alemanes. La fe hebreo-cristiana no creció desde las altivas especulaciones filosóficas o desde experiencia místicas profundas. Se levantó de las experiencias históricas del viejo y del nuevo Israel. Este hecho imparte a la fe cristiana un contenido específico y una objetividad que la separan de todas las demás.

La Biblia no es primordialmente una colección de las ideas religiosas de una serie de grandes pensadores. No es primeramente un sistema de conceptos teológicos y mucho menos de especulaciones filosóficas.

La recitación de los actos históricos de Dios es la substancia de la proclamación cristiana.

Si la esencia del mensaje cristiano consistiese en ideas filosóficas, verdades eternas, ideales éticos o profundas perspectivas religiosas acerca de Dios, luego podría descartarse el marco histórico sin efectuar ningún cambio esencial en el cristianismo. Pero el cristianismo se sostiene o cae sobre la veracidad del relato de que Jesús de Nazaret vivió, murió y resucitó.

A lo largo de la historia de la iglesia ha habido la tendencia de desprender, de una u otra forma, el Nuevo Testamento del Antiguo Testamento y quitar, de esta forma, la naturaleza histórica del Evangelio. Pero cuando se empuja a un lado el elemento histórico, el mensaje del Nuevo Testamento queda seriamente distorsionado. Se torna tan individualista, internalista, espiritualista y racionalista que pierde su contacto con la tierra.

El Liberalismo

El racionalismo y la así llamada Iluminación, tanto como gran parte de la crítica moderna, socavan la fe en el carácter histórico de la Biblia. El liberalismo y la nueva ortodoxia concluyeron que colocar la fe en el carácter histórico de la Biblia era una aventura demasiado arriesgada. Eventos tales como la caída del hombre, el diluvio, el éxodo, el nacimiento virginal y la resurrección corporal de Jesús fueron considerados como mitos que incorporaban verdades eternas espirituales.

El elemento supremamente importante no fue la historia de la natividad, sino el nacimiento de la buena voluntad en el corazón; ni la resurrección actual de Cristo, sino el despertar de los hombres a la fe mediante un encuentro personal con Dios. Es verdad que la santa historia de la Biblia puede usarse como medio para despertar la conciencia religiosa del hombre. Pero desafortunadamente el elemento importante de este acercamiento no fue la santa historia de Jesucristo, sino su revalidación en la experiencia individual presente.

Pietismo, Reavivalismo y Pentecostalismo

Es muy fácil para los cristianos de una persuasión más conservadora infamar a los liberales. Pero la verdad es que los movimientos conservadores tales como el pietismo, el reavivalismo y el pentecostalismo han tendido también a subordinar el elemento histórico del cristianismo a una experiencia personal. El pietismo con su énfasis sobre la piedad interna, el reavivalismo, con su preocupación por la dramática experiencia de conversión, y el pentecostalismo, con su énfasis sobre la obra interna del Espíritu Santo, han tendido a internalizar el contenido esencial del mensaje cristiano.

Sería erróneo no tomar en cuenta los beneficios de estos movimientos, que han ministrado a Cristo a la experiencia de miles. En muchos aspectos han sido una reacción benéfica contra una ortodoxia seca y un árido intelectualismo en la iglesia. Pero debemos cuestionar su tendencia de hacer que el Evangelio suene sospechosamente como la proclamación del gran acto de Dios "en mi experiencia".

Es fácil pensar que eventos que ocurrieron siglos ha son demasiado impersonales por estar tan distantes. Algo que nos toque directamente como una experiencia de "Cristo en el corazón" o ser "llenos del Espíritu" puede parecer más real que la recitación de una historia aparentemente muy lejana de nuestra situación presente. Después de todo, ¿no dijo el apóstol Santiago que una mera creencia histórica es inútil? ("Aún los demonios creen y tiemblan"-Santiago 2:19; compárese con 2:14-16).

No cuestionamos la importancia del Espíritu Santo. Su obra es justamente tan necesaria para nuestra salvación como la muerte de Cristo en la cruz. El asunto es la naturaleza de la obra del Espíritu. El no fue enviado para añadirle a la obra de Jesucristo y crear así una tensión entre la obra de Dios por nosotros y su obra en nosotros; tensión entre el acto histórico de redención y la experiencia de Cristo en el corazón. Existe un verdadero "misticismo" cristiano o unión con Cristo. Hay un nuevo nacimiento y bautismo en el Espíritu Santo, sin el cual nadie puede ser salvo. Pero esta experiencia no es independiente y ni siquiera suplementaria, a la santa historia de Jesucristo. El Espíritu es dado para bautizar o incorporarnos en la santa historia de Jesucristo. Por la fe vienen a ser nuestras su vida, muerte, resurrección y ascensión.

Tomar el nuevo nacimiento o la vida llena del Espíritu y darle significado aparte de la santa historia de Jesucristo es un enredo positivo. De hecho, no es cristiano. Somos renacidos cuando el Espíritu nos incluye en la santa historia de Jesús en tal forma que participamos en la nueva creación que tomó lugar en él. Estamos llenos del Espíritu cuando nos sumergimos de tal forma en la santa historia de Jesús que esto llega a ser el único jeto en que nos gloriamos. No podemos escribir una nueva historia que nos haga importantes a los ojos de Dios. Sólo hay una historia que cuenta delante de Dios, y es obra del Espíritu incluirnos gratuitamente en ella-así como todo verdadero israelita estaba incluido en el éxodo, aunque hubiera nacido miles de años después.

Esta relación entre la historia sagrada de Jesús y el Espíritu es un aspecto singular de la religión cristiana. Lleva consecuencias profundas y prácticas.

1. Elimina un individualismo no bíblico. Todo creyente es bautizado por el Espíritu en la única historia santa (1 Cor. 12:13). Cada persona llega a formar parte de la comunidad redimida, donde todos comparten la dignidad de una santa historia. Justamente como ningún judío podía gloriarse en su éxodo privado, sino que sólo podía vivir agradecido de que estaba incluido en aquel éxodo compartido por la comunidad completa, así también, cada creyente participa en aquella vida, aquella muerte y aquella resurrección que cuentan delante de Dios. No hay superioridad ni inferioridad en esta comunidad. Todos tienen una justicia delante de Dios. La idea de estar un cristiano refiriendo a otros su excitante historia santa, mientras estos se embelezan con envidia de su experiencia, es una ofensa al Evangelio de Cristo. La iglesia es una asamblea. Es una comunidad que se reúne en derredor de la santa historia de Jesús como les es representada en el Evangelio y los sacramentos. Todos tienen una comida y una bebida espiritual.

2. El Espíritu no da a ninguno un conocimiento de Dios en una experiencia privada, reemplazando el conocimiento de Dios dado en Cristo y éste crucificado. Dios ha dado la revelación completa y final de sí mismo en la santa historia de su Hijo. Los que reclaman acceso a algún conocimiento adicional de Dios mediante una experiencia mística están negando el Evangelio. En el Evangelio, los creyentes tienen igual acceso al único conocimiento de Dios.

3. En estos días, cuando "Cristo en el corazón" puede significar toda clase de cosas, debemos estar seguros de que el Jesús que está en nuestros corazones es el Jesús de la historia sagrada.

La única forma en que él puede estar en nuestros corazones es que nosotros atesoremos en nuestros corazones su vida, muerte y resurrección. Cuando Pablo dijo que Cristo vivía en él, explicó cómo: "lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó a sí mismo por mí" (Gál. 2:20).

Cuando se divorcia al Cristo en el corazón del Cristo de la historia, el creyente se preocupa por su propia historia en vez de la historia divina de salvación. El subjetivismo religioso se puede constituir en la forma más aplastante de legalismo. Dice G. W. Bromiley:

A la vez que debemos cuidarnos de exagerar, el estudio de una gran parte del evangelicalismo, de la piedad e himnologia modernas, revela cuán seria es la influencia que han tenido sobre el evangelicalismo las fuerzas combinadas del pietismo, Schleiermacher y Kant, p. ej., en el énfasis sobre la centralidad de la decisión, sobre el creyente y su estado emocional, y aún sobre procedimientos sicológicos. Se usa el material bíblico, pero con un énfasis y en una proporción muy diferentes de aquellas de la Biblia, de modo que el resultado queda muy distante de ser bíblico. Porque una teología no puede ser genuinamente bíblica, sea como sea de sana su doctrina acerca de las Escrituras, o como sea de estricto su uso del material escritural, si alcanza un énfasis subjetivo, y por lo tanto antropológico, más bien que objetivo y, por ende, cristológico y teológico.

4. El Evangelio del Nuevo Testamento puede llamarse "Evangelio objetivo", porque anuncia una salvación basada en algo que ya tomó lugar en la historia. El creyente no tiene defensa en contra del legalismo subjetivo a menos que el Espíritu le enseñe que su posición ante Dios, tanto ahora como en el juicio final, está basada en ese evento histórico concreto, completamente fuera de su propia experiencia. Esta no es la negación de la experiencia cristiana sino el reconocimiento de que es el resultado de algo más fundamental. El que hace de su propia experiencia la cosa principal es como el hombre que busca la alegría. El Espíritu que viene a nosotros, vestido en el Evangelio nos enseña a encontrar nuestra satisfacción en la vida y obra de Otro. Esto nos capacita para abandonarnos a nosotros mismos al reino de Dios. Esa es la esencia de una genuina experiencia.

Ortodoxia

Indudablemente que Ladd está en lo correcto cuando dice:

Tradicionalmente, la teología ortodoxa subestimó, o al menos enfatizó pobremente, el rol de los actos redentores de Dios en la revelación. El ensayo clásico religioso de B. B. Warfield reconoce el hecho de la revelación a través de la instrumentalidad de obras históricas, pero subordina completamente la revelación mediante actos a la revelación en palabras.

Todas las grandes doctrinas de la Biblia deben colocarse en el marco histórico de la Biblia. Las grandes palabras y conceptos del Nuevo Testamento tienen su raíz en la historia del Antiguo Testamento. Ignorar estas raíces históricas y desarrollar una teología novotestamentaria aislada de su trasfondo histórico, distorsiona el mensaje cristiano. Esta es la razón por la cual las teologías clásicas sistemáticas no son adecuadas. Subordinan la revelación dada en los actos divinos a la revelación en proposición ("revelación proposicional"). Tienden a abstraer la teología de su lugar histórico y a colocarla en un marco racionalista.

El período que siguió a la Reforma fue el período del escolasticismo protestante. La fe quedó ubicada en un marco racionalista, que en muchos aspectos fue un retorno al escolasticismo medieval. La ortodoxia estuvo tan interesada en la metafísica y en la sistematización como en el Evangelio bíblico verdaderamente histórico. Su característica distintiva fue el pensamiento abstracto especulativo. Fue griega más bien que hebraica. Brian G. Armstrong señala que en el siglo diecisiete, la justificación por la fe fue "ciertamente una segunda consideración en la ortodoxia reformada".

Y en el continuo debate con el catolicismo romano, se debatió sin fin toda clase de tópicos-la transubstanciación, la confesión auricular, los signos de la iglesia, la autoridad de la iglesia, las Escrituras, etc.-pero casi nunca la justificación. Uno encuentra literalmente cientos de relatos de conferencias entre prominentes eclesiásticos protestantes y católicos, pero aún no hemos hallado en el siglo diecisiete uno que llevara por tema la justificación.

En la ortodoxia reformada que siguió a Calvino, la teología fue desarrollada en un marco racionalista y especulativo mas bien que histórico. Un concepto filosófico y lógico de la predestinación fue movido al centro y punto de partida de un sistema dogmático. Luego, este concepto se infiltró a sí mismo a través de las doctrinas acerca de Dios, del hombre, de Cristo, de la salvación, etc.

Lentamente retrocedió el calvinismo a una expresión religiosa que se parecía mucho a la forma de pensamiento escolástico medieval más que al pensamiento de los primeros reformadores.

Como quiera, debemos decir que, en general, el escolasticismo, y no la teología de Calvino, prevaleció en el protestantismo reformado. .

La razón y la lógica aristotélica fueron elevadas en Beza hasta una posición igual a la de la fe en la epistemología teológica....

Todo el programa teológico de Beza muestra una seria desviación del de Calvino;

El protestantismo quedó ensillado con una doctrina de elección que no tiene raíces en la santa historia del Antiguo Testamento. No se permite a Dios expresar su libertad soberana mediante sus actos en la historia santa, sino que se lo aprisiona dentro de los cánones de la lógica humana. ¡Todo por el interés de proteger su soberanía! Un Dios que puede contenerse en los cánones de la lógica humana, aunque sea buena lógica reformada, queda privado de su soberanía y de la libertad de su personalidad infinita. Los decretos supralapsarianos de la teología calvinista no fueron hechos en el cielo sino en Holanda.

La otra corriente mayor del protestantismo movió la cena al centro de su sistema teológico. Luego procedió a defenderla con un fervor escolástico que se igualaba al calor de la defensa calvinista del "decreto terrible". Los intereses más queridos de las dos ramas mayores de la Reforma opacaron el Evangelio de la justificación por la fe para vida eterna por la obra de Jesucristo. Igual que la doctrina reformada de la elección, la doctrina escolástica de la cena no fue ubicada en el marco antiguotestamentario de los sellos y signos. Toda verdad mayor evangélica tiene sus raíces en el Antiguo Testamento. Toda expresión mayor del Nuevo Testamento tiene un trasfondo antiguotestamentario. Cuando se divorcia el Evangelio del Nuevo Testamento de su trasfondo antiguotestamentario y se le da un trasfondo escolástico, debe esperarse que sufra una distorsión.

La ortodoxia protestante exaltó el elemento racional del cristianismo al nivel de la fe. Luego comenzó a opacar la fe. El escolasticismo protestante engendró al racionalismo y el racionalismo engendró al liberalismo. El liberalismo niega el carácter histórico de la religión bíblica y reduce el cristianismo a las así llamadas "verdades eternas", desmembradas de los actos concretos de Dios en la historia.

Conclusión

Para concluir este capitulo, volveremos a exponer nuestra tesis: Si el Evangelio apostólico ha de ser restaurado, debe restaurarse su marco histórico. Hay signos alentadores de que algunos eruditos cristianos en diferentes sectores de la iglesia, se están moviendo en esta dirección. Podríamos mencionar las obras de Oscar Culíman (Christ and Time), de George Eldon Ladd (A Theology of the New Testament), de G. Ernest Wright (God Who Acts), y de Leonhard Goppelt (Apostolic and Post-Apostolic Times). Dentro del calvinismo hay un movimiento que examina críticamente su propia tendencia de colocar la teología en un marco racionalista. Se está apreciando mejor a la Biblia por lo que es un libro escrito por hombres empapados en la historia del Antiguo Testamento, los cuales interpretaron el acto de Dios en Cristo, en el marco de esa historia.

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