¿Cree Ud. en el Diablo?


La Enseñanza Bíblica Acerca de la Tentación
Hace casi 100 años que un autor desconocido escribió las siguientes líneas para acompañarlas a un
Dibujo de su "Su Majestad Satánica ":
"Helo aquí, con cuernos y pezuña,
los párrocos lo llaman el diablo:
ellos nos dicen que vive en un sofocante lugar,
donde fantasmas y duendes están de juerga.
"Dicen que tiene una cola muy larga,
y lleva un tridente,
y que algunas veces sale de su sofocante lugar,
para vagar por la tierra.
"Dicen que puede asumir con facilidad
el aspecto de un brillante ángel,
y entonces, para variar, toma la forma
de un león rugiente en la noche.
"Que tiene poder para actuar y comportarse como le plazca,
estar en cincuenta lugares al instante;
y que para cumplir sus malignos designios,
puede ser tan sagaz como un sabio, o como un zopenco".
En el presente, la mayoría de las personas ya no conciben al diablo de esa manera. Pero aún hay
muchos que creen que existe el diablo, que posee un inmenso poder para el mal (algunos dicen que
es un ángel caído), y que está tratando constantemente de destruir la obra de Dios entre los hombres
y mujeres. Dicen que es el diablo el que susurra secretamente en nuestro oído y nos tienta hacia el
mal. Por supuesto, surgen verdaderas dificultades al aceptar semejante idea. Para empezar, si el
diablo era un ángel verdadero, ¿Cómo es que llegó a rebelarse contra Dios? ¿Y por qué permite
Dios que un ser sobrenatural destruya su obra en la tierra? En todo caso, ¿dónde está el diablo en
este momento? ¿Y cómo puede actuar?
¿Dónde puede encontrarse la respuesta?
Una cosa está clara: esta es una pregunta religiosa. Así que si hemos de resolver el asunto, debemos
acudir a la Biblia, la única gran fuente de todo lo que sabemos acerca de Dios y Jesucristo. ¿Adónde
más iría Ud. para encontrar una respuesta seria a semejante pregunta?
Ahora bien, la Biblia ciertamente contiene varias alusiones al diablo y a Satanás. Así que acudamos
a la Biblia. Pero dejemos una cosa clara desde el principio: debemos hacer todo esfuerzo por
entender lo que los escritores bíblicos quisieron decir con las expresiones "diablo" y "Satanás". Es
muy fácil, a medida que leemos los versículos bíblicos, que demos a los términos diablo y Satanás
el significado que nosotros queremos. Y si ese significado no es el mismo que le dieron los
escritores bíblicos, entonces ¡estamos cambiando su verdadero sentido!
Muchos de nosotros hemos tenido la experiencia de discutir con otros el tema del diablo y Satanás,
y nos hemos dado cuenta de que la discusión no parece llevarnos a ninguna parte. Y la razón es
clara: cuando se leen los pasajes bíblicos acerca del diablo y Satanás, diferentes lectores entienden
su significado en un sentido diferente. La conclusión es clara: si hemos de llegar a la verdad acerca
del diablo y Satanás, debemos averiguar qué quisieron decir los escritores bíblicos cuando usaron
esos términos. No es bueno confiar en nuestro propio entendimiento o en el de otras personas.
Debemos saber qué entendieron los escritores inspirados de la palabra de Dios acerca de este
importante tema. En una breve obra como esta, no podemos examinar todos los versículos de la
Biblia que se refieren al diablo y a Satanás. Pero lo que verdaderamente necesitamos es una especie
de llave--un entendimiento básico de lo que significan estos términos. Armados con esto,
deberíamos poder desentrañar bastantes pasajes bíblicos.
Primero, Satanás.
Para encontrar la llave vital es importante empezar con el Antiguo Testamento, y no con el Nuevo.
Para los oídos modernos esto puede parecer extraño, pero recuerde que el Antiguo Testamento se
escribió primero, muchos siglos antes que el Nuevo. Y en vista de que realmente ambos forman una
sola revelación de Dios, los escritores del Nuevo Testamento conocían el Antiguo Testamento muy
bien en verdad. Lo citaban y usaban sus términos; y entre los términos que usaban estaba está
Satanás. (En realidad, el término "diablo" ocurre muy rara vez en el Antiguo Testamento, y ahí se
usa de manera diferente a como se usa en el Nuevo).
Así que empecemos con Satanás, el término del Antiguo Testamento. ¿Qué significa la palabra
"Satanás"? No es difícil averiguarlo. Tome el caso de Balaam, que vivió en los días en que los hijos
de Israel andaban errantes por el desierto. Él era un profeta al cual le había dicho Dios que no fuera
a cierta misión contratado para maldecir a los israelitas. Pero él deseaba el dinero que se le había
ofrecido como premio, así que fue. Montado en un asno, de pronto encontró que un ángel bloqueaba
su camino: "Y el ángel de Jehová se puso en el camino por adversario [o enemigo] suyo" (Números
22:22). La palabra para adversario en hebreo es satan (de la cual procede nuestro término
"Satanás"), y eso es precisamente lo que significa. Note dos cosas: satan aquí es una palabra
corriente, que significa adversario o enemigo, y no es el nombre de una persona. La palabra ocurre
de nuevo sólo diez versículos más adelante: el ángel dijo a Balaam: "He aquí yo he salido para
resistirte" (v. 32), literalmente, "para ser un adversario tuyo". Esta es la primera vez que aparece la
palabra satan en el relato hebreo. Note que este satan es un ángel bueno, "el ángel de Jehová", el
cual está haciendo lo que quiere Dios, ¡y no un ser maligno! Si miramos en una concordancia
bíblica la manera en que se usa la palabra satan en el Antiguo Testamento, descubriremos que
significa un adversario y un enemigo. Por ejemplo: "¿Qué tengo yo con vosotros, hijos de Sarvia,
para que hoy me seáis adversarios? [satanases] (2 Samuel 19:22). Y así en media docena de otros
casos, donde la alusión es por lo general a hombres.
Satanás en el libro de Job
Aquí tenemos uno de los casos que con más frecuencia se cita en toda la Biblia. Los primeros
versículos del capítulo uno describen a Job, que vive en la tierra de Uz, un hombre temeroso de
Dios, que tenía muchas posesiones. Entonces, el versículo 6:
"Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino
también Satanás".
'¡Ahí está', dirán algunos, 'Satanás estaba en el cielo entre los ángeles! ¡Él debe ser un ser
sobrenatural! Pero recordemos nuestra regla vital: Debemos entender los términos bíblicos en un
sentido bíblico. Por ejemplo, los "hijos de Dios"; es cierto que una vez en Job (38:7), se usa este
término en relación con los ángeles; pero en la Biblia en conjunto a menudo se usa con respecto a
hombres y mujeres que verdaderamente adoran a Dios en contraste con aquellos que no lo hacen.
Dios lo usó refiriéndose a Israel por medio del profeta Isaías:
"Trae de lejos mis hijos, y mis hijas de los confines de la tierra, todos los llamados de mi
nombre" (Isaías 43:6-7).
Así en el Nuevo Testamento, el apóstol Juan, refiriéndose a los creyentes en Cristo, escribió:
"Amados, ahora somos hijos de Dios" (1 Juan 3:2). Así que no es necesario que los "hijos de Dios"
entre los cuales vino "Satanás" (en el capítulo 1 de Job) sean ángeles del cielo; podrían ser personas
de la tierra.
Pero, ¿cómo podrían estar ellos "presentes delante de Jehová", si no estaban en el cielo? De nuevo, l
Biblia misma nos da la respuesta. A Moisés y a Josué se les dijo que se presentaran en el
"tabernáculo de reunión", donde Dios nombraría a Josué como el nuevo líder de Israel
(Deuteronomio 31:14-15). Muchos años después, Josué reunió a todos los ancianos de las tribus de
Israel en Siquem donde "se presentaron delante de Dios" (Josué 24:1). Tiempo después, Samuel, a
su vez, dijo a Israel: "Presentaos delante de Jehová" (1 Samuel 10:19). en el Nuevo testamento se
dice que María, la madre de Jesús, poco después del nacimiento de su hijo, fue al templo de
Jerusalén "para presentarle al Señor [...] para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor"
(Lucas 2:22-24). Entonces, los "hijos de Dios", que se mencionan en el libro de Job, que "vinieron a
presentarse delante de Jehová" habían ido juntos a adorar a Dios en el lugar correspondiente, y, por
supuesto, en presencia del sacerdote designado en aquel tiempo. Este es un caso de adoración en la
tierra, no en el cielo.
Pero, ¿qué puede decirse de "Satanás", que vino entre ellos? Aquí los traductores realmente no nos
han jugado limpio, porque el idioma hebreo dice "el adversario". La letra mayúsculo inicial, S, de
Satanás es una invención de los traductores, porque el idioma hebreo no hace distinción entre letras
mayúsculas y otras. Incluso en el margen de algunas versiones de la Biblia los traductores han
impreso la expresión "el Adversario", sugiriendo por la letra mayúscula inicial A (para lo cual no
tienen evidencia alguna) que este es aquel Adversario especial, Satanás. Todo lo que el idioma
hebreo nos justifica para decir es que "el adversario vino entre ellos".
Pero, ¿quién podría ser este adversario? Si este era un grupo que vino junto para adorar, él sería uno
de ellos; en otras palabras, él era un hombre; y era enemigo de Job porque estaba celoso de él y
deseaba perjudicarlo. Pero, ¿cómo entonces pudo producirse una conversación entre el Señor y el
adversario? De nuevo, la Biblia misma provee la respuesta, porque en los tiempos del Antiguo
Testamento a menudo los hombres recibían mensajes de Dios por medio de los sacerdotes
designados en aquel tiempo. Por ejemplo, más de una vez David consultó al sacerdote cuando
quería saber cuál era la voluntad de Dios para él, y el sacerdote le hablaba en representación de
Dios. Así que este celoso enemigo de Job--quizás uno que posaba como amigo suyo--dijo a Dios
por medio del sacerdote: 'Job sólo te sirve por lo que puede recibir. Pero trata de causarle problemas
y entonces verás'. Y Dios, que tenía un gran propósito para con Job y deseaba verlo perfeccionado,
permitió que el adversario realizara su envidioso deseo sobre Job. Pero, como el libro nos dice
claramente, el poder era de Dios, no del adversario (Job 2:4-6).[1]
De modo que en este episodio no hay necesidad de un satanás sobrenatural ni hay tampoco prueba
de que haya alguno. Todas las expresiones se usan comúnmente en relación con los hombres. La
palabra satanás, en el Antiguo Testamento, significa un adversario; pero como nos muestra el
ejemplo de Job, se desarrolla una tendencia natural para usarla en relación con un
adversario maligno.
Pedro--un Satanás
Con este valioso entendimiento básico, veamos ahora un ejemplo del uso de "satanás" en el Nuevo
Testamento. Pedro había hecho recién su notable declaración de creencia en Jesús como "el Cristo,
el Hijo del Dios viviente", y, como resultado, Jesús había pronunciado una bendición sobre él. Pero
entonces Jesús siguió hablando acerca de su destino; tendría que ir a Jerusalén y allí los líderes de
los judíos lo apresarían y le darían muerte, pero él resucitaría al tercer día (Mateo 16:21). Pedro no
podía entender ni aceptar esto, y empezó a reconvenir a Jesús: '¡Dios no lo quiera! Que esto nunca
te ocurra'. en otras palabras, 'No debes pensar en semejante cosa'. Pero Jesús le dijo a Pedro:
"¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo".
¿Por qué era Pedro un "satanás"?[2] Porque estaba actuando como 'un adversario' para Jesús; estaba
tratando de persuadir al Señor para que no hiciera lo que él sabía que tenía que hacerse por su
obediencia a la voluntad de Dios. Si Pedro hubiese salido con la suya, Jesús habría rechazado la
voluntad de su Padre, y su gran sacrificio por el pecado en le luz no se habría realizado jamás. Así
que Jesús tuvo que decirle a este "adversario" (satanás): "¡Quítate de delante de mí!". Y entonces
añade un comentario que es muy importante para nuestro entendimiento: 'Tú eres un adversario y
un tropiezo para mí', le dijo en efecto Jesús a Pedro, porque tu mente no está "en las cosas de Dios,
sino en las de los hombres" (v. 23).
Así que este importantísimo ejemplo del Nuevo Testamento nos enseña algunas lecciones valiosas.
Primero, este "satanás" era un hombre; segundo, rechazó la voluntad de Dios; tercero, lo que lo
distinguía era que él deseaba en cambio hacer la voluntad de los hombres--una pista muy
importante, como veremos más adelante.
Recordemos lo que hemos aprendido hasta ahora: un "satanás" es un adversario, y casi siempre un
adversario malo. En los ejemplos que hemos visto, "satanás" era:
un ángel de Dios, que hacía la voluntad divina;
un hombre que aparentaba ser un verdadero adorador de Dios;
otros hombres que eran "adversarios";
y ahora a Pedro, un apóstol del Señor, que estaba oponiéndose a la voluntad de Dios.
Con este entendimiento general del significado de "satanás", deberíamos encontrar más claro una
buena cantidad de pasajes de la Biblia.
Y ahora el diablo
Este es un término griego, no hebreo, y por lo tanto sólo se encuentra en el Nuevo Testamento. De
nuevo debemos tratar de descubrir lo que realmente significa ese término. Podemos hacer esto
fácilmente, porque hay pasajes en que los traductores mismos nos han mostrado. Escribiendo a
Timoteo, el apóstol Pablo dice que "en los postreros días vendrán tiempos peligrosos"; en estos
tiempos "habrá hombres amadores de sí mismos, avaros [...], calumniadores", etc (2 Timoteo 3:1-
3). La palabra traducida como "calumniadores" es el plural de un término que generalmente se
vierte como "diablo", y está relacionada con la palabra "diabólico".
De nuevo, al dar instrucciones acerca de cómo deben comportarse los creyentes cuando se reúnen
para adorar, se refiere a las mujeres:
"Las mujeres asimismo sean honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo" (1
Timoteo 3:11).
Nuevamente, la palabra es la que se traduce generalmente como "diablo", aunque aquí está en
plural. Los traductores nos han dado en estos dos pasajes el sentido básico de la palabra. Note una
vez más que estos "diablos" son personas.
Pero el pasaje clave para entender la expresión "el diablo" del Nuevo Testamento, está en el
capítulo 2 de Hebreos. A medida que leemos los primeros versículos de este capítulo, es evidente
que el apóstol está escribiendo acerca de Jesús y sus seguidores; y él se refiere a los seguidores
como los "hijos" de Jesús. Ahora bien, en el versículo 14, él llega a su notable declaración acerca
del "diablo". Primeramente la presentamos aquí en extenso, y después la estudiaremos frase por
frase para asegurarnos de que la entendemos:
"Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo,
para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo".
La primera frase dice muy claramente que los seguidores de Jesús son "carne y sangre", es decir,
son hombres y mujeres corrientes. No hay problema en esto.
La segunda dice que Jesús participó de lo mismo, es decir, "carne y sangre". En verdad, el apóstol
debe haber estado muy interesado de que sus lectores entendieran claramente que la naturaleza de
Jesús era realmente la misma que la de sus seguidores--naturaleza humana; porque él recalca el
asunto: "él también participó de lo mismo". No era necesario que el apóstol escribiera de esta
enfática manera, a menos que haya estimado que era especialmente importante que sus lectores
entendieran esta verdad vital. Que Jesús era un ser humano en todo sentido.
La tercera oración contiene tres declaraciones:
(1) que Jesús destruyó al diablo
(2) que lo hizo "por medio de la muerte", y que eso sólo puede significar por medio de su
propia muerte, muriendo él; y
(3) que el diablo tiene "el imperio [poder] de la muerte".
Antes de que prosigamos, debemos clarificar una causa de malentendido. El lector, al ver una frase
como "al que tenía el imperio de la muerte", naturalmente se siente inclinado a suponer que el
diablo debe ser una persona, o un ser. Pero esto no es necesariamente así.
En nuestro idioma tenemos un sistema muy sencillo de representar el género; todos los varones
pertenecen al género masculino, y se les menciona como "él"; todas las mujeres pertenecen al
género femenino, y se les menciona como "ella"; todas las otras cosas son neutras, y se les
menciona como "ello", o se omite el pronombre. Y a veces nos referimos a las cosas como si fueran
personas. Esto se llama personificación.
Sin embargo, el griego (en cuyo idioma se escribió el Nuevo Testamento) es diferente. Tiene tres
géneros, pero se usan de otra manera. Por supuesto, a los varones se les dirige como "él", y a las
mujeres como "ella"; pero otras cosas pueden pertenecer a cualquiera de los tres géneros:
masculino, femenino, o neutro.
Ahora bien, la palabra griega para el término diablo es masculina, así que el pronombre que se le
aplica es "él". Pero esto no aclara si el diablo es una persona o no. El término griego es totalmente
neutral. si deseamos probar que el diablo es una persona o no, debemos buscar nuestra evidencia en
alguna otra fuente, no en esta expresión.
Veamos ahora nuestras "tres declaraciones" en este versículo.
Jesús destruyó al diablo. Así que el diablo está "muerto", o al menos será destruido para cuando esté
terminada la obra de Jesús. Pero hay dos puntos notables acerca de esta declaración en Hebreos
2:14. El apóstol dice claramente que a fin de destruir al diablo, Jesús participó de la naturaleza
humana. Bueno, ¿no es esto algo sorprendente? Si el propósito de Jesús era destruir a un enemigo
poderoso, ¿no habría sido mucho mejor que hubiese tenido una naturaleza fuerte e inmortal como
los ángeles? ¿Por qué razón participó de la débil naturaleza de carne y sangre? Obviamente, aquí
hay un misterio que necesita explicación.
Pero eso no es todo. El apóstol dice claramente que la manera en que Jesús destruyó al diablo fue
"por medio de la muerte" Y esto sólo puede significar por medio de su propia muerte". ¡Qué
extraordinaria manera de liberarse de un enemigo poderoso, muriendo uno mismo!
Por estos dos puntos, que para eliminar al diablo, Jesús primeramente participó de la débil
naturaleza humana, y después tuvo que morir, es evidente que "el diablo" de la Biblia debe ser algo
completamente diferente de la idea que se tiene generalmente acerca del diablo.
Cuando usted encuentra un pasaje bíblico difícil de entender, es siempre útil localizar otro que se
refiera al mismo tema, aunque en términos diferentes. Los dos pasajes se complementarán
mutuamente. Ahora bien, existe semejante pasaje que nos puede ayudar en este caso. El mismo
apóstol, en la misma carta, en el capítulo 9 de Hebreos, escribe acerca de la obra de Cristo. Se
refiere así a su primera venida (que condujo a su muerte en la cruz):
"Pero [Jesús] ahora, en la consumación de los siglos[...], se presentó una vez para siempre por el
sacrificio de sí mismo" (v. 26).
De inmediato notamos que una de las cosas que se dice aquí es lo mismo que en Hebreos 2:14. La
frase "por el sacrificio de sí mismo" significa claramente lo mismo que "por medio de [su propia]
muerte". Así que probablemente las otras expresiones significan lo mismo. Pongámoslas frente a
frente:
Hebreos 2:14 Hebreos 9:26
por medio de [su propia muerte] = por el sacrifico de sí mismo
para destruir al diablo = para quitar de en medio el pecado
En este valioso comentario paralelo aprendemos que "destruir al diablo" es lo mismo que "quitar de
en medio el pecado" Entonces, el diablo debe ser una manera de referirse a la rebelión humana
contra Dios, a lo que la Biblia llama pecado.
Ahora tenemos una valiosa manera de probar este entendimiento, porque Hebreos 2:14 declara que
el diablo "tiene el imperio de la muerte". Ahora bien, según se dice en la Biblia, ¿quién tiene este
poder?
El apóstol Pablo nos da la respuesta en dos pasajes muy útiles en la Carta a los Romanos:
5:21 -- "Así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la
justicia para vida eterna".
Aquí al pecado se le considera como un rey que gobierna sobre sus súbditos; y el efecto de su poder
sobre ellos es la muerte. Veamos ahora en:
6:23 -- "Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida
eterna.
Aquí el pecado es un amo que paga el salario a sus siervos; por su servicio a él, él les paga con la
muerte.
Estos dos pasajes son ejemplos de personificación; es decir, se habla de algo como si fuera una
persona, cuando en realidad no lo es. En ambos casos el pecado está personificado; y en ambos
claramente es el pecado el que "tiene el imperio de la muerte".
De este modo la Biblia nos está diciendo que el verdadero diablo es el pecado.
¿Cuál es el verdadero enemigo de Dios?
Suspendamos por un momento nuestra consideración para hacer una pregunta muy importante:
Según dice la Biblia, ¿cuál es el gran enemigo de Dios? ¿Es algún ángel caído? ¿Es algún
misterioso ser espiritual que trata de deshacer la obra de Dios en la tierra? De ninguna manera.
Desde la primera hasta la última página de la Biblia hay pertinaz enemigo del propósito de Dios--el
corazón y la mente humanos, la voluntad de hombres y mujeres de todo el mundo por satisfacer sus
propios deseos.
Ya hemos tenido un indicio de esto en la reprimenda a Cristo a Pedro: "¡Quítate de delante de mí,
Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los
hombres" (Mateo 16:23). Él dijo casi lo mismo a los judíos que lo rechazaban:
"Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer" (Juan
8:44).
Sólo tenemos que preguntar: ¿Con qué se relacionan los "deseos" en toda la Biblia? La respuesta es
clara: es siempre con la naturaleza humana.
El apóstol Pablo en su Carta a los Romanos presentó con mucha firmeza las tendencias naturales de
nuestra naturaleza. Él está haciendo un contraste entre la vida de servicio a Dios (el espíritu) con la
vida ocupada en satisfacer los deseos naturales (la carne), y declara:
"Porque ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz" (Romanos
8:6).
De modo que hay dos maneras que podemos elegir para vivir: tratar de hacer la voluntad de Dios, o
hacer nuestra propia voluntad. Acerca de la segunda, Pablo hace este devastador comentario:
"La mente carnal es enemistad contra Dios".
Así que aquí está el gran enemigo de Dios: el deseo humano. ¡Y qué obstinado enemigo es este!
Porque Pablo prosigue:
"Porque [la mente carnal] no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede" (Romanos 8:5-7).
Él había dicho lo mismo al escribir a los gálatas:
"Andad en el Espíritu [es decir, vive según el camino de Dios], y no satisfagáis los deseos de la
carne". Note que "la carne" exige que se le satisfaga.
Luego añade:
"Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se
oponen entre sí", y el resultado es: "para que no hagáis lo que quisiereis" (Gálatas 5:16-17).
No hay duda de que donde debemos buscar al gran enemigo de Dios es en nuestro corazón y mente.
Y Santiago nos dice donde debemos buscar la fuente de nuestras tentaciones para hacer el mal.
¿Somos desviados por algún espíritu sobrenatural que nos susurra al oído? De ninguna manera,
porque él dice:
"Cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido".
Así que nuestro propio "deseo" es el origen de nuestras tentaciones; y Santiago nos dice cuál es el
resultado:
"Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo
consumado, da a luz la muerte" (Santiago 1:14-15).
La larga historia del género humano consignada en la Biblia muestra cuan verdadera es esta
enseñanza. La primera pareja de seres humanos prefirió su propio deseo antes que la obediencia a
Dios, y pecaron. La raza humana decayó en "corrupción y violencia", y Dios tuvo que castigarla con
el diluvio. Israel, al que Dios rescató de la esclavitud en la tierra de Egipto, y se le dio una
oportunidad especial para que fuera el pueblo de Dios, se apartó de Dios y prefirió adorar ídolos y
comportarse de una manera inmoral como los impíos pueblos que tenían a su alrededor. Jesús, el
Hijo de Dios, demostró la verdad y gracia de su Padre entre los hombres; ellos lo rechazaron y lo
crucificaron. Y en los siglos siguientes, los hombres han abandonado la enseñanza de Dios y
pervertido sus caminos. Sí, el gran enemigo de Dios son los hombres y mujeres que realizan sus
propios deseos naturales.
Cómo se usan los términos diablo y Satanás
De modo que el diablo y Satanás son personificaciones del pecado; es decir, son palabras que se
usan para representar al pecado.
A veces la personificación se efectúa en una sola persona. Ya hemos visto que Pedro fue "Satanás".
Jesús dijo a los discípulos: "¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros
es diablo?" (Juan 6:70). Y ese era Judas, el cual lo traicionó. A esta clase corresponde la serpiente
de Edén, la cual sugirió a Eva que lo que le había dicho Dios no era cierto. De modo que "la
serpiente" se convierte en un símbolo bíblico del poder del pecado.
A veces a una organización de personas, un gobierno, por ejemplo, se le podría describir como el
diablo o Satanás. Hay dos interesantes ejemplos de esto en Apocalipsis, capítulo 2. En su carta a los
creyentes de Esmirna trasmite las palabras de Jesús de la manera siguiente:
"No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la
cárcel, para que seáis probados [...]. Sé fiel hasta la muerte" (v. 10).
Esto se escribió en el primer siglo de nuestra era, cuando los creyentes en Cristo estaban sufriendo
persecución, por motivo de su, a manos del gobierno pagano de Roma. Ese era "el diablo" que
echaría a algunos en la cárcel; aptamente llamado "el diablo" porque era enemigo de los siervos de
Dios.
O en el versículo 13, en la carta a Pérgamo:
"Yo conozco [...] dónde moras, donde está el trono de Satanás" (v. 13).
¡Así que Satanás reinaba en Pérgamo! Ciertamente este habitaba ahí; no hay duda de que era el
cuartel general del gobierno romano para esa parte de la provincia de Asia.
Pedro se refiere a la misma época de persecución con estas palabras:
"Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor
buscando a quien devorar" (1 Pedro 5:8).
Que él estaba refiriéndose en verdad a los cristianos que eran perseguidos es evidente por lo que
dice a continuación:
"Al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en
vuestros hermanos en todo el mundo" (v. 9).
El gobierno pagano de Roma era el diablo en este caso.
A veces "el diablo" o "Satanás" representa el principio o poder del pecado, como quiera que sea
manifestado. En este sentido podemos entender el relato de la tentación de Jesús. Ya hemos visto
cómo Jesús participó plenamente de nuestra naturaleza humana (Hebreos 2:12). Como resultado, él
experimentó todas nuestras tentaciones, porque la Escritura nos dice: "Fue tentado en todo según
nuestra semejanza, pero sin pecado". En su tentación en el desierto "el diablo" es la personificación
de esa urgencia humana por satisfacer sus propios deseos; él la venció completamente y permaneció
sin pecado.
Cuando los discípulos regresaron donde Jesús, contentos porque habían podido sanar enfermedades,
él les dijo: "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo" (Lucas 10:18); es decir, previó el
tiempo venidero en que no sólo las enfermedades, sino todo el poder del pecado y del mal,
resumidos en el término "Satanás", será derribado de su posición reinante en el mundo; será
"destronado" y reemplazado por el poder de Dios, cuando regrese Cristo a establecer el reino de
Dios en la tierra.
Esta es, pues, la sencilla llave que desentraña los pasajes difíciles acerca del diablo y Satanás;
busque su origen en el poder del pecado mostrado en los deseos, las debilidades y las acciones de
los hombres; y la mayoría de los pasajes se aclararán.
Por qué es importante
¿Tiene importancia si entendemos o no entendemos esto? Sí, la tiene, por dos razones al menos.
Primero, si la Biblia realmente nos está enseñando que el diablo y satanás representan en general el
pecado humano en todas sus actividades, entonces eso es lo que el Señor quiere que sepamos. Es
una verdad revelada en su palabra, la Biblia, y deberíamos querer entenderla; no deberíamos
contentarnos con dejarnos extraviar por falsas ideas que son comunes en el mundo.
Segundo, la razón por la cual Dios ha expresado esta verdad en su palabra es que para nosotros hace
una gran diferencia. Considere un momento: si tenemos la idea de que nuestras debilidades y
fracasos a la vista de Dios se deben a la sutil influencia de algún espíritu maligno sobrenatural
independiente de nosotros, ¿no nos sentiríamos inducidos a evadir nuestra responsabilidad? ¿No nos
sentiríamos inclinados a decir: 'Bueno, no fue mi culpa--me tentó el diablo'?
Culpar a otro de nuestro pecado es algo que la Biblia nunca nos permite hacer. Es absolutamente
esencial que entendamos el estado de nuestra naturaleza a la vista de Dios. Como lo expresó tan
vigorosamente el apóstol Pablo: "Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios" (Romanos
3:23). Entender la enseñanza bíblica acerca del diablo y satanás es una gran ayuda para aceptar esta
verdad.
Por otro lado--¡piense en el beneficio! si realmente entendemos que todos tenemos en nuestro
interior un poderoso impulso de ignorar la voluntad de Dios y seguir nuestros propios deseos y
buscar nuestra propia satisfacción, entonces estamos en el camino adecuado para darnos cuenta de
cuan grande es nuestra necesidad de liberarnos de esta presión hacia el pecado, de manera que
podamos recibir de parte de Dios el perdón de los pecados y tengamos una esperanza de vida eterna
en el reino que Dios establecerá por medio de su Hijo. Mientras más nos damos cuenta de nuestra
desesperada necesidad de liberación del estado de la naturaleza en que vivimos, más apreciaremos
lo precioso que es el evangelio que predicó Cristo. ¿Cómo podemos valorizar un ofrecimiento de
vida si no sabemos que estamos muriendo--para siempre? Para un hombre que sabe que está
ahogándose, una mano de rescate es la vida, en verdad. Y este es nuestro caso: Dios está
ofreciéndonos la vida en lugar de la muerte eterna.
Entonces, ¿tenemos que temerle al diablo?
Con toda seguridad debemos hacerlo--pero no al diablo de la creencia popular. Nuestro diablo está
dentro de nosotros, en nuestro corazón y mente. Pero una vez que entendemos eso y lo aceptamos,
podremos regocijarnos en el gran ofrecimiento de vida que nos hace Dios en su palabra por medio
del sacrificio de su Hijo.
FRED PEARCE
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"Donde la Iglesia no engendre una fe liberadora, sino que difunda opresión, sea esta
moral, política o religiosa, habrá que oponerle resistencia por amor a Cristo".
Jürgen Moltmann_

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