ANÁLISIS SEMIÓTICO DE TEXTOS BÍBLICOS – EL TEXTO COMO TEJIDO


Dr. René Krüger
INTRODUCCIÓN
La Biblia es el libro del pueblo de Dios. Ella nos da testimonio de la presencia de Dios a favor de su humanidad. Todas las iglesias se basan en este testimonio. Dios mismo quiso hacernos llegar este registro escrito de su obra de salvación y predicación. Ese instrumento exige ser tomado como Palabra de Dios, ya que habla sobre la acción de Dios y en nombre de Dios. La Biblia es el canon, el “metro” o la “medida” para la fe y la vida cristianas.
La Biblia no fue escrita en nuestra época ni hace un siglo. Llega a nosotros desde un pasado muy remoto. A pesar del inmenso lapso de tiempo de dos a tres milenios, que abarca toda nuestra historia occidental, seguimos leyendo la Biblia, la apreciamos, la predicamos, la estudiamos. Debido a los numerosos cambios a lo largo de la historia, es necesario un buen estudio de la Biblia para recibir y comprender su mensaje. Este estudio siempre parte de la lectura bíblica de los miembros del pueblo creyente. Impulsado por esta lectura y por el mandato de proclamar el Evangelio, los estudiosos de la Biblia han desarrollado “herramientas” o “instrumentos” para comprender mejor las Escrituras. Estas herramientas son los métodos de análisis, explicación e interpretación de la Biblia.

NUESTROS LENTES
Solemos interpretar los hechos que pasan a nuestro alrededor y con nosotros mismos de acuerdo con nuestros conocimientos, educación, , experiencias, sentimientos, creencias. A eso quiero llamar lentes, a través de los cuales leemos todo lo que ocurre. A lo largo de la vida las experiencias y los conocimientos nuevos nos van cambiando muchos aspectos de esos lentes; pero siempre seguimos teniendo lentes que nos permiten percibir y entender lo que pasa.
También los antiguos autores de la Biblia los han tenido: sus idiomas, creencias, experiencias, conocimientos, sentimientos. Con ellos interpretaron la acción de Dios, y así transmitieron lo que recibimos como revelación. De esa manera se iban formando los libros bíblicos, como mensaje de Dios y recopilación de experiencias del pueblo de Dios, interpretando y transmitiendo la acción de Dios en la vida de las personas y su historia. Es importante destacar que los autores bíblicos entendían que ese mensaje no era patrimonio exclusivo de ellos, sino que debían anunciarlo.
Para comprender los mensajes bíblicos debemos hacer entonces no sólo el intento de clarificar nuestros propios lentes, sino también de comprender los lentes que usaban los autores bíblicos: sus idiomas, sus formas de expresarse, sus tradiciones, su manera de escribir y de dar testimonio de su fe, su forma de entender y transmitir el mensaje.
Como nos separan grandes distancias históricas, geográficas, idiomáticas, culturales del mundo de la Biblia, aquellos textos nos llegarán de manera adecuada sólo si prestamos atención al mundo en el que surgieron, al contexto del que proceden y a los “lentes” de quienes fueron responsables del relato. Esto puede ilustrarse con el ejemplo de una carta que nos envía un familiar. Quizás sin ser conscientes de ello, leemos la carta con una cierta técnica: nos ubicamos en el lugar de la persona que la escribió, tratamos de comprender su vocabulario y su estilo, leemos entre líneas y a veces hasta encontramos mensajes en clave; comparamos la carta con otras que ya hemos recibido, finalmente nos dejamos interpelar por sus preguntas o propuestas. Y con ello ya estamos plenamente en los métodos exegéticos.

LOS MÉTODOS DE ANÁLISIS BÍBLICO
Si nuestro fin es estudiar y explicar la Biblia, podemos usar diversos caminos o métodos. Podemos acercar a la Biblia con la lectura personal; la podemos leer bíblico en un grupo de estudio bíblico; podemos preparar un sermón o devocional. Cada acercamiento es una especie de método o camino de interpretación. La Biblia contiene una gran cantidad de datos, y todos ellos son útiles para su mejor comprensión. Estos datos se suelen agrupar para facilitar el estudio. Así tenemos el vocabulario bíblico, los principales conceptos, la historia, las parábolas, el manejo de la concordancia, la comparación literaria, el estudio de los géneros literarios, el análisis de la redacción. También se investigan los factores sociológicos, históricos, culturales y de género. Estos diferentes elementos se investigan precisamente con los Métodos exegéticos. Bajo Método entendemos una camino para alcanza un fin. El método no es el fin en sí mismo, sino sólo un modo de aproximarse a la meta (y nunca es el único modo). La Exégesis es la explicación de un texto. Métodos exegéticos son conjuntos de herramientas para comprender un texto con la mayor cantidad posible de elementos: el texto como una unidad, la historia de ese texto, su origen y su formación, su forma, su lenguaje, sus ideas y conceptos, su género literario, su redacción, su mensaje. Todo esto quizá suene algo complejo y alejado de la realidad del lector o la lectora creyente; pero cuando esta persona abre su Biblia, inmediatamente se encuentra con el fruto del trabajo de quienes han aplicado estos métodos. La traducción, las introducciones a cada libro, la misma transmisión del texto, todo ello ha costado inmenso trabajo. Y cuando la congregación se dispone a escuchar el sermón, recibe los frutos del estudio realizado por su pastora o pastor. Notamos, pues, que los métodos de análisis bíblico no son algo tan alejado de la realidad como podría parecer a primera vista.
En todas las ciencias surgen constantemente enfoques y descubrimientos nuevos. Quiero presentarles uno de esos métodos surgidos en las últimas: el llamado ANÁLISIS ESTRUCTURAL O SEMIÓTICO DE TEXTOS BÍBLICOS. Comúnmente se entiende bajo semiótica la ciencia que estudia los signos. Como tal, es una descripción científica de los sistemas y prácticas significantes; en un sentido más restringido se suele emplear el concepto como equivalente a “análisis semiótico de los textos”. Entre los diversos métodos semióticos, ha tenido especial relevancia para los estudios bíblicos la escuela del lituano Algirdas Julien Greimas, radicado en París y líder del análisis estructural en la École Pratique des Hautes Études en Sciences Sociales, y de sus seguidores, conocidos principalmente como Grupo de Entrevernes.
Para “meternos” en la semiótica, necesitamos algunas aclaraciones.
Solemos dividir el transcurso del tiempo en pasado, presente y futuro. Cada hecho tiene su pasado, su presente y luego sus efectos, es decir, su futuro. Los métodos exegéticos tratan de hacer justicia a esos tres momentos del mismo texto sagrado.
Es imposible aislar la Biblia de su propia historia. Este es el campo de investigación de los llamados métodos histórico-críticos. Éstos parten siempre del texto, no de nuestra interpretación. Se trata de un trabajo histórico porque es un estudio del texto bíblico según las exigencias de la historiografía y el estudio de fuentes, que investiga la historia de la formación del texto. En ese sentido, los métodos empleados por la exégesis son los mismos que se aplican al estudio de otros textos de la antigüedad. Los pasos exegéticos histórico-críticos investigan el texto y “su detrás” o “su antes”: su historia oral y escrita, su prehistoria, sus etapas de formaciones, su compaginación. El método histórico-crítico ve el texto como una fuente para reconstruir procesos históricos: el origen, la formación, las fuentes, la redacción, la situación histórica del texto.
Ahora bien, también hay otros acercamientos posibles a un texto, además del histórico-crítico. Uno de ellos es precisamente el análisis semiótico o estructural, que ve el texto como estructura y organización que produce sentido más allá de la intención de su autor. Este enfoque se dedica al texto en sí, tomando en cuenta el hecho de que todo texto, además de su historia, también tiene una identidad propia y una autonomía.
El análisis estructural se basa en los resultados de la investigación histórico-crítica, pero se dedica a otras preguntas: ¿Cómo funciona el texto? ¿Cómo produce su sentido? ¿Qué pasa en el texto en sí? ¿Qué operaciones de lógica, afirmación, negación, oposición hay en el texto?
Podemos usar dos imágenes para estos diferentes acercamientos al texto bíblico: un montículo arqueológico o geológico, y un tapiz o alfombra. El análisis histórico-crítico trabaja con un esquema “geológico”: toma el texto como una sedimentación de sucesivas capas o estratos que conforman el texto final. Estudia esos estrados de manera diacrónica, o sea, a través del tiempo. En cambio, la semiótica trabaja con un paradigma literario: el texto en sí es una expresión lingüística, y es leído como una unidad actual y no como un mero acceso a su propia historia. La semiótica ve el texto como un tejido, en el mejor sentido etimológico de la palabra texto, que se relaciona con tejido. Para la semiótica el texto es un producto final, y no sólo el resultado de muchos hilos, tinturas y trabajos sueltos. Estudia ese tapiz de manera sincrónica, es decir, tomando en cuenta todos sus elementos a la vez. Reitero que la semiótica no ignora la existencia de los estratos, los hilos sueltos, la historia y el trabajo de composición; pero se dedica a la forma final del texto, tal como salió de la mano del autor final y tal como lo hemos recibido. Esta forma de trabajar con la forma canónica no reemplaza la histórico-crítica, sino que la complementa.
Finalmente, luego del estudio del texto y su “antes” y del texto “en sí mismo”, hay un tercer acercamiento, la hermenéutica, entendida como la ciencia de la interpretación de los textos para la actualidad. Es, si se quiere, el estudio del texto y “su después”. Una vez constatado mediante los métodos histórico-críticos y la semiótica lo que dice ahí en el texto, todavía falta comprenderlo también para nosotros hoy. La exégesis histórico-crítica y el análisis semiótico son explicación, pero para que un texto nos hable, debe ser interpretado. Aquí comienza la tarea de la hermenéutica. La hermenéutica enfoca el texto desde nosotros y para nosotros. Considera el texto desde la persona y la comunidad que lo lee hoy, pues nuestras condiciones de lectura, tradiciones y situaciones son diferentes de los lentes de los autores de los textos antiguos. Pertenece a la tarea de la hermenéutica definir nuestra ubicación, nuestro tiempo, nuestro enfoque de lectura de la Biblia; y poner nuestro mundo de experiencias y expectativas en relación con el mundo del texto, para trazar puentes de ida y venida entre ambos mundos. Sólo así comienza a hablarnos un texto antiguo. Todo texto tiene una reserva de sentido, que es explorada desde el horizonte de la persona que lee ese texto. De esta manera se produce en realidad una relectura del texto.

EL ANÁLISIS ESTRUCTURAL O SEMIÓTICO
El análisis estructural va directamente a lo que se llama la estructura del texto. La estructura es algo así como el esqueleto de las cosas, su disposición interna, que tiene un orden claro. Un edificio de varios pisos tiene una estructura de hormigón armado. Se pueden sacar las aberturas, la mampostería, el piso, y con todo aún se mantendrá la forma de la casa. Pero si se saca la estructura con sus vigas y columnas, entonces sí se derrumbará la construcción.
De la misma manera también las obras literarias tienen su estructura. La más conocida en nuestro medio consta de tres elementos: introducción, cuerpo y conclusión. Esto vale para una carta, un discurso, un sermón, un libro, un diálogo. Claro que las estructuras tienen mucho más elementos. El análisis estructural trata de descubrir las estructuras de los textos, para comprender mejor cómo están formados y cómo se produce su mensaje. La estructura misma de una obra literaria es parte de su mensaje, por ser fruto de un proceso que incluye elementos lógicos, conscientes, intencionales y muy bien pensados; a la vez que naturales de la cultura del escritor, como cuando un poeta redacta un soneto: generalmente no necesita contar minuciosamente las sílabas y los versos, pues el número exacto le sale de manera natural. Las estructuras no son adornos, sino esquemas mentales y culturales traducidos al plan fundamental de un texto.

PRINCIPIOS DE LA SEMIÓTICA
Como toda metodología, la semiótica se basa en algunos principios fundamentales, que son los siguientes:

1. Distinción entre sincronía y diacronía
En la lengua hay dos aspectos: el sincrónico y el diacrónico. El diacrónico se refiere a las transformaciones del idioma a lo largo de su evolución; y es estudiado por la filología, la etimología, la historia de la lengua. Diferente de ello es el aspecto sincrónico. La lengua no es sólo un conjunto de términos que duermen pasivamente en un diccionario o en una gramática. Es un código entre cuyos elementos se pueden establecer relaciones, diferencias y oposiciones. En un discurso oral o escrito, las palabras adquieren su valor a partir de su posición y oposición con respecto a otros signos lingüísticos. La semiótica, como parte de la lingüística, se propone estudiar esas interrelaciones sincrónicas dentro del sistema de la lengua, pero siempre en un texto concreto, no es un diccionario.

2. La lógica binaria por oposición
La semiótica parte de la afirmación que el espíritu humano funcionó y funciona siempre de la misma manera, sean cuales fueren la época, lengua, cultura, ideología o condicionamientos. Este funcionamiento trabaja sobre la base de una lógica binaria por oposición: sí - no; positivo – negativo, algo – bajo, adentro – afuera, abierto – cerrado, particular – universal. Captamos sentidos sólo a partir de diferencias y oposiciones. Cada enunciado evoca consciente o inconscientemente su oposición u opuesto, que lógicamente varía según el contexto en el que figura un determinado término. Percibimos siempre por lo menos dos términos como coexistentes en oposición. Dos términos con identidad son comprendidos combinadamente (es decir, hay conjunción, igualdad o similaridad); dos términos con diferencias son comprendidos como distintos (entonces hay disyunción).
Los efectos de sentido que percibimos en el texto o en una conversación, provienen de un sistema estructurado de relaciones que está montado sobre una o dos oposiciones fundamentales. A partir de esa oposición fundamental se dibujan funciones y sus contrarias, papeles positivos y negativos, programas y antiprogramas, sujetos y antisujetos, etc. Para comprender esa estructuración, se debe definir el valor de los términos no sólo por su etimología, sino fundamentalmente en función de sus relaciones con otros términos.
Es importante destacar que el binarismo no está en las cosas en sí ni constituye la realidad en sí, sino que es el mecanismo por el cual captamos sentidos a partir de diferencias. Además no se trata de constantes oposiciones, sino de la combinación de aspectos de identidad y de aspectos diferenciales. Lo que se opone binariamente son las unidades elementales del significado, no las cosas en sí o los sentidos del texto.

3. El concepto de efecto de sentido
La organización y la estructura del texto produce un determinado efecto, que llamamos efecto de sentido. Estos efectos producidos por el texto presuponen un sistema de relaciones entre los elementos que suministran sentido (que también se llaman elementos significantes). Este sistema no es obra del azar, sino que constituye una verdadera estructura basada en la lógica binaria de relación y oposición. Como el análisis semiótico analiza la forma del sentido basada en la estructura, puede ser llamado también análisis estructural. Cuando se lo aplica a textos bíblicos, se habla de análisis semiótico o estructural de textos bíblicos.
Para esta forma de encarar los textos, el sentido no es una entidad metafísica adosada a lo literario y que también podría existir independientemente de ello, sino que es un efecto, un resultado engendrado por un entrejuego de interrelaciones entre elementos significantes de un determinado texto. El análisis semiótico o estructural trata de describir cómo se produce ese sentido. El sentido sobrepasa la suma de los elementos integrados en el texto (tradiciones, conceptos, fuentes), e incluso sobrepasa las intenciones del autor (es decir, su trabajo redaccional, que es la manera en la que el autor ordena y transforma los elementos que integra en su texto, omitiendo, agregando y modificando cosas, para que el producto de su trabajo realmente exprese su propósito). Por ello no es suficiente saber de qué elementos se compone un texto y cómo organizó el redactor sus materiales, sino que conviene descubrir cómo funcionan esos elementos y cómo el tejido produce su efecto.
Ese efecto de sentido puede ser aclarado si se desmantelan los elementos lingüísticos y los mecanismos que lo producen, buscando el modo o la armazón sobre la que es construido. La semiótica investiga, pues, el funcionamiento del texto y examina las leyes de la coherencia interna y la estructuración: ¿Cómo funciona el texto? ¿Cómo dice el texto lo que dice? ¿Qué afirmaciones, negaciones, conjunciones y oposiciones hay en el texto?

NIVELES DE ANÁLISIS
El análisis estructural distingue dos niveles o dimensiones en un texto: el de la estructura manifiesta y el de la estructura inmanente.

1. Estructuras manifiestas
La estructura manifiesta consiste en la organización de las unidades literarias, los paralelismos de todo tipo, las oposiciones, los quiasmos, las estructuras concéntricas y todas las simetrías. El conjunto de estos elementos da una primera muestra de lo que pasa en el interior del texto.
La naturaleza está llena de simetrías. En una simetría los elementos se oponen o complementan por pares, formando dos mitades de una única estructura. El cuerpo humano tiene unas cuantas simetrías: dos ojos, dos extremidades inferiores y dos superiores, dos pulmones, dos orejas, etc. Todas estas partes del cuerpo se corresponden. No son precisamente iguales, sino simétricas.
Es sorprendente descubrir que la literatura bíblica también está llena de simetrías. Las simetrías son disposición de palabras, frases, elementos o unidades menores en orden invertido, en el que el primero corresponde al último, el segundo al penúltimo, y así sucesivamente. La simetría más sencilla recibe el nombre quiasmo. Quiasmo proviene de la letra griega ji, cuya forma se parece a la equis del alfabeto latino, y se debe precisamente a esta disposición cruzada u opuesta de los elementos pares, como se observa en Colosenses 3,11:
Donde no hay griego ni judío
A B

Circuncisión ni incircuncisión
B’ A’
Así se obtiene el esquema a – b – b’ – a’, forma básica del quiasmo. El esquema también puede ser desarrollado en forma vertical, resultando más fácilmente identificable:
A Donde no hay griego
B ni judío,
B’ circuncisión
A’ ni incircuncisión.
Cuando hay más que cuatro elementos, pero siempre en número par y paralelo, se habla de una estructura quiásmica, como en Isaías 60,1-13:
A Levántate, resplandece;
B porque ha venido tu luz,
C y la gloria
D del Señor
E ha nacido sobre ti.
F Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra,
F’ y oscuridad las naciones;
E’ mas sobre ti amanecerá
D’ el Señor
C’ y sobre ti será vista su gloria.
B’ Y andarán las naciones a tu luz,
A’ y los reyes al resplandor de tu nacimiento.
Una estructura con una cantidad impar de elementos se llama concéntrica, pues sus elementos forman como círculos o anillos equidistantes de un centro común, tal como aparece en Lucas 19,1-10 (esta vez sintetizamos el texto colocando sencillamente indicaciones sobre su contenido):
A Descripción geográfica de la venida de Jesús
B Calificación socioeconómica de Zaqueo
C Búsqueda de identificación cristológica
D Realizaciones de Zaqueo para solucionar problemas
E Conjunción entre Jesús y Zaqueo
F Mandato de Jesús
X Necesidad de hospedarse hoy
F’ Cumplimiento del mandato
E’ Crítica de la conjunción entre Jesús y Zaqueo
D’ Realizaciones de Zaqueo para solucionar problemas
C’ Satisfacción de la búsqueda de identificación
B’ Calificación soteriológica de Zaqueo
A’ Descripción soteriológica de la venida de Jesús como Hijo del hombre, Salvador
Lo realmente interesante es que muchos autores bíblicos colocaban temas esenciales en los centros de sus estructuras. En el ejemplo propuesto, en el centro de la historia de Zaqueo está la frase de Jesús: Es necesario que hoy me hospede en tu casa. El núcleo del mensaje de esa historia es precisamente la transformación de Zaqueo obrada a partir de ese encuentro con Jesús.

2. Estructura inmanente
La estructura inmanente no es visible a simple vista, pero tan real como cualquier elemento visible. Se compone de un nivel narrativo, un nivel descriptivo y un nivel profundo.
Para comprender mejor el concepto de los diferentes niveles de un texto analizados por el trabajo estructural, imaginémonos un texto cualquiera en forma de dado o cubo.

Plano manifiesto, lo “visible”.
Componente narrativo: sujetos, objetos, cambios y programas
Componente descriptivo: figuras, conjuntos, papeles y temas


- +
Nivel o estructura profunda, con lógica binaria por oposición

      No +       No -
La cara superior de este cuerpo equivaldría al plano manifiesto, a lo “visible a simple vista”. Es el texto “material” con sus efectos estilísticos. El autor o la autora se vale de las expresiones “materiales” correspondientes a la lengua en la que quiere hablar o escribir: castellano, griego, aymara, francés. Todo estudio de un texto debe “entrar” por el nivel manifiesto del texto.
La semiótica se plantea una serie de preguntas, todas ellas variantes de una misma preocupación básica: la producción del sentido. ¿Mediante qué dispositivos internos y qué sistema inmanente de relaciones entre sus elementos el discurso crea su efecto de sentido? ¿Qué hace posible el significado que se percibe en el texto? ¿Cuál es la armazón que sostiene el relato desde su profundidad? ¿De qué reglas de combinación y de qué transformaciones resultan los efectos de sentido? ¿Cómo funciona el texto? En fin, ¿cómo dice el texto lo que dice?
La tarea de la semiótica consiste en describir los elementos estructurados y estructurales, narrativos y descriptivos; determinar el conjunto de las leyes que reglamentan ese hecho de “contar con sentido”; presentar de manera clara esa organización y construir un modelo representativo de los efectos de sentido. Sus resultados permiten verificar el sentido que el lector ya había “palpado” en el texto. Esta verificación puede corregir distorsiones y sentidos introducidos erróneamente al texto. Además, comprender cómo dice el texto lo que dice, también aporta a una mejor comprensión de su sentido.

2.1. El componente narrativo
Volvamos al cubo. Una vez estudiada la manifestación, el análisis pasa de la cara superior del dado al interior del mismo. Esto es algo que excede nuestra imaginación, ya que un texto no parece tener más que las dimensiones visibles (largo y ancho, por así decirlo). Pero la semiótica descubre que la “cara” es la expresión de lo que el texto “tiene adentro” y que se llama nivel inmanente (esto significa “interno”). Abriéndose paso por ese interior, el análisis llega a la última profundidad de un texto, que debemos imaginarnos como “más acá de las palabras”. Dentro del dado, en la inmanencia, la semiótica distingue dos componentes: el narrativo y el descriptivo.

El esquema actancial
El primer nivel se compone de sujetos, objetos, estados, movimientos, acciones, cambios y transformaciones. Aquí “viven” los actantes, que no son exactamente los actores o personajes literarios. Aquí hay que identificar los sujetos y objetos, y clarificar qué sujetos realizan qué acciones con qué objetos. El análisis describe el comportamiento de los actantes a través del decorrer el texto. La sucesión de estados (un sujeto en conjunción o disyunción con un objeto) y cambios (dar, perder, quitar, ceder, conseguir, apoderarse de un objeto, etc.) constituye un programa narrativo. Con esto se establecen diversos tipos de interrelaciones entres los sujetos del texto. Para comprender mejor el funcionamiento y las interrelaciones de los actantes, la semiótica los ubica en un esquema actancial, que tiene seis funciones o posiciones actanciales: sujeto, objeto, destinatario o receptor, emisor, ayudante y oponente.
EMISOR OBJETO RECEPTOR
AYUDANTE SUJETO OPONENTE
El emisor determina qué destinatario recibe qué objeto. Esto inicia un programa de acción, desarrollado por el sujeto. Esta acción puede lograr su cometido, a veces con auxilio del ayudante; pero también puede verse impedida o frustrada, si se impone el oponente. Ayudante y oponente no siempre son personajes. También puede tratarse de cualidades, información, objetos inanimados, poderes. El oponente, cuando vence al sujeto, se transforma en antisujeto de un programa alternativo.

Fases de la narratividad
Armando varios esquemas actanciales seguidos, se obtienen las fases de la narratividad de un programa narrativo: influjo, capacidad, realización, valoración:
INFLUJO CAPACIDAD REALIZACIÓN VALORACIÓN
La fase principal se llama realización. Para descubrirla hay que preguntarse qué acciones cambian los estados de los sujetos. La capacidad es el conjunto de cualidades que posibilitan la acción. El influjo es el sujeto, la intención o la fuerza que mueve al sujeto a realizar su acción. Finalmente, está la fase de evaluación, cuando se reconocen los cambios ocurridos y el estado final. Si bien estas cuatro fases del programa narrativo se corresponden por secuencia lógica, no siempre se hallan explícitamente indicadas en un texto.
Volviendo al ejemplo de Zaqueo, el texto describe dos programas narrativos: uno del propio publicano, que consiste en querer conocer la identidad de Jesús; y otro de Jesús, que consiste en el cambio de vida de Zaqueo. Como resultado, el texto indica que aquí Jesús se identifica como el que logra la transformación de Zaqueo.

2.2. El componente descriptivo
Un texto no sólo contiene sujetos y objetos, estados y cambios, programas narrativos con sus distintas fases, sino que estos contenidos también toman formas y modos específicos. Un cambio de estado puede producirse pacífica o violentamente, con alegría o con tristeza; puede sobrevenir de manera lenta, rápida, voluntaria o forzada. Es decir, hay ingredientes que describen, “pintan”, dan color a los sujetos y las funciones.

Figuras y conjuntos figurativos
La unidad esencial del plano descriptivo es la figura. La figura da colorido, movimiento y forma a la acción. Así p. e. en la historia de la torre de Babel, además de las acciones, hay figuras que muestran vanagloria, temor, soberbia; en el relato de Caín y Abel hay figuras que califican a Caín de devoto, envidioso, enojado, asesino, mentiroso, culpable, miedoso y protegido. Las figuras vienen a ser los adjetivos y adverbios del discurso.
Las diversas figuras de un texto se interrelacionan entre sí y constituyen conjuntos figurativos. Un conjunto es una especie de “figura superior” que engloba muchos aspectos menores. Retomemos a Caín y Abel. Ambos hermanos son devotos: presentan sus respectivas ofrendas. Hay, pues, un conjunto figurativo de devoción, aplicado a ambos. Otras figuras califican sólo a Caín y no a Abel: la mentira, el asesinato, la culpa. En este caso el texto agrupa figuras negativas en torno a Caín. Todos los conjuntos a su vez se entrelazan y se entrecruzan, formando una especie de red o tejido.
Al elaborar su texto, el autor o la autora “pinta” a sus personajes, actantes, acciones, aplicándoles esos conjuntos compuestos de muchas figuras. En otras palabras, los conjuntos sirven para revestir a los actantes, y así resultan papeles temáticos y temas descriptivos.
El tema descriptivo es un concepto unificador bajo el cual pueden englobarse varios conjuntos figurativos. Cuando el autor aplica un tema descriptivo a un determinado sujeto, resulta un papel temático. En el capítulo 24 del Evangelio de Lucas se describe la frustración de los discípulos de Emaús. Se trata de un tema descriptivo. Al ser aplicado a los dos caminantes, resulta un papel temático. Este papel de los discípulos frustrados es transformado por el Resucitado, y al final los discípulos asumen otro papel: testigos convencidos de Cristo.
En el caso de Zaqueo – para seguir con ese relato – hay varias descripciones que se van sucediendo. De un conjunto de figuras socioeconómicas (jefe de publicanos, rico), el texto pasa a un nuevo conjunto de figuras teológicas, logrado por el papel transformador de Jesús: hijo de Abraham, necesitado de conversión, pecador buscado y salvado, persona generosa y justa.

2.3. El nivel profundo
Un texto no es un simple conjunto de sujetos y objetos que se oponen o se relacionan de una determinada manera. Es fundamentalmente un texto, un tejido, una unidad que es más que la suma de sus partes, relaciones u oposiciones. ¿Cómo se sostiene ese tejido?
Una vez que se describieron los programas narrativos y las figuras de un texto, van apareciendo ciertos valores en toda esa amalgama de sujetos, objetos y acciones. Algunos valores se relacionan entre sí, otros se oponen. “Bajando” cada vez más en el análisis, se puede llegar a la llamada oposición fundamental. Este nivel ya no tiene equivalente en nuestro dado; pero si hemos aceptado que un texto tiene más dimensiones que la superficie “visible” del dado, y si ya sabemos que en su interior contiene un componente narrativo y otro descriptivo, no nos costará demasiado imaginarnos otra dimensión más. Esta última dimensión, una cuarta si se quiere, está “más acá de las palabras”. Podemos imaginarla como la mentalidad operacional y relacional de la persona que fabricó el dado, es decir, del autor o la autora del texto.

La oposición fundamental
Hagamos un ejercicio “al revés”. Supongamos que un anciano quiera inculcar a sus bisnietos los valores de la vida de antaño, y explicarles concretamente que la gente tenía más tiempo para su prójimo. Posiblemente les cuente “historias de antes”: cómo vivían sus padres, qué hizo en su juventud, lo hermoso que era la vida en contacto con la naturaleza, que no había televisión, y cosas parecidas. En sus historias aparecerán muchos actantes (sujetos y objetos): los tatarabuelos, bueyes, carretas, barcos a vela, flores, cantos, un acordeón, la siesta, el almacenero de campo, la luna, el domingo. También aparecerán figuras: paciencia, tiempo, comprensión, tranquilidad, comprensión, silencio, alegría. Pero todo eso está “montado” sobre una oposición fundamental, que ese bisabuelo lleva en su mentalidad y con la cual “produce” su relato. Un análisis semiótico de ese relato llegará a descubrir esa oposición fundamental y le dará un nombre, p. e. “antes tranquilidad versus hoy estrés”, o “antes comunicación versus hoy ansiedad”, o algo parecido. No es que el anciano formule primero esa oposición en tales términos, y que luego produzca la historia. Tiene incorporada la oposición, es parte de su vida; y cuando se pone a relatar “lo de antes”, las cosas le salen con naturalidad.
Lo mismo sucede con los textos. El análisis semiótico intenta encontrar el común denominador de los componentes narrativo y descriptivo, viendo qué actantes, figuras, conjuntos, etc. se combinan y cuáles se oponen. Los diferentes elementos se agrupan a lo largo de líneas de sentido, las llamadas isotopías. El ensamble de los dos componentes forma las estructuras internas del texto. Las isotopías organizan los elementos narrativos y descriptivos sobre una oposición final. El último paso del análisis semiótico consiste en la descripción de esta oposición final que sustenta todo el texto desde la profundidad.

El cuadrado semiótico
El análisis semiótico busca entonces la lógica a la que obedecen los cambios narrativos y los pasos de un valor a otro. Esa lógica se reduce a una oposición fundamental. Y ahora viene lo más interesante del trabajo semiótico: hay que darle un nombre a esa oposición. Para ello se busca un binomio que sintetice todas las relaciones y oposiciones encontradas en el análisis, p. e. abierto versus cerrado, fijo versus móvil, aceptación versus rechazo, seguridad versus inconstancia, etc. Este binomio oposicional se proyecta sobre el llamado cuadrado semiótico, que es un esquema cuadrado con sus cuatro ángulos. Los términos del binomio oposicional se colocan en los dos ángulos superiores; en los inferiores van las respectivas negaciones. Así se obtiene la estructura elemental del significado. El cuadrado clasifica todos los valores y relaciones del texto. No se trata de un resumen del texto ni debe repetir los términos del discurso. Es una representación de los mecanismos que producen el efecto del sentido. El cuadrado semiótico de la historia de nuestro anciano se presentaría de la siguiente manera:
Estrés Tranquilidad


      No-tranquilidad    No-estrés
Retomando la historia de Zaqueo, podríamos establecer el binomio perdido vs salvado como síntesis final del relato. En el caso de Caín y Abel, es posible hablar de culpable vs buscado. Como no hay un perdón aceptado por Caín, no es posible hablar de culpable vs perdonado.
El cuadrado semiótico brinda también un modelo de la circulación del relato. El texto suele comenzar por uno de los extremos superiores (p. ej., estrés), avanza hacia su negación (no-estrés), y elige una opción desde esta negación. En el caso de la historia, sería tranquilidad. Puede ser que se produzca una segunda vuelta, que en este caso sería desde tranquilidad pasando por su negación no-tranquilidad nuevamente a estrés. Textos breves pueden contener sólo el paso de un valor a otro (siempre a través del cruce por la negación del primer término); textos medianos pueden tener una vuelta completa; y relatos mayores suelen contener varias circulaciones.
Para terminar, puede señalarse que la semiótica saca a luz conflictos, contradicciones, tensiones y profundas oposiciones, metidos en los textos. Esto deriva del hecho de que la realidad es conflictiva, y de que los textos siempre reflejan algo o mucho de esta realidad cotidiana e histórica en que vivimos. Practicar análisis semiótico, en última instancia no sólo nos permite una mejor comprensión de los textos, sino que también nos ayuda a ubicarnos mejor en medio de las tensiones de la vida diaria.

ANEXO: Pasos del análisis semiótico
Lo que sigue, es una enumeración muy concisa de los pasos del análisis semiótico de un texto.
Delimitación del texto: Se delimita el texto mediante la crítica literaria, fijando claramente el comienzo y el final de la unidad, y estableciendo eventuales divisiones internas.
Análisis de la estructura manifiesta: Se verifica si hay algún tipo de simetría. Se elabora la simetría y colocar el texto de forma simétrica, poniendo letras A – B – C – X – C’ – B’ – A a la simetría. Luego, se pasa a describir la simetría, destacando en qué cosas se corresponden los elementos A y A’, B y B’, etc. Se presta especial atención a la descripción del centro, señalando qué idea fundamental contiene y en qué sentido produce cambios de los elementos de la primera mitad de la simetría.
Nivel narrativo: Se hace un inventario de los principales Sujetos y Objetos (los Actantes), y se los coloca sobre sucesivos Esquemas actanciales. Luego, se describen todos estos esquemas. Tomando el ejemplo de Amós 7,10-17, se diría: El Sujeto Amasías quiere hacer llegar el Objeto Expulsión al sujeto Amós, ayudándole su posición de sacerdote oficial del santuario real de Betel, y figurando como Emisor el rey Jeroboam. Como Oponente se perfila Amós.
Se indicará que esto constituye el Programa narrativo de Amasías. Luego, se dibuja la línea de las Fases de la narratividad y se indica con breves palabras los contenidos de las cuatro fases, comenzando con la Realización, y tratando de identificar luego las demás fases: Influjo, Capacidad y Evaluación (o Valoración). Una vez identificadas las fases, hay que describirlas.
Cabe diferencia entre Programas narrativos principales y Programas narrativos adjuntos, que son los que posibilitan la realización del PN principal. Cabe describir los PN adjuntos.
Para la descripción de la Evaluación, se debe aplicar el Cuadrado de verificación con los planos de Ser y Parecer y las categorías de Verdadero, Falso, Mentiroso y Secreto.
Cerrando el capítulo del análisis del nivel narrativo, debe verse si hay conflicto entre los diversos programas narrativos, y en tal caso, describirlos.
Nivel descriptivo: Corresponde hacer un inventario de las principales Figuras, para agruparlas luego en Conjuntos figurativos. Estos conjuntos deben ir acompañados por una descripción. Luego, corresponde agruparlos en Temas descriptivos y Papeles temáticos, aplicados a los diversos Sujetos (Actantes).
Acto seguido, se busca un título a cada uno de los principales Temas descriptivos y Papeles temáticos. Hay que indicar qué Conjuntos figurativos (con sus respectivas Figuras) revisten y dan “color” a cada Tema y/o Papel.
Se han de describir los Temas y Papeles temáticos, y destacar los cambios que se van produciendo en los personajes. P. ej., con relación a la historia de Zaqueo se puede mostrar cómo el papel de Zaqueo pasa por una profunda transformación por la actuación de Jesús, que ejerce el papel de Salvador. Para ello, se describen los sucesivos papeles de Zaqueo.
Nivel profundo: Se estudia nuevamente todo el conjunto de Sujetos, Objetos, Figuras y Conjuntos figurativos; y luego se agrupan todos estos elementos en Isotopías semiolóticas (códigos). Hay que darles nombres genéricos a estas isotopías, como p. ej. Isotopía mesiánica, vegetal, geográfica, escriturística, didáctica, salvífica, religiosa, antropológica, apocalíptica, profética, creacional, sacerdotal, real, legal, histórica, somática, eclesiológica, comunitaria, etc. A continuación, se describe el contenido de cada una de estas líneas de sentido.
Ante el cuadro de todas las Isotopías, hay que identificar ahora el “mínimo elemento común” o “común denominador” de todas ellas con su cantidad de elementos diversos. Este “mínimo elemento común” será la Oposición fundamental del texto. Se obtiene esta oposición fundamental preguntando qué es lo que articula las diferencias percibidas en las diversas isotopías semiolóticas. Hay que buscarle un nombre a esa oposición mediante un Binomio oposicional, que “trabaja” sobre la isotopía semántica. Este binomio no debe repetir simplemente los términos del texto, pues no es un resumen del texto, sino la representación de los mecanismos que producen el efecto de sentido. P. ej., en la historia de la mujer adúltera (Juan 7,53-8,11), se identifica como binomio oposicional Fin vs Oportunidad.
Una vez identificado el Binomio oposicional, se toma el primer nombre, se pone debajo del mismo las Isotopías identificadas, y se coloca junto a cada una los respectivos Programas narrativos y Conjuntos figurativos. Luego, se hace lo mismo con el segundo nombre del binomio.
Concluido ese primer listado, se efectúa una “segunda vuelta” de clasificación, pero esta vez sobre el Cuadrado semiótico. En la historia de la mujer adúltera, el binomio oposicional Fin vs Oportunidad se amplía al Cuadrado con los vértices Fin – No fin – Oportunidad – No oportunidad. Entonces se proyecta entonces esta Oposición fundamental sobre los principales Programas narrativos y Conjuntos figurativos. Para esto hay que subdividir los Programas y Conjuntos colocados sobre Fin en dos grupos: aquellos que expresan claramente el Fin, y aquellos que expresan No oportunidad. Lo mismo vale para los que fueron colocados sobre Oportunidad: hay que subdividirlos en los que expresan claramente la Oportunidad y los que expresan No fin.
El siguiente paso consiste en colocar los Programas narrativos y los Conjuntos figurativos sobre los cuatro vértices del Cuadrado semiótico, según el despliegue anterior.

Finalmente se describe la Circulación del relato, empezando – según lo indique el texto – por uno de los vértices superiores (Fin), pasando a su negación (No fin) y de allí al otro nombre del binomio (Oportunidad). Si el texto es muy breve, puede ser que circule sólo por tres vértices; si es más amplio, puede haber una o más circulaciones completas por los cuatro vértices.

En la historia de la mujer adúltera, los acusadores buscan el Fin de la mujer y de Jesús, pero Jesús niega ese Fin (no les presta atención), y luego les quiere dar una Oportunidad: quien no tenga culpa, que arroje la primera piedra. Ellos se dan cuenta de que no tienen esa Oportunidad (son acusados por su conciencia), y ponen Fin a su intención (se retiran). Jesús, por su parte, transforma ese Fin en una nueva Oportunidad para la mujer: “Yo tampoco te condeno (No fin); vete, y no peques más” (Oportunidad).

Hermenéutica: en el paso hermenéutico se trata de interpretar el mensaje del relato para nosotros y nosotras hoy, en nuestra situación. Siguiendo con la historia de la mujer adúltera y  luego de la reflexión sobre nuestro propio horizonte de situaciones y experiencias, se puede preguntar quiénes son los que podrían representar hoy el Fin, indicado por los acusadores en el relato bíblico, cómo lo hacen, de quiénes se valen, qué acusaciones hacen, y en qué consiste el Fin. Asimismo, cabe preguntar cuáles son las Oportunidades que nos da hoy Jesús, y qué hacemos con ellas.

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