ALEGACION, NO CONTRADICCION



Texto: "Y ella dijo: Sí, Señor; pero..." --Mateo 15:27.

El leer este relato de la mujer sirofenicia, habéis notado los dos hechos mencionados en los versículos veintiuno y veintidós? "Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región. Veamos, Jesús, ve hacia la costa de Sidón desde el interior de la tierra, y la mujer de Cananea viene desde la costa a su encuentro, y de ese modo ambos coinciden en el mismo pueblo. ¡Ojalá que el caso se repita esta mañana en este tabernáculo! ¡Que nuestro Señor entre en esta congregación poderosamente para echar fuera al diablo, y que alguien, no, y que muchos, hayan venido a este lugar con el propósito de buscar gracia de sus manos! ¡Bendita será la reunión de este día! Veamos ahora la forma en que la gracia de Dios ordena las cosas. Jesús y la persona que busca tiene una atracción mutua. El viene, y ella viene. De nada hubiera servido su venida desde las costas de Tiro y Sidón si el Señor Jesús no hubiera también descendido a la frontera de Israel y Fenicia para encontrarla. EL que Jesús haya ido es lo que convierte el venir de ella en un éxito. ¡Qué feliz circunstancia cuando Cristo encuentra al pecador, y el pecador encuentra a su Señor!
Nuestro Señor Jesucristo, como el Buen pastor, vino por ese camino llevado por el instinto de su corazón. Estaba buscando a los perdidos y parecía sentir que había que encontrar a alguien en los términos de Tiro y Sidón, y por lo tanto, debía ir en esa dirección a encontrar a ese alguien. No parece que haya predicado o hecho algo especial mientras estaba en camino. Dejó las noventa y nueve ovejas junto al Mar de Galilea y salió a buscar la pérdida junto a las costas del Mediterráneo. Cuando hubo tratado con ella regresó a sus antiguos lugares en Galilea.
Nuestro Señor fue llevado hacia esta mujer, pero ésta también fue llevada hacia El. ¿Qué hizo que ella lo buscara? Aunque parezca extraño decirlo, un demonio tenía una mano en este asunto, pero no como dar al demonio alguna palabra de elogio. La verdad es que el Dios de toda gracia usó al diablo para conducir a esta mujer a Jesús: su hija estaba "gravemente atormentada por el demonio," y ella no podía soportar el quedarse en casa viendo a su hija en tal miseria. ¡Oh, con cuánta frecuencia un gran pesar lleva a hombres y mujeres a Cristo, así como un viento salvaje impulsa al marinero a dirigirse precipitadamente a un puerto! He conocido casos en que una aflicción doméstica, una hija enferma, influye en el corazón de una madre para que busque al Salvador. Y sin lugar a dudas muchos padres, quebrantados en espíritu por la probabilidad de perder un hijo amado, han vuelto su rostro al Señor Jesús en su angustia. ¡Ah, mi Señor! Tú tienes muchas formas de traer de regreso tu oveja que vaga descarriada, y para el resto debes enviar el negro perro del dolor y de la enfermedad tras ellas. Este perro entra en la clase y sus aullidos son tan terribles que la pobre oveja vuela hacia el pastor en busca de refugio. Dios lo haga así esta mañana con cualquiera de vosotros que tenga un gran problema en su hogar! ¡Qué la enfermedad de tu hijo pueda obrar tu salud! Sí, ¡qué la muerte de tu hija sea el medio por el que el padre recibe la vida espiritual! ¡Oh, qué tu alma y Jesús se encuentren este día! ¡Vuestro Salvador guiado por el amor y vuestro pobre corazón llevado por la angustia, que así seáis conducidos al punto de encuentro con la gracia!
Ahora bien, vosotros podríais suponer que cuando estos dos se buscaban mutuamente, la feliz reunión y la bendición de gracia se produjeron fácilmente. Pero se dice que "el camino del amor verdadero nunca se recorre con tranquilidad." Y por cierto, el camino de la fe verdadera no se ve libre de problemas. Aquí había amor genuino en el corazón de Cristo hacia esta mujer y fe genuina en su corazón hacia Cristo; pero surgieron dificultades que no podríamos haber esperado. Es para el bien de todos nosotros que ellas hayan ocurrido, pero no podríamos imaginarles. Quizás había dificultades en el camino de esta mujer que en el de cualquier otra persona que haya venido a Cristo en los días de su carne. Nunca antes vi al Salvador en una actitud como la que tenía al hablar a esta mujer de gran fe ¿Habéis leído alguna vez de que haya hablado palabras duras como estas? ¿Salió de su boca alguna vez una frase tan dura como "No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos"? ¡Ah! El la conocía bien y sabía que ella iba a soportar la prueba, y recibiría un gran beneficio por ello, y que El podría ser glorificado por la fe de ella a través de los siglos venideros. Por lo tanto, por buenas razones él la hizo pasar por ejercicios atléticos que forman una fe vigorosa. Sin lugar a dudas, por amor a nosotros EL hizo que ella pasara por una prueba la que nunca la hubiera expuesto si hubiera sido débil e incapaz de soportarla. Ella fue formada y desarrollada por su desaire. Mientras Su sabiduría la probaba, Su gracia la sustentaba.
Ahora bien, veamos cómo comenzó. EL Salvador había venido a la aldea, dondequiera que estuviera; pero no estaba allí públicamente, porque estaba buscando tener un tiempo a solas. Marcos nos dice, en el capítulo siete, versículo veinticuatro: "Levantándose de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón y entrado en una casa, no quiso que nadie lo supiese; pero no pudo esconderse. Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se postró a sus pies."
¿Por qué se estaba escondiendo de ella? EL normalmente no elude la búsqueda de un alma en necesidad. ¿Dónde está EL? pregunta ella a sus discípulos. Ellos no le dan información alguna. Tenían órdenes del Maestro de cuidarle su deseo de permanecer incógnito. Buscaba la quietud y la necesitaba, de modo que ellos podían discretamente cuidar sus lenguas. Sin embargo, ella lo descubrió y cayó a sus pies. Una pequeña pista le fue dada. Ella descubrió el hilo y lo siguió hasta encontrar la casa, y al Salvador en su lugar de alojamiento. Entonces vino el principio de su prueba. El Salvador se escondía, "pero no se pudo esconder" de su insistente búsqueda. Ella era todo oídos y ojos para él, y nada puede esconderse de una madre ansiosa, deseosa de una bendición para su hija. Perturbado por ella, el Bendito sale a la calle y sus discípulos lo rodean. Ella está decidida a hacerse oír por sobre las cabezas de ellos y por lo tanto comienza a gritar: "¡Ten misericordia de mí, Señor, hijo de David!" A medida que él sigue caminado, ella sigue gritando en voz alta, y suplicando, hasta que las calles retumban con el sonido de su voz, y Aquel que quería que nadie lo supiera fue proclamado en la plaza del mercado. A Pedro no le gusta: prefiere la adoración silenciosa. Juan se siente perturbado por el ruido: ha perdido una frase del Señor, una frase muy preciosa que el Señor estaba pronunciando en esos momentos. El ruido que la mujer hacía distraía a todo el mundo, de modo que los discípulos vinieron a Jesús y le dijeron: "Despídela, despídela, haz algo por ella, o dile que se vaya; porque grita tras nosotros, y su clamor no nos deja en paz. No podemos oír lo que dices debido a sus lamentos."
Mientras tanto, al darse cuenta que ellos le hablan a Jesús, se acerca, se introduce al círculo más íntimo, se arroja a sus pies, le adora y pronuncia su lastimera oración: "¡Señor, ayúdame!" Hay más poder en la adoración que en el bullicio; ella ha avanzado un paso. Nuestro Señor aun no le ha respondido una palabra. Sin lugar a dudas El ha oído lo que ella ha dicho, pero todavía no le ha respondido una sola palabra. El se ha limitado a decir a sus discípulos: "No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel." Eso no ha impedido que ella se acerque más, ni detuvo su oración, porque ahora ella suplica, "¡Señor, socórreme!" Finalmente el Bendito le habla. Para gran sorpresa nuestra, se trata de un frío desaire. ¡Qué palabra tan fría! ¡Qué cortante! No me atrevo a decir, ¡Qué cruel! Sin embargo, así parece: "No es bueno tomar el pan de los hijos y darlo a los perrillos."
Y ahora, ¿qué hará la mujer? Está cerca del Salvador, tiene audiencia con EL, así como está; está de rodillas delante de El, y El parece rechazarla. ¿Cómo actuará ahora? Este es el punto del cual quiero hablar. No será rechazada, ella persevera y avanza más aun, en realidad convierte el rechazo en un argumento. Ha venido en busca de una bendición y una bendición es lo que obtendrá, y seguirá con sus súplicas hasta obtenerla. Así que trata con el Salvador de una manera heroica, y en el estilo más sabio que le es posible, de lo cual quiero que cada uno que busca salvación aprenda una lección en esta oportunidad, y que, como ella, pueda prevalecer con Cristo, y oír que el Maestro le dice esta mañana: "Grande es tu fe, hágase contigo como quieres."
Del ejemplo de esta mujer obtengo tres consejos. Primero, reconoce todo lo que el Señor te diga. Dile: "Sí, Señor," "Verdad, Señor." Dile "Sí: a todas sus palabras. En segundo lugar, argumenta con el Señor "Sí, Señor, "pero." Piensa en otra verdad, y menciónasela como argumento. Dile: "Señor, debo aprovechar el punto hasta el que he llegado: todavía tengo argumentos que ofrecerte." Y en tercer lugar, en todo caso, ten fe en el Señor, sea lo que fuere que El diga. Ni importa cómo te trate, cree en él con fe sin vacilaciones, y sabe con certeza que El merece toda tu confianza en su amor y poder.

I. Mi primer consejo a todo corazón que busca al Salvador es este: ACEPTA LO QUE EL SEÑOR TE DIGA.

Ella dijo: "Sí, Señor." Dijera lo que dijera Jesús, ella no le contradijo en lo más mínimo. Me gusta lo que otra versión dice: "Es verdad, Señor," porque es muy expresivo. Ella ni dijo: "Es difícil, duro, o poco amable," sino "Verdad señor." "Es verdad que no es bueno tomar el pan de los hijos y darlo a los perrillos. Es verdad que comparada con Israel soy una perra. EL que me otorgues esta bendición es como dar a los perrillos el pan de los hijos. Verdad, Señor, es cierto." Ahora, querido amigo, si estás tratando con el Señor por vida y muerte, nunca contradigas Su palabra. Nunca obtendrás la paz perfecta si estás de un ánimo contradictorio, porque esa es una condición de la mente que es soberbia e inaceptable. El que lee la Biblia para encontrarle defectos, pronto encontrará que la Biblia lo encuentra defectuoso a él. Se puede decir del Libro de Dios lo que se dice de su autor: "Si camináis oponiéndoos a mí, yo caminaré contra vosotros." De este Libro puedo decir con verdad: "Con el obstinado te mostrarás obstinado."
Recordad, queridos amigos, que si el Señor os hace recordar vuestra indignidad y vuestra incapacidad, El solamente os está diciendo lo que es verdad, y será sabiduría de vuestra parte decir: "Verdad, Señor." Se te describe descarriado como oveja perdida, y el cargo es verdadero. La Escritura te describe como teniendo una naturaleza depravada, dile: "Sí, Señor." Te describe como de un corazón engañoso, y ese es el corazón que tienes. Por lo tanto, dile: "Verdad, Señor." Te representa como sin fuerzas, y sin fuerzas, y sin esperanzas. Que tu respuesta sea "Sí, Señor." La Biblia nunca da una buena palabra para la naturaleza humana no regenerada, ni ésta la merece. Delata nuestras corrupciones, y deja al desnudo nuestra falsedad, orgullo e incredulidad. No pongas reparos a la fidelidad de la Palabra. Toma la posición más baja y reconoce que eres pecador, perdido desacreditado y desecho. Si la Escritura pareciera degradarte, no te des por ofendido, antes bien, comprende que está tratando contigo en forma honesta. No permitas jamás que tu orgullosa naturaleza contradiga al Señor, porque eso es aumentar tu pecado.
Esta mujer tomó el lugar más bajo que le era posible. No solamente reconoció que era como uno de los perrillos, sino se puso debajo de la mesa de los hijos, y no la mesa del Maestro. Ella dijo: "Los perrillos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos." La mayoría de vosotros supusisteis que ella se refería a las migajas que caían de la mesa misma del amo de la casa. Si tenéis la bondad de mirar el pasaje notaréis que no es así. "Sus amos" se refiere a varios amos: la frase es plural, y se refiere a los hijos que eran los pequeños amos de los perros. Así ella se humilló no solamente para ser como un perrillo para su Señor, sino como uno para la casa de Israel, a los judíos. Esto era avanzar mucho, que una mujer tirota, orgullosa de su sangre sidonia reconociera que la casa de Israel era para ella como sus amos, que estos discípulos que acababan de decir: "Despídela," estaban en la misma relación con ella que los hijos de una familia con los perros de debajo de la mesa. La gran fe es siempre hermana de la humildad. No importa cuán bajo Jesús la pone ella se sienta allí. "Sí, Señor." Sinceramente recomiendo a cada uno de mis oyentes que consientan al veredicto del Señor, y no levanten objeciones contra el mayor amigo de los pecadores. Cuando tu corazón está pesado, cuando sientes que eres el peor de los pecadores, te ruego que recuerdes que eres un pecador mayor de lo que tú piensas. Tu propia conciencia te ha puesto muy bajo, pero debes ir más abajo aun, y sólo entonces estarás en el lugar que te corresponde. Porque a decir verdad, tú eres tan malo como puedas ser. Puedes ser peor que los más oscuros de tus pensamientos te hayan pintado. Eres un miserable totalmente carente de méritos, merecedor del infierno, y, sin la gracia soberana, el tuyo es un caso perdido. Si estuvieras en el infierno ahora, no tendrías motivo para quejarte contra la justicia de Dios, porque mereces estar allí. Pido a Dios que cada oyente que aún no ha encontrado misericordia pueda consentir con las declaraciones más serias de la Palabra de Dios, porque todas ellas son verdaderas, y fieles a él. ¡Oh, que quieras decir: "Sí, Señor: no tengo una sílaba que pronunciar en mi defensa"!
Y luego, si a tu humillado corazón le pareciera una cosa muy extraña el pensar que eres salvo, no luches contra esa creencia. Si un sentido de la justicia divina te sugiere: "¡Qué! ¡Tú salvado! Seguramente Dios ha sobrepasado toda su misericordia anterior al perdonar a uno como tú." En ese caso El habrá tomado el pan de los hijos para lanzarlo a los perros. Eres tan indigno, tan insignificante e inútil, que aun cuando fueras salvo serías inútil para el servicio sagrado. ¿Cómo puedes esperar la bendición? No trates de argumentar en sentido contrario. Trata de no magnificarte a ti mismo, pero clama: "Señor, reconozco la evaluación que haces de mí. Reconozco francamente que si he sido perdonado, si he sido hecho hijo de Dios, y si entro en el cielo, seré la maravilla más grande del inmensurable amor y de la gracia sin límites que haya vivido sobre la tierra o en los cielos."
Deberíamos estar completamente dispuestos a dar nuestro asentimiento y consentimiento a cada sílaba de la divina palabra puesto que Jesús nos conoce mejor de lo que nos conocemos a nosotros mismos. EL Verbo de Dios sabe más acerca de nosotros que lo que pudiéramos jamás descubrir acerca de nosotros mismos. Somos parciales acerca de nuestra persona, y por eso somos medio ciegos. Nuestro juicio siempre falla en cuanto al justo equilibrio cuando nuestro caso está en la balanza. ¿Cuál es el hombre que no esté en la buena consigo mismo? Tus faltas, por cierto, siempre son excusables, y si hace un pequeño bien, es digno de reconocido y de ser estimado al valor de los diamantes de primera selección. Cada uno de nosotros es una persona muy superior; por lo menos eso es lo que nos dice nuestro orgulloso corazón. Nuestro Señor Jesucristo no nos adula; ve nuestro caso tal como es: su ojo escudriñador ve la verdad desnuda de las cosas, y como "el testigo fiel y verdadero" nos trata conforme a las reglas de la rectitud. ¡Oh alma que buscas, Jesús te ama mucho como para adularte! Por lo tanto, te ruego que tengas confianza en él, una confianza tal, que no importando cuánto te reprenda, por su Palabra, por su Espíritu, cuanto te repruebe y aun te condene, tú puedas responderle sin vacilar: "Verdad, Señor; sí, Señor."
Nadase puede ganar con poner reparos al Señor. Un mendigo está a tu puerta y pide limosna. Si comienza una discusión contigo y te contradice, ha errado el camino. Silos mendigos no pueden elegir, ciertamente no deben amar las controversias. Si un mendigo desea discutir, que discuta, pero deje de mendigar. Si él critica la forma en que recibirá el regalo de tu mano, cómo y qué le vas a dar, es muy probable que finalmente nada obtenga. Un pecador crítico, disputando con su Salvador es un necio con letras mayúsculas. En cuanto a mí, tengo el propósito hecho de que disputaré con todos, pero jamás con mi salvador, y especialmente contenderé conmigo mismo, y tendré una reyerta desesperada con mi propio orgullo, pero no tendré ni una sombra de diferencias con mi Señor. Contender con su propio Benefactor es ciertamente una necedad. Sería necio que el condenado con justicia sea quisquilloso con el Dador de la Ley que está investido de todas las prerrogativas del perdón. En lugar de eso, con el alma y el corazón clama: "Señor, creo todo lo que encuentro en tu Palabra, cuanto leo en las Santas Escrituras, que es la revelación de tu mente, lo creo, lo creeré y debo creerlo, y por lo tanto digo: "Sí, Señor! Es todo verdad aunque me condene para siempre."
Ahora, prestad atención a esto: si en tu corazón te encuentras reconociendo lo que Jesús dice, aun cuando su respuesta haya sido dura, puedes estar seguro de que ello se debe a una obra de la gracia, porque la naturaleza humana es muy arribista y se pone muy por encima de su necia dignidad, y contradice al Señor cuando éste lo trata verazmente y lo humilla. La naturaleza humana, si quieres verla en su verdadera condición, es aquel ser desnudo que está más allá, que soberbiamente procura cubrirse con un vestido diseñado por él mismo. ¡Miradlo! ¡Ha cosido hojas de higuera para hacerse un delantal! ¡Qué desvalido! ¡Con las hojas marchitas se ve peor que desnudo! Sin embargo, esta miserable naturaleza humana se rebela orgullosamente contra la salvación por Cristo. No quiere saber de una justicia imputada; su justicia propia le es mucho más querida. ¡Ay de la corona de orgullo que se constituye en rival del Señor Jesucristo! Amado oyente, si tienes otro modo de pensar, y estás dispuesto a reconocerte pecador, perdido, arruinado y condenado, bien haces. Si esta es tu actitud, que no importa cuán humillante sea la verdad que el Espíritu de Dios te enseñó en Su Palabra, o te enseñó por la convicción en tu conciencia, de inmediato estarás de acuerdo y confesarás: "Así es." Entonces el Espíritu de Dios es el que te ha traído a esta condición humilde, verdadera y de obediencia, y hay esperanzas para ti.

II. Y ahora mi segundo punto es este: aunque no debes poner reparos a Cristo, puedes ARGUMENTAR CON EL. "Sí, Señor," dijo ella, y agregó: "pero."

Entonces, esta es mi primera lección: pon una verdad en frente de otra. No contradigas con una verdad de reprobación, más bien trae una agradable para enfrentarla. Recuerda como fueron salvados los judíos en los días de Amán y Mardoqueo. El rey emitió un decreto que cierto día, el pueblo podía levantarse contra los judíos y asesinarlos, tomando como botín sus bienes. Ahora bien, de acuerdo con las leyes de Medos y Persas esto no podía ser alterado. El decreto debía permanecer. ¿Entonces, qué? Cómo podría anularse? Enfrentado esa ordenanza con otra. Se emitió un nuevo decreto por el cual, aunque el pueblo podía levantarse contra los judíos, los judíos podrían defenderse, y si alguien se atrevía a dañarlos, ellos podrían matarlo y tomar como botín sus posesiones. Así un decreto neutralizó al otro.
Con cuánta frecuencia podemos usar el arte sagrado de pasar de una doctrina a otra. Si una verdad la veo demasiado negra para mí, no sería sabio que me mantenga siempre pensando en ella. Será sabio que examine todo el aspecto de la verdad, y vea si no hay alguna otra doctrina a que me dé esperanzas. David puso esto en práctica cuando dijo: "Tan torpe era yo, que no entendía; era como una bestia delante de ti." Y entonces, con toda confianza añade: "Con todo yo siempre estuve contigo; me tomaste de la mano derecha." El no se contradice a sí mismo, sin embargo, con la segunda declaración quita toda la amargura que la primera oración deja en el paladar. Las dos oraciones juntas exponen la suprema gracia de Dios, que permitió que un ser semejante a una bestia pudiera tener comunión con El. Te suplico que aprendas este santo arte de poner una verdad junto a la otra, para que de ese modo puedas tener una visión justa de toda la situación y no desesperes.
Por ejemplo, me encuentro con un hombre que dice: "Señor, el pecado es una cosa terrible; me condena. Creo que nunca podré responder al Señor por mis iniquidades, ni permanecer en Su presencia." Ciertamente esto es verdad; pero recordemos otra verdad: "Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros." "El que no conoció pecado fue hecho pecado por nosotros;" "Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús." Pon la verdad de nuestro Señor cargando nuestros pecados en frente de la verdad de la culpa y la maldición del pecado que pende sobre ti si estás aparte de su gran Substituto.
"El Señor tiene un pueblo elegido," exclama uno, "y esto me desalienta." ¿Por qué habría de ser así? No contradigas esa verdad; créela como la lees en le Palabra de Dios. Pero escucha como la expresa Jesús: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños." Para ti, que eres débil, sencillo y confiado como un bebé, la doctrina está llena de consuelo. Si el Señor va a salvar un número de personas que nadie puede contar, ¿por que no podría salvarme a mí? Es verdad que está escrito: "Todo lo que el Padre me da vendrá a mí"; pero también está escrito: "Y al que a mí viene ni le echo fuera." La segunda parte del dicho debe ser aceptada al igual que la primera.
Algunos tropiezan en la soberanía de Dios. Tendrá misericordia de quien quiera tener misericordia. Podría preguntar con justicia: "¿No haré lo que quiero con lo que es mío?" Amados, no disputéis los derechos del Dios eterno. Es el señor: que El haga como bien le parezca. No disputes con el Rey, antes, ven humildemente a El y argumenta de este modo: "Oh, Señor, solamente tú tienes el derecho del perdón, pero tu Palabra declara que si confesamos nuestros pecados, tú eres fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados; y tú has dicho que todo el que cree en el Señor Jesucristo será salvo." Este argumento prevalecerá. Cuando leas, "Es necesario nacer de nuevo" también dice: De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo el que cree en El no se pierda mas tenga vida eterna." Así, es claro que el que cree en Cristo ha nacido de nuevo.
Esto me lleva a una segunda recomendación: recibe consuelo aun de una verdad dura. Recibe este consejo dándole preferencia sobre el que ya he dado. La traducción de nuestras versiones es muy buena, pero debo confesar que ese sentido no refleja todo el sentido de lo que la mujer quería decir. Ella no dijo: "Sí, Señor, pero," como si estuviera levantando una objeción, como ya hemos explicado, sino "Sí, Señor porque." He usado la traducción tradicional, porque expresa la forma en que nuestra mente generalmente mira las cosas. Pensamos que ponemos una verdad frente a otra cuando todas las verdades concuerden y no puede haber conflicto. De la verdad que parece más oscura podemos recibir consolación. Ella dijo: "Sí, Señor; porque los perrillos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos." Ella no recibió consuelo de otra verdad que pareciera neutralizar la primera, sino, como la abeja succiona la miel de la ortiga, ella obtuvo ánimo de la severa palabra de Dios "No es bueno tomar el pan de los hijos y darlo a los perrillos." Ella dijo: "Es verdad, Señor, porque aun los perrillos comen la migajas que caen de la mesa de sus amos." Ella no tenía que dar vuelta las palabras de Cristo. Las tomó como estaban y descubrió el consuelo que había en ellas. Sinceramente os exhorto a que aprendáis el arte de derivar consuelo de cada afirmación de la Palabra de Dios, no necesariamente trayendo a colación una segunda doctrina, sino creyendo que aun la verdad presente que tiene un aspecto amenazador es vuestra amiga.
Te oigo decir: "Cómo puede tener esperanza? Porque la salvación es de Jehová." Pues bien, esa es la razón por la que debes llenarte de esperanza y buscar la salvación en Dios solamente. Si fuera de vosotros mismos, tendríais que desesperar; pero como es de Jehová, podéis tener esperanzas.
¿Gimes, "¡Ay! Nada puedo hacer? Y, ¿qué importa? El Señor todo lo puede. Puesto que la salvación es de Jehová solamente, pídele que sea el Alfa y Omega para ti. Gimes, "yo sé que debo arrepentirme, pero no siento que pueda alcanzar una medida correcta de sensibilidad." Es verdad, y por eso el Señor Jesús está exaltado en lo alto para dar arrepentimiento. No puedes arrepentirte para vida, porque este también es un fruto del Espíritu.
Amados amigos, cuando estaba bajo convicción de pecado oí la doctrina de la soberanía divina: "Tendrá misericordia de quien El tenga misericordia," pero ello no me atemorizó, porque sentí más esperanzas de gracia a través de la voluntad soberana de Dios que por cualquier otro medio. Si el perdón no es una cuestión de méritos humanos, sino una prerrogativa divina, entonces hay esperanzas para mí. ¿Por qué no podría ser perdonado como los demás? Si el Señor tuviera solamente tres elegidos, y estos fueran escogidos según su beneplácito, ¿por qué no podría yo ser uno de ellos? Me puse a sus pies y deseché toda esperanza que no fluyera de Su misericordia. Sabiendo que EL salvaría un número que nadie puede contar, y que El podría salvar a cada alma creyese en Jesús, creí y fui salvado. Fue bueno para mí que la salvación no fuera por méritos, porque no tenía mérito alguno. Si quedaba en manos de la gracia divina, entonces podía pasar por aquella puerta, porque el Señor podría salvarme a mí al igual que a cualquier otro pecador y puesto que leí: "Al que a mí viene no le echo fuera," vine y El no me echó fuera.
Correctamente entendida, cada palabra de Dios lleva a Cristo, y ni una sola palabra hace retroceder al pecador que está buscando. Si eres un buen muchacho, lleno de tu justicia propia, cada verdad del evangelio te parecerá negra; pero si eres un pecador que, nada merece sino la ira de Dios; si en tu corazón confiesas que mereces la condenación, eres el tipo de persona que Cristo vino a salvar, tú eres el tipo de hombre que Dios eligió desde antes de la fundación del mundo, y tú podréis sin ninguna vacilación, venir y poner tu confianza en Jesús, que es el Salvador de los pecadores. Creyendo en El recibirás una salvación inmediata.

III. En tercer lugar, en cualquier caso, sea lo que fuere que Cristo diga o no diga TEN FE EN EL. Mira la fe de esta mujer y trata de copiarla. Su fe creció en su comprensión de Jesús.
Primero, El es el Señor de misericordia; ella clamaba: "Ten misericordia de mí." Querido oyente, ten suficiente fe para creer que necesitas misericordia. La misericordia no es para los que creen tener méritos. EL reclamo del meritorio es por justicia, no por misericordia. El culpable necesita y busca misericordia, y solamente esto. Cree que Dios se deleita en la misericordia, se complace en perdonar donde no hay razón para perdonar, salvo su propia bondad. Cree también que el Señor Jesucristo a quien predicamos es la encarnación de la misericordia. Su existencia misma significa misericordia para ti, su palabra significa misericordia; Su vida, su muerte, su intercesión en los cielos, todo significa misericordia, misericordia, misericordia, ningún otra cosa sino misericordia. Tú necesitas la misericordia divina: El es el Salvador que tú necesitas. Cree en El y la misericordia de Dios será tuya.
Esta mujer también lo llamó Hijo de David, en lo cual reconocía Su humanidad y su carácter real para con los hombres. Piensa en Jesús como Dios sobre todas las cosas. Bendito para siempre, que ha hecho los cielos y la tierra, y sustenta todas las cosas por su poderosa palabra. Sabe que se hizo hombre, velando su divinidad en este pobre barro nuestro: como bebé aferrado del pecho de una mujer; se sentó como hombre cansado a la orilla del pozo, murió entre malhechores sobre la cruz, y todo esto por amoral hombre. ¿No puedes confiar en este Hijo de David? David era muy popular porque entraba y salía entre el pueblo, y demostró ser un rey del pueblo. Eso es Jesús. David reunió en torno suyo una compañía de hombres que se apegaron mucho a él, porque cuando llegaron a él era una banda completamente acabada, estaban en deuda y descontentos; todos los expulsados de los dominios de Saúl se reunieron alrededor de David, y éste se convirtió en su capitán.
Mi Señor Jesucristo es escogido del pueblo, elegido por Dios con el propósito de ser nuestro hermano, un hermano nacido para la adversidad, que ha venido a asociarse con nosotros pese a nuestra insignificancia y miseria. Es el amigo de hombres y mujeres que están arruinados por la culpa y el pecado que cargan. "Este a los pecadores recibe y con ellos come." Jesús es el líder bien dispuesto de un pueblo pecaminoso e inmundo, al cual eleva a una posición de justificación y santidad y lo hace habitar consigo en gloria para siempre. ¡Oh, ¿no confiarás en un Salvador como éste? Mi Señor ni vino al mundo a salvar gente superior, que piensa que han nacido santos. Jesús vio a salvar a los perdidos, los miserables, culpables e indignos. Que los tales se acerquen a El, como las abejas se agrupan alrededor de la abeja reina, porque El fue ordenado con el propósito de reunir a los escogidos de Dios, como está escrito: A él se congregará el pueblo."
Esta mujer creyente podría haber sido animada por otro tema. Nuestro Señor dijo a sus discípulos: "No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel." "¡Ah!" piensa ella, "EL es pastor de ovejas perdidas. Sea cual fuere Su rebaño, El es un pastor, y tiene entrañas compasivas hacia las ovejas perdidas; seguramente El es una persona a la que puedo mirar con confianza." ¡Ah, querido oyente! Mi Señor Jesucristo es un pastor por oficio y por naturaleza, y si tú eres una oveja perdida, estas son buenas nuevas para ti. Hay un instinto santo en El que lo hace reunir los corderos en sus brazos, y lo hace buscar a los perdidos que se descarriaron en el día oscuro y brumoso. Confía en EL porque te está buscando; si ven á El ahora, y quédate con el.
Más aun, esta mujer tuvo fe en Cristo en el sentido de que era como una gran cabeza de familia. Ella parece decir: "Esos discípulos son como hijos sentados a la mesa, y él los alimenta con el pan de su amor. El le hace una fiesta tan grande, les da tanto alimento, que si mi hija fuera sanada, sería una cosa grande y bendita para mí, pero para él no sería sino como si una migaja que cayese bajo la mesa, y un perro se la comiera." Ella no pide que le arroje una migaja, sino solamente que se le permita coger una migaja que haya caído de la mesa. Ella ni siquiera pide una migaja que el Señor le pudiera arrojar, sino una que los hijos hubieron dejado caer; ellos generalmente dejan caer migajas. Observo que en el griego ni dice "perros" sino "perritos"; así mismo, la palabra "Migajas" es migajitas o trocitos pequeños, insignificantes, caídos por accidente. Pensad en esta fe. Que el demonio fuera expulsado de su hija era la cosa más grande que pudiera imaginar; sin embargo, tiene una creencia tal en la grandeza del Señor Jesucristo, que, pensaba ella, sanar a su hija para El no era más que para una gran cabeza de familia dejar que un pobre perrillo coma las migajitas que los hijos dejan caer. ¿ No es esa una fe espléndida?
Y ahora, ¿no puedes ejercer una fe como esa? ¿No puedes creer tú un pecador condenado y perdido que si Dios te salva será la más grande maravilla que haya habido, y que para Jesús, que hizo por sí mismo un sacrificio por los pecados, ello no será más que si este día tu perro o tu gato come una migaja que uno de tus hijos haya dejado caer de la mesa? ¿No puedes pensar que Jesús es tan grande que lo que para ti significa el cielo, para él será solamente como una migaja? ¿No puedes creer que él puede salvarte prontamente? En lo que a mí respecta, yo creo que mi Señor es un Salvador tal que puedo confiarle completamente mi alma, y eso sin dificultad. Y os diré algo más: si yo tuviera todas vuestras almas en mi cuerpo, todas ellas las confiaría a Jesús. Sí, y si yo tuviera un millón de almas pecadoras en mí mismo, confiaría libremente en el Señor Cristo con todas ellas, y diría: "Estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día."
No supongáis que hablo así porque estoy consciente de que haya alguna bondad propia en mí. De ninguna manera. La confianza no la tengo puesta en mí en ningún grado, ni en alguna cosa que pueda hacer o llegar a ser. Si yo fuera bueno no confiaría en Jesús, No podría. ¿Por qué? Tendrías que confiar en mí mismo. Pero, debido a que no tengo nada de mí mismo estoy obligado a vivir por fe, y me regocijo de que pueda ser así. Mi Señor me da un crédito ilimitado en el Banco de la fe. Estoy profundamente endeudado con El, y estoy decidido a endeudarme más aún. Pecador como soy, si fuera un millón de veces tan pecador como soy, y entonces tuviera un millón de almas un millón de veces más pecadores que la mía, todavía confiaría en su sangre redentora para limpiarme, y en El para salvarme. Por tu agonía, y por tu sudor de sangre, por tu cruz y tus padecimientos, por tu muerte preciosa y por tu sepultura, por tu gloriosa resurrección y tu ascensión, por tu intercesión en favor del culpable a la diestra de Dios, oh Cristo, yo siento que puedo reposar en Ti. Que todos vosotros lleguéis a este punto, que Jesús es abundantemente poderoso para salvar.
Has sido un ladrón, ¿verdad? La última persona que estuvo en cercana compañía del Señor sobre la tierra fue el ladrón moribundo. "Oh," pero tú dices, "He sido malo en la vida, me he contaminado con toda especie de mal." Pero todos aquellos con los cuales se asocia ahora fueron sucios una vez; porque ellos confiesan que han lavado sus ropas y las han emblanquecido en Su sangre. Sus vestiduras estuvieron tan inmundas que nada, sino la sangre de su corazón, podía blanquecerlas. Jesús es el gran Salvador, más grande que lo que mi lengua pueda describir. No puedo describir su gran valor, no lograría hacerlo aun cuando pudiera describir el cielo en cada palabra, y expresar la infinitud en cada oración. Ni siquiera todas las lenguas de los hombres o de los ángeles puedan exponer en forma completa la grandeza de la gracia de nuestro Redentor. ¡Confía en El! ¿Tienes miedo de confiar en El? Entonces huye precipitadamente. Arriésgate a hacerlo. Atrévete con El, arriésgate completamente, no admitas que otra confianza intervenga." Mirad a mí," dice él, "y sed salvos todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios y no hay más." ¡Mirad! ¡Mira ahora! ¡Mírale a él solamente! Cuando le estés mirando con la mirada de la fe, El te mirará con amorosa aceptación, y te dirá: "Grande es tu fe; sea hecho como tú quieres." Serás salvo en la misma hora; y aunque hayas venido a esta casa de oración gravemente afligido por un demonio, saldrás en paz con Dios, y tan en paz como un ángel. ¡Qué Dios te conceda esta bendición, por amor de Cristo! Amén.

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