El Don de Lenguas


El Don de Lenguas



Su puesto en las Escrituras -- y el de otros dones milagrosos.



por Gordon Hayhoe



Traducción del inglés: Santiago Escuain



<


así me oirán, dice el Señor. Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los



incrédulos>> (1Cor. 14:21, 22).



<


el Espíritu les daba que hablasen... Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no



son galileos todos estos que hablan?... les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas



El don de lenguas



Es de gran importancia al hablar de esta cuestión que nos demos cuenta de dos cosas.



¿Cuál era el propósito del don de lenguas? ¿Se trataba de lenguas habladas en el mundo, o



simplemente de un hablar extático? Ahora bien, las Escrituras anteriormente citadas dan una



respuesta bien clara a estas preguntas.



En primer lugar, fueron dadas como señal a los incrédulos, no a los creyentes.



En segundo lugar, se trataba de lenguas comprendidas por aquellos que las hablaban.



Si tenemos estos dos puntos en mente, entonces quedarán claras todas las Escrituras



que tienen que ver con esta cuestión. En cuanto a si existen aún hoy día, si es así, debemos



esperar que sean las mismas que las mencionadas en la Escritura. Dios las dio como señales



para confirmar la Palabra a los incrédulos, esto es, antes que fuera escrito el Nuevo Testamento



(Mr 16:20; He 2:3, 4). Pero es doloroso que veamos dos motivos para alarmarnos en el actual



En primer lugar, no se emplean para proclamar las maravillas de Dios a los incrédulos en



En segundo lugar, muy frecuentemente van asociadas con algunos errores muy graves en



cuanto a la Persona y a la obra de Cristo, así como con otras prácticas no escriturarias.



Tales cosas nos debieran llevar a ponernos en guardia antes de involucrarnos en tales



movimientos, porque se nos advierte: <> (1Ts 5:21). La 



manera en que lo examinamos todo es por la Palabra de Dios. Es algo muy serio buscar un poder



que no es conforme a la Palabra de Dios.



Consideremos los tres pasajes en Hechos que se refieren a las lenguas. En Hechos 2,



en el día de Pentecostés, el Espíritu Santo descendió, conforme a la promesa de Hch 1:4, 5



(véase también Jn 7:39; 16:7). Hasta aquel entonces Dios había estado tratando con una nación



determinada, y el Señor Jesús, mientras estaba en la tierra, dijo: <


ovejas perdidas de la casa de Israel>> (Mt 15:24). También les dijo a Sus discípulos: <


camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas



perdidas de la casa de Israel>> (Mt 10:5, 6). Pero ahora, en el día de Pentecostés, iba a comenzar



una cosa nueva. El Señor Jesús había dicho: <> (Mt 16:18), y esta iglesia 



iba a estar constituida por judíos y gentiles (1 Co 12:13). La pared intermedia de separación entre



judíos y gentiles iba a ser derribada (Ef 2:14) y ¿qué señal se podía dar más idónea para ello que



mediante el don de lenguas? El mensaje de las maravillosas obras de Dios, sin una instrucción



previa por parte de los que lo proclamaban, es pronunciado en muchos lenguajes diferentes. Dios



estaba mostrando que Él estaba rebasando los límites de Israel, porque estaba a punto de derribar



la pared intermedia de separación que dividía entre ellos.



La siguiente vez que leemos del don de lenguas es en Hch 10:46. Aquí es en compañía



de gentiles en la casa de Cornelio, porque de nuevo digo que vemos a Dios introduciendo esta



novedad mediante la introducción de los gentiles para constituir sobre la tierra la Iglesia de



Dios. Ellos recibieron el Evangelio proclamado por Pedro, y cuando el Espíritu Santo cayó



sobre ellos hablaron con lenguas y fueron añadidos a la iglesia. Al relatar lo que había tenido



lugar en Hch 11:4-18, Pedro dijo: <


nosotros al principio>>. Esto deja muy claro que ellos también hablaron en lenguas inteligibles



(lenguas habladas en el mundo), porque ésta era la manera en que las lenguas habían sido dadas



al principio. Otra vez podemos ver que esto estaba en armonía con los caminos de Dios, para



mostrar que estaba alcanzando más allá de Israel a los gentiles. Los que estaban en la asamblea



en Jerusalén fueron conducidos a confirmar esto, porque dijeron: <<¡De manera que también a



los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!>> (Hch 11:18).



La tercera vez que leemos del don de lenguas es en Hch 19:6, cuando Pablo fue a



Éfeso. Aquí tenemos un grupo de discípulos que nunca han oído el evangelio de la gracia de



Dios. Habían aceptado el mensaje de Juan el Bautista que hablaba de la venida del Mesías, y



habían sido bautizados por él en arrepentimiento. Ahora oyen del Señor Jesús que ha muerto y



resucitado, y que ha venido el Espíritu Santo. Juan había dicho que el Señor Jesús bautizaría con



Espíritu Santo (Mt 3:11), y esto ya había tenido lugar en el día de Pentecostés, como lo había



anunciado el mismo Señor Jesús en Hch 1:5. Ahora ya no era necesario esperar ya más para el



bautismo del Espíritu Santo, porque había venido, y así cuando Pablo puso sus manos sobre



ellos, recibieron el Espíritu Santo. También dieron testimonio de ello, al hablar en lenguas, que



el cristianismo no era como el mensaje de Juan a la nación de Israel, porque el mensaje del



evangelio en el cristianismo alcanza al gentil. La epístola de Pablo a los efesios no menciona el



don de lenguas, pero expone claramente cómo ha sido derribada la pared intermedia de



separación entre judíos y gentiles, que vienen a constituir un cuerpo en Cristo (Ef 2:14-16; 3:6).



La única de todas las epístolas que habla del don de lenguas es 1 Corintios. En ella se



nos dice que los corintios no les faltaba nada en ningún don, y que sin embargo eran cristianos



carnales (1 Co 1:7; 3:1). Ahora bien, <



(Ro 11:29), y Dios no retira Su don de una persona a quien se lo haya dado, aunque aquella



persona pueda no emplearlo conforme a Su mente según ha sido revelada en Su Palabra. Es



factible emplear un don de Dios de una manera errónea, o para exhibición y enaltecimiento



propio. Además, es importante señalar que no todos los creyentes en Corinto tenían el don de



lenguas (1 Co 12:30), sino que algunos que lo habían recibido lo estaban empleando no con



amor a otros ni para provecho, y es por esta razón que Pablo los exhorta a no actuar como niños



a los que les gusta la jactancia (1Cor. 13:11; 14:20). Cuando habla de lenguas de hombres y de



ángeles lo hace en el mismo sentido en que habla de ángeles predicando otro evangelio (Gá 1:8),



porque podemos estar seguros de que los ángeles pueden hablar en cualquier lengua terrena, y



los ángeles elegidos son espíritus servidores que se cuidan de todos los hijos de Dios, sea cual



fuere su nacionalidad (He 1:13, 14).



No hay aquí ninguna idea de un pretendido <>, porque ¿cómo podría 



ser un lenguaje desconocido por ninguna gente o nación de la tierra ser un testimonio a los



incrédulos? Y sin embargo la Escritura nos muestra, como ya hemos observado, que las lenguas



habían sido dadas como señal a los incrédulos. Las lenguas no serán necesarias <


lo perfecto>> 91 Co 13:8-10), por lo que cesarán en la gloria venidera. Observemos aquí que



no dice <>, sino simplemente que cesarán las <>. En el cielo 



no se precisará de la profecía, y el conocimiento no será ya más parcial, y por cuanto seremos



de una sola mente y hablaremos el mismo lenguaje, entonces cesarán las lenguas. Las varias



lenguas comenzaron en la torre de Babel cuando el hombre, en su soberbia, trató de edificar



una estructura de ladrillos cuya cúspide llegara al cielo. Ahora Dios está edificando una casa



espiritual, de la que forman parte todos los creyentes con piedras vivas, sin diferencias de



nacionalidad ni de lenguaje. De nuevo vemos la sabiduría de Dios al introducir esta cosa nueva



mediante el don de lenguas. No estaba en el propósito de Dios el empleo de este don sin amor y



Por ello, en el capítulo catorce de 1 Corintios el apóstol prosigue con esta cuestión, y



regula su uso en la asamblea. En las anteriores ocasiones que se registran en Hechos, no habían



sido empleadas en la asamblea congregada, sino sólo como señal en armonía con el propósito



de Dios al darlas. Ahora, por cuanto eran un don de parte de Dios, su uso no quedaba prohibido



en tanto que hubiera un intérprete. Serían, cuando se emplearan de esta manera, un recordatorio



para la asamblea de la gracia de Dios en Su obra en medio de otras naciones en bendición, y



en la incorporación de aquellos creyentes al un cuerpo de Cristo. Incluso hoy en día somos



susceptibles a olvidarnos, en una asamblea en la que todos hablamos en un lenguaje, que Dios



está salvando y otorgando el Espíritu Santo a estos salvos, como miembros del un cuerpo, de



toda raza, y lengua, y pueblo, y nación. Muy a menudo, cuando viene alguien de otra lengua, y



tenemos que interpretar para los tales, ello nos recuerda cómo, en el día de Pentecostés, cada uno



oyó las maravillas de Dios en su propia lengua en la que había nacido (Hch 2:8).



Triste es decirlo, los corintios estaban empleando el don de lenguas para exhibirse, y así



Pablo les tuvo que decir que no hablaran en otra lengua, desconocida para los presentes, excepto



si había intérprete. En caso contrario, podía, sin embargo, hablar <



en otra lengua, por cuanto Él comprendía el lenguaje. Si yo me encontrara en una reunión en la



que nadie comprendiera inglés, hablaría para mí mismo y a Dios en inglés. Pero los versículos



21 y 22 ponen en claro que no se está haciendo referencia a proclamaciones extáticas, sino



que Pablo está hablando de otros lenguajes, que serían señal a los incrédulos acerca del poder



de Dios y de cómo el mensaje de la salvación va ahora a todas las naciones. Si no había nadie



presente en la asamblea que comprendiera el lenguaje ni tampoco un intérprete del mismo, no



serviría para el propósito para el que Dios lo había dado como aparece en Hch 2. Además, les



parecería una insensatez a los extraños que entraran, y que no entenderían lo que se estuviera



diciendo. Sería confusión, Dios no sería glorificado, y nadie sería edificado (1Co 14:21-25).



Pero se plantea con frecuencia la cuestión de si hoy en día tenemos el don de lenguas.



Hacer la pregunta es responderla, porque no hay ninguna persona ni ningún grupo que pueda



pretender ser capaz de hacer lo que tuvo lugar en Hch 2, reuniendo a un grupo de personas de



<> (Hch 2:5), y luego proclamarles en las propias lenguas 



... y otros dones milagrosos



Esto nos conduce a una importante consideración, no sólo acerca del don de lenguas,



sino también de todos los dones milagrosos. La Escritura no promete que continuarían los



dones de lenguas, sanidades y milagros, hasta la resurrección de muertos, que ejercitaron



personas especialmente dotadas en la iglesia primitiva. Sabemos que existieron en la iglesia



primitiva, como se registra claramente en Hechos y 1 Corintios, como señales para confirmar



la Palabra, que aún no había quedado registrada por escrito. Hay, sin embargo, la promesa de



la continuación de los dones del ministerio para la edificación de la iglesia (Ef 4:7- 16). Ahora



bien, tenemos en la Palabra escrita el fundamento del cristianismo echado por los apóstoles y



profetas (Ro 16:26; 1 Co 3:10; Ef 2:20-22), y la continuidad de los dones del ministerio, <


fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de



Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un



varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños



fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina>> (Ef 4:12-14).



Como se ha mencionado antes, los hay hoy en día que profesan poseer el don de lenguas



y otros <>. Al poner a prueba sus pretensiones por medio de la Palabra de 



Dios y estudiando la realidad, descubrimos que no se trata de lo mismo que vemos en Hechos.



No emplean el don de lenguas como señal para los incrédulos, ni pueden reunir a un grupo de



enfermos y  quedar todos sanados (Hch 5:12-16). Incluso por lo que respecta a las sanidades



registradas en Hechos, no hay la certeza de que todos los sanados fueran creyentes, sino más bien



indicaciones de lo contrario. Se trataba de una señal para confirmar la Palabra a los incrédulos,



porque los verdaderos creyentes no necesitan que se les confirme la Palabra, por cuanto la han



recibido como la Palabra de Dios (1Ts 2:13). Es también importante ver que la sanidad tiene que



ver con el mundo o siglo venidero (He 6:5; Is 33:24; Sal 103:3). Era especialmente una señal



para aquellos que habían rechazado a su Mesías, y para otros también, de que Él es Aquel que



posteriormente introducirá en la tierra las bendiciones del reino, y que Él está ahora resucitado,



y estas poderosas obras eran llevadas a cabo en Su Nombre (Hch 4:9, 10).



Es muy importante que distingamos las dos esferas distintas de bendición de las que



el Señor Jesús será el centro en el día venidero (Ef 1:10). Habrá la escena  celestial a la que



pertenece la iglesia (2 Co 5:1; Col 1:5; 1 P 1:3, 4) y habrá la escena terrena de la que Jerusalén



en la tierra será el núcleo (Is 4:3-5; 65:18). Por cuanto nosotros, como parte de la iglesia, somos



un pueblo celestial, esperamos el momento de Su venida, en el que seremos transformados,



llegando a tener cuerpos de gloria hechos semejantes al cuerpo de gloria de Cristo (Fil 3:20,



21). Mientras tanto, <


tabernáculo gemimos>> (2Cor. 5:2, 4).



En relación con esto, es sumamente interesante observar cuidadosamente la mención



de enfermedades entre los creyentes en las epístolas, esto es, entre aquellos que pertenecen a



la compañía celestial. Leemos en Ro 8:23 que <


del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción,



redención de nuestro cuerpo>>. No hay aquí mención de sanidad, sino más bien de espera para



la redención de nuestros cuerpos. Entretanto, el Espíritu <>, 



Luego, más adelante, en 2Cor. 12:7-10, encontramos que Pablo tenía un aguijón en la



carne, llamado enfermedad en Gá 4:13, pero el Señor no lo sanó, sino que le enseñó dependencia



de Él por medio de ello. Timoteo tenía <>, pero Pablo no le sugirió 



un sanador, sino más bien un remedio para su enfermedad (1 Ti 5:23). Una vez más en 2 Ti 4:20,



aunque Pablo había sanado a muchos en su obra del evangelio (como se registra en Hch 19:11,



12; 28:8, 9), dejó a Trófimo enfermo en Mileto.



En Stg 5:14-18 tenemos el caso de un enfermo que llama a los ancianos para que



oren por él. No es la fe del enfermo lo que lo restaura a la salud, y ni siquiera se menciona aquí



su fe, sino que se trata más bien de fe ejercida por parte de los que oran por él. Tampoco se trata



del ejercicio del don de sanidad, sino de respuesta a la oración, sugiriendo que aquel que está



enfermo reconoce que debe ser recto y confesar el pecado conocido. Los que oran disciernen la



mente del Señor en relación con la enfermedad, y al orar en conformidad a la voluntad del Señor,



Él responde a la oración de ellos. No hay aquí mención de una curación milagrosa repentina,



sino del Señor restaurando a un enfermo. En aquellos días, además, había ancianos designados



por los apóstoles, mientras que en la actualidad no existen ni apóstoles ni delegados apostólicos,



como lo era Tito (Tit 1:5) para designarlos. La asamblea local jamás designó a sus propios



ancianos, ni siquiera en los tiempos apostólicos, aunque es indudable que en estos días de ruina y



fracaso Dios es fiel, y así, al contemplar Pablo aquellos días en los que entrarían lobos rapaces



(lo que ha sucedido), él se dirigió a aquellos ancianos en Éfeso no como designados por él, sino



por el Espíritu Santo (Hch 20:28-30). No hay ancianos oficiales en la actualidad, pero es



indudable que hay, incluso hoy, aquellos que han sido levantados por el Dios para asumir la



supervisión de Su pueblo, en espíritu de humildad y de amor para la grey de Dios. Es



indudablemente por esto que Santiago menciona el caso de Elías, un profeta en los tiempos del



fracaso y de la división de Israel, y muestra cómo tenía inteligencia de la mente del Señor en sus



oraciones. Primero vio la necesidad de disciplinar al pueblo de Dios con la retirada de lluvia, y



luego Dios, en gracia, respondió a la oración de Elías enviando lluvia. ¡Cuán a menudo hemos



visto al Señor respondiendo a la oración en nuestros días en muchas situaciones difíciles, y



restaurando a enfermos de vuelta a la salud! Pero tengamos un entendimiento de los tiempos y



un discernimiento de Su voluntad en estas cosas (Ef 5:17).



Podemos ver, por 1 Co 11:30, cómo Dios emplea la enfermedad en Sus caminos de



gobierno con nosotros, porque leemos que debido a un pecado no juzgado Dios había permitido



que muchos en Corinto quedaran <>, por cuanto no se habían juzgado a 



sí mismos acerca de sus descuidados caminos. En tanto que el cristiano está eternamente seguro



en cuanto a la salvación de su alma, queda bajo la actuación gubernamental de Dios, y Dios



emplea en ocasiones la enfermedad para tratar con los Suyos. Si rehusamos escuchar, podemos



perder el privilegio de permanecer aquí como testimonio para Cristo, aunque la sangre de Cristo



nos haya hecho aptos para el cielo. Naturalmente, esto no significa que toda enfermedad sea un



castigo, porque puede deberse simplemente a que nuestros cuerpos forman parte de una creación



que gime y a que podamos haber heredado alguna debilidad en sí, o puede ser la instrucción de



Dios, como la poda de una vid para que dé más fruto. Éste era el caso de Pablo en 2 Co 12:7-10.



Es de gran importancia para nosotros que nuestras expectativas no rebasen la



Palabra de Dios (Sal 62:5; Nm 23:19). Los que esperan hoy día estos dones milagrosos, han



permitido que sus expectativas vayan más allá de la Palabra de Dios, y esto los deja abiertos a



<> y al poder del enemigo (Sal 17:4, 5; 2 Ti 2:24- 26). En el día 



venidero habrá falsos profetas que harán señales y prodigios (Mt 24:24), pero todo esto será



llevado a cabo por el poder de Satanás, y la única manera en que podemos estar seguros de que



algo sea de Dios es que sea conforme a Su Palabra. Todas las Escrituras que hablan de los



últimos días de la historia de la  iglesia hablan de apartamiento de Dios y de debilidad, no de



señales y prodigios. Observemos la descripción que hace Pablo de los últimos días de la iglesia



en 2 Timoteo 3, o la descripción de Juan de los últimos días de la iglesia como se ven en



Laodicea (Ap 3:14-20), y las advertencias de Pedro en 2 P 3:3, 4. La profecía de Joel en Hch 2,



que algunos hay empleado para apoyar la presencia de señales y prodigios en estos últimos días



de la iglesia de la historia, se refiere a un día futuro para Israel (los últimos días para ellos, Jl



2:21-32). El día de Pentecostés tuvo este carácter, porque a Israel, como nación, se le dio



entonces la oportunidad de arrepentirse de su culpa y de recibir así la prometida bendición, que



será de ellos en un día futuro cuando finalmente se arrepientan (Hch 3:17- 26).



El Espíritu Santo fue dado en el día de Pentecostés, y ahora, como Persona divina,



mora en los cuerpos de los creyentes (1 Co 6:19), y está también en la casa profesante de la



Cristiandad (Ef 2:22). El Señor Jesús habló de esto (Jn 14:16, 17) y les dijo a los discípulos,



antes del día de Pentecostés, que esperaran Su venida, ocasión en la cual serían <


poder desde lo alto>> (Lc 24:49). En Corinto no se les dijo a los creyentes que esperaran a que



<> viniera sobre ellos, sino que emplearan los dones que el Espíritu de Dios les había



dado, con inteligencia, por la dirección de Su Palabra, en santa libertad, como conducidos por el



Espíritu (1 Co 12:4-11). Alguien ha dicho: <


sin caer en el fanatismo por una parte, o en el racionalismo por la otra>>. Es peligroso esperar un



futuro derramamiento de poder más allá del que tenemos al ser morada del Espíritu de Dios. Hay



dos poderes por encima del hombre, y son el poder de Dios y el poder de Satanás. El movimiento



carismático conduce a la gente a esperar exhibiciones de poder que no son conforme a la Palabra



de Dios, y que por ello no son del Espíritu de Dios. Edward Irving, el iniciador de este



movimiento en Inglaterra en el siglo pasado, enseñaba cosas de lo más chocantes acerca de la



Persona de Cristo, que uno no gusta de repetir (véase J. N. Darby, Collected Writings, Vol. 15,



págs. 1-51, edición de Morrish), pero hubo grandes manifestaciones de poder y de lenguas en



aquel entonces que atraparon incluso a verdaderos cristianos en aquel lazo. (Véase Sir Robert



Anderson, Spirit Manifestations, págs. 19, 20). Incluso en la actualidad la exhibición de este



poder y lenguas está demasiado a menudo asociada con malignas doctrinas en cuanto a la



Persona y obra del Señor Jesucristo, y de otras prácticas no escriturarias, porque Satanás



puede adoptar la forma de <<ángel de luz>> (2 Co 11:13-15), además de la de <


rugiente>> (1 P 5:8, 9). Su gran objetivo ha sido siempre atacar la gloriosa Persona y la



obra consumada de nuestro siempre bendito Señor y Salvador.



El bautismo del Espíritu Santo



Por esta razón podemos ver la importancia de primero contrastar este moderno



movimiento carismático a la luz de la Palabra de Dios. No busquemos <>, porque 



si uno es verdaderamente creyente en el Señor Jesucristo, él o ella son morada del Espíritu de



Dios, que es el poder para nuestro caminar como hijos de Dios. En Lc 11:13, antes del día de



Pentecostés, el Señor Jesús le dijo a Sus discípulos que pidieran el Espíritu Santo, porque no



había sido aún dado (Jn 7:39), pero  ahora Él mora en los cuerpos de todos aquellos que han



creído el evangelio (Ef 1:13). No se registra que  nadie tenga que esperar el bautismo del



Espíritu Santo después del día de Pentecostés. Sí hay la exhortación de ser <


Espíritu>> (Ef 5:18), lo que significa que debemos permitirle conducirnos en todo aquello



que hagamos. Ello se pone en contraste con estar embriagados con vino, porque tal persona



estaría fuera de control, mientras que uno lleno del Espíritu estaría bajo control porque



el fruto del Espíritu incluye la templanza o dominio propio (Gá 5:22, 23). Allí donde el



Espíritu de Dios conduce, allí hay libertad y servicio inteligente.



Al caminar cerca del Señor en dependencia y obediencia, habrá, por el poder del



Espíritu de Dios, el goce de Cristo y de nuestra parte en Él, porque el Espíritu Santo no



habla de Sí mismo, sino que nos lleva a toda verdad y glorifica a Cristo (Jn 16:13, 14;



Ef 3:16, 21; Col 1:8-14). También nos hará capaces para dar un verdadero testimonio



de Cristo delante de otros (Fil 2:15, 16). Si vemos manifestaciones de poder a nuestro



alrededor, estaremos más interesados en saber acerca de si son conformes a la Palabra de



Dios que acerca de si la señal o maravilla se cumple (Dt 13:1-4).



Como conclusión, se encomiendan estas observaciones al Señor, para que sean de utilidad



para ayudar al pueblo de Dios para discernir el camino de la fe en estos últimos días. Nos



regocijamos al ver a Dios obrando en gracia en la salvación de las almas, empleando Su preciosa



Palabra mediante todo aquel que la predique (Fil 1:18). Pero Dios quiere también que aquellos



que son Suyos <> (1 Ti 2:4). El camino de la obediencia 



a Su Palabra es el único camino seguro y verdaderamente dichoso, y en este camino, como



otro dijo: <>. Los caminos de la sabiduría <


caminos deleitosos, y todas sus veredas paz>> (Pr 3:17). La Escritura no nos dice que esperemos



un segundo Pentecostés, sino que conozcamos cómo actuar y cómo reunirnos al Nombre del



Señor Jesucristo en obediencia, ahora que la Cristiandad ha devenido en una gran casa con



<> (2 Ti 2:16-26). El Señor tuvo que 



decirle a Pedro, en una ocasión: <<¡Quítate de delante de mí, Satanás>> (Mt 16:23), mostrando



como incluso un verdadero y útil creyente puede ser extraviado y usado por el enemigo.



Que conozcamos lo que es gozar de nuestra porción en Cristo ahora, por el Espíritu,



teniendo, como dijo otro autor, corazones grandes (para amar a todos los verdaderos hijos de



Dios) y pies estrechos (para caminar en el estrecho sendero de la obediencia a la Palabra de



Dios) mientras esperamos aquel día dichoso en el que estaremos con Cristo en aquel glorioso



Hogar en las alturas. Entonces la iglesia será presentada <


mancha ni arruga ni cosa semejante>> (Ef 5:27). Todo lo que entonces verdaderamente contará



será tener Su aprobación en cuanto a nuestro caminar hacia la casa del Padre.



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